Otoño

Parece que oficialmente el otoño empieza mañana. Se acaba otra estación del año en este 2026 que sí puedo decir que ha sido bastante movido.

Normalmente, mis veranos son todo lo contrario a tranquilos. En esta ocasión, el verano 2026 se lleva la palma en cuanto a movimiento.

Está siendo un año de hacer cosas nuevas y, aquellas que no lo son, hacerlas soportando el estrés de tener que llevar a cabo varias cosas a la vez y tener la cabeza en miles de sitios.

El verano pasado terminé en Montemayor del Río con una afonía que me duró más de 15 días y, entre medias, una celebración en un fin de semana largo que merecía no dejar descansar la voz. También tuve una pérdida importante en mi grupo de amigos que creó que acrecentó que la afonía se quedara conmigo más tiempo del necesario.

Pero este verano… ¡Ay, este verano! Este verano ha sido mucho cansancio mental, más que físico. He tenido que dar mi brazo a torcer y sentarme, no con tranquilidad, a estudiar unas oposiciones «de lo mío». Y ya que he pillado el turbo, pues no sólo unas, sino dos más me llevaré antes de que acabe el año.

Estudio, trabajo, búsqueda de trabajo, comeduras de tarro personales… Entre medias de todo esto, una sigue buscando ratitos para escribir. La verdad que no tantos como yo quisiera, pues tengo dos historias (ensayo y novela) a medias de escribir y con ganas de acabar el proyecto gordo (o tocho); pero la vida de una persona adulta es lo que tiene. El tiempo es limitado y las 24 horas del día dan para lo que dan, por tanto, hay que priorizar. Y, en estos momentos, lo que va primero es la salud y las oposiciones.

Lo cierto es que salud y oposiciones en la misma frase o en el mismo período de tiempo no se llevan bien. Lo digo por experiencia.

Bueno, que lo que quería decir yo en este post es que sigo por aquí, que podéis curiosear mi blog leyendo post antiguos o fisgonear lo que cuento sobre mí y mis publicaciones variadas.

Trataré de seguir dando guerra a través de la escritura porque, como me ha dicho esta semana un amigo: «mi arma es la palabra».

Queridas y queridos, nos seguimos leyendo.

La magia del verano

«La magia del verano» es mi primera novela de ficción publicada (autopublicada en Amazon).

Todo comenzó de la manera más tonta: escribiendo tres historias a la vez, dejando de lado el «proyecto tocho» a la espera de buscar una herramienta que me ayudará a pasar a texto las entrevistas realizadas.

Tengo una amiga escritora, Miriam, que me metió los perros en danza para que mandará a un concurso literario (que obviamente no gané). Entonces, «La magia del verano» en realidad no es la primera parte, sino que es la tercera, en realidad, de una historia que empezó con publicaciones semanales, en diciembre de 2024, en el diario digital salmantino Noticias Salamanca.

Me piqué a mí misma, y, en el verano del 2025, en las tardes solitarias en Béjar, empecé la continuación de las dos estaciones anteriores que se convirtió en una pequeña novela (en tamaño) para todos los públicos y que publiqué en pleno invierno.

Aunque ya he hecho dos presentaciones en Salamanca (Espacio Lunático y la Casa de la Mujer «Clara Campoamor»), «La magia del verano» sale de las fronteras salmantinas para irse a la costa valenciana, a la costa gallega y al centro de este Estado.

No sé cómo saldrá la cosa. Me enorgullezco de ser bruja, pero, en ocasiones, la bola mágina no me funciona. Lo que sí sé es que iré con mucha emoción, con ilusión y con ganas de pasar un rato agradable hablando de libros, de ilusión, de escribir y, sobre todo, de magia.

¿Os veré en alguna de estas presentaciones?

El libro lo podéis adquirir en Amazon o en alguna de las librerías que ya he publicado en mis redes sociales:

  • El Lazarillo de Tormes (Albal, Valencia)
  • Espazo Nobel (Vilagarcía de Arousa, Pontevedra)

Identidad

Las cosas cambian. Lo sé. Es algo que está bien y es necesario. No lo pongo en duda, al contrario, estoy totalmente de acuerdo.

Pero, en ocasiones, esos cambios no aportan nada, no provocan mejoras, sino que consiguen que se pierda la identidad.

Según la RAE, la identidad es el conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracteriza frente al resto. Es la conciencia que una persona o colectividad tiene de ser ella misma y distinta a las demás.

La identidad cultural es el conjunto de manifestaciones socio-culturales (creencias, tradiciones, símbolos, costumbres y valores) que provee a las personas que conforman una comunidad de un sentido de pertenencia y comunión con sus pares. Es una forma de identificación colectiva.

¿Por qué cuento esto?

Este viernes santo volví a madrugar, después de tres años, para acompañar en la salida de la procesión de nuestra madrugá a la cofradía a la que había pertenecido durante años, de la cual me desvinculé hace unos veinte. A pesar de ello, sigue formando parte de mi historia de vida y tengo gratos recuerdos, además de muchas anécdotas que recordar y contar.

Tres años sin verla, recordaba. De hecho, mucho más tiempo sin participar del silencio, el recogimiento y la belleza de algunas de las procesiones de mi ciudad.

Yo digo que tengo un trauma. Aunque también puede ser que todo evolucione y que mi tiempo ya pasara.

Pero este viernes acompañé, volví a revivir, lloré de emoción y asistí, perpleja, a esa deriva que está tomando y que hace que la identidad de parte de nuestra cultura se esté perdiendo.

Sobriedad, silencio, respeto. Creo que son algunas de las características que podrían definir a nuestra madrugá y que he comprobado, este año, que se pierde.

No creo que sea tanto una cuestión de fe, como una cuestión de la pérdida de la identidad por tratar de parecerse a la Semana Santa de alguna ciudad que está más al sur de nuestro territorio peninsular.

Nunca había visto tanta mantilla junta, tanta mujer joven con tacones imposibles para andar durante 5 horas por calles unas veces empedradas y otras asfaltadas.

Pérdida de cofrades que acompañan a las imágenes que han extraviado la sobriedad castellana y que fluctúan entre el oro y la plata, tratando de copiar a otras zonas más folclóricas.

Tallas de siglos que sufren percances semanas antes de salir en procesión y que tienen que guardar reposo para ser restauradas y que vuelvan a lucir lustrosas y magníficas lo más pronto posible.

Pasos cortos y palios que se mueven de forma desvencijada, provocándome una congoja aun sabiendo que no se saldrán del sitio y que todo seguirá el orden marcado.

Pasos cortos como un baile agotador al compás de una música que no hace justicia a una imagen que ha perdido el verdor característico, dejando transitar a un mar de plata que inunda todo el paso.

Pasos cortos y parones interminables que hacen que el recogimiento se salte por la pesadez de la espera.

No perdamos nuestra esencia, aunque evolucionemos.

Recomendación musical: “La saeta” interpretada por India Martínez

Revictimizadas

En febrero de 2020, quince días antes de la pandemia que nos marcó, salió publicado mi libro Revictimizadas: migrantes y víctimas de violencia de género.

Cinco largos años después, sigo moviéndolo por distintas partes de España, acudo a aquellos lugares donde me llaman o con los que contacto directamente yo.

Esto es como el anuncio aquel: «Yo soy Juan Palomo. Yo me lo guiso, yo me lo como».

Creo que sobre publicación de libros, editoriales, procesos, etc. hablaremos en «Café con letras», en el programa de radio «Las que faltaban» de Radio Oasis. Si no sabes de qué estoy hablando, entra en Ivoox y busca el programa. Seguro que no te defrauda.

Pero vuelvo a Revictimizadas.

Hay ocasiones en las que soy yo quien se pone en contacto con una entidad, una librería, una persona a la que pedir ayuda para poder ir a un pueblo o ciudad a hablar de migración y violencia de género. Pero, a veces, son las entidades, personas quienes se ponen en contacto conmigo.

Me ha pasado con ACCEM Oviedo y, este mes de septiembre, me ha vuelto a pasar.

Resulta que no hay gente (o pocas personas) que una estos dos temas: migración y violencia de género.

Ahí es cuando mi libro entra en acción.

Las redes sociales pueden tener cosas negativas, pero yo quiero resaltar las positivas: acercar a personas que viven a kilómetros de distancia, que no se conocen en persona, pero que tienen puntos de unión.

Pues a través de una red social se puso en contacto conmigo Begoña, de la asociación de republicanos de Rocafort. Querían hacer una actividad en torno al 25N (Día Internacional contra la Eliminación de la Violencia contra la Mujer) y, después de intercambiarnos mensajes y hablar por teléfono, me voy en unos días a conocer Rocafort y mantener una charla distendida con toda aquella persona que se quiera pasar por allí para oírme hablar de mi libro (como decía Paco Umbral hace años) y quiera reflexionar sobre estos temas.

Yo voy con la humildad de saber que aún tengo que aprender, aunque hay personas que me presenten como «experta en…». Sigo sin creerme que yo puedo ser experta en algo. Aunque esto me lleve collejas y malas caras por ese síndrome de la impostora que revolotea a sus anchas a mi alrededor.

Pero mi libro, mi humildad, mi saber (unido al estudio y el repaso) y yo vamos, encantadas, la próxima semana a charlar amiga y animadamente con la gente que quiera asistir el jueves 13 a las 19.00 en el Nou Espai a la presentación y charla de Revictimizadas.

Allí podemos vernos, hablar y, también, podéis comprar mi libro si os apetece y queréis profundizar en estos temas.

Os espero. Si no podéis asistir, también podéis compartir el cartel e invitar a vuestras amistades.,

Free Palestine

N. ha ido a la ONU y varias personas representantes de distintos países se han levantado dejándolo con un palmo de narices.

N. tiene la caradura de, en la franja de Gaza, poner vehículos con altavoces para que su discurso sea escuchado por la población que queda allí.

N. impide la entrada de ayuda humanitaria y las personas que quedan en Gaza no tienen alimento que llevarse a la boca.

La situación es tan insostenible, que Médicos del Mundo ha abandonado el territorio por seguridad ante el ataquel indiscriminado por parte del ejército de N.

N. tiene tanto «miedo» que es capaz de mandar drones a atemorizar a una flotilla compuesta por personas de diferentes países que quieren llevar ayuda a quienes sobreviven como pueden en los territorios bombardeados por N.

Pero N. siempre va impoluto en sus apariciones, con un traje, bien peinado y, parece, biena alimentado.

A veces pienso que hemos vuelto a la Edad Media o se está haciendo realidad el juego del Risk que mencionaba Tontxu en una de sus canciones más populares, pero, en esta ocasión, salimos del tablero y se usan drones, bombas, tanques, etc.

Tengo que decir que cualquier tipo de violencia será condenada por mi parte.

No soy capaz de entender que los conflictos, del tipo que sean, deban ser resueltos a través del ejercicio de la violencia. Habría que buscar otras maneras de solucionar los problemas que surjan.

Habría que trabajar por erradicar el egoísmo y las ansias de poder, de querer más a costa, en este caso, de la vida de personas.

Doy gracias por haber nacido donde lo he hecho, por vivir donde vivo (sobre vivienda ya escribiré). Pero, a pesar de esto, no puedo mirar hacia otro lado, porque sigue doliendo.

¿Qué puedo hacer yo?

Exigir a quienes pueden hacerlo, que actúen con mano firme, alzar la voz por todas aquellas personas que intentan sobrevivir en un lugar devastado, dar visibilidad a aquellas que están a pie de campo tratando de ayudar, de apoyar…

No, no podemos mirar hacia otro lado.

Lo que le ha pasado a N. en la sede de la ONU tiene que repetirse de nuevo, pero a gran escala. Un aislamiento global firme. Un cordón de ayuda.

Aunque pensemos que no podemos hacer nada, ya lo decía Eduardo Galeano: personas pequeñas, en lugares pequeños, pueden hacer grandes cosas.

Las que faltaban

«Las que faltaban» son todas aquellas que lucharon y vencieron, porque, aunque a ojos de otras personas no lo hicieran, sí es cierto que consiguieron mucho más de lo que nos pensamos y es una victoria.

«Las que faltaban» son las mujeres del pasado y del presente a las que silenciaron o a las que tratan de silenciar, ocultar su trabajo, sus logros.

«Las que faltaban» son las mujeres que se dedican a la cultura en todas sus vertientes, al deporte en todas su variantes, a la ciencia, a la enseñanza, a ocuparse de la casa propia y ajena, son las madres, las abuelas, las tías, las amigas, las hermanas de aquí y de allá, …

«Las que faltaban» somos todas y cada una de nosotras.

«Las que faltaban» vuelve en su tercera temporada para seguir dando voz, para seguir haciendo reflexionar y para cuestionar todo y nada.

Empezamos el viernes 10 de octubre a las 18.00 en Radio Oasis, la radio comunitaria salmantina.

Ya estamos confirmando participantes para ser entrevistadas. También continuaremos con «el rincón de Sole» donde Soledad Murillo hará su particular reflexión sobre el tema que tratemos en el programa. Y habrá alguna que otra novedad. Todo ello aderezado por música.

No os lo podéis perder.

Avisad a vuestra amiga, a vuestra vecina, a vuestra madre… Todas y todos seréis bienvenidas.