Aunque no lo creas

Las relaciones interpersonales son complicadas. De verdad que lo son. Aunque a veces pienso que somos nosotras quienes las complicamos.

En la niñez, somos inocentes y verdaderamente personas auténticas, sin filtro. Esa ausencia de un filtro y una moderación nos hace seres auténticos.

Según vamos creciendo, complicamos las cosas de una manera desproporcionada. Parece que nos ponemos una coraza en la que tienen que resbalar los sentimientos y las opiniones del resto de personas. Lo único importante somos nosotras.

Las relaciones con la familia, con las amistades, en el centro educativo, en el entorno laboral después…se suelen convertir, en ocasiones, un auténtico campo de minas. Cuidado con lo que dices, con lo que haces, cómo lo dices, cómo lo haces… si no quieres que te señalen y te hagan el vacío. Si te apartas de lo «normal», si eres demasiado ruidosa mal, si pasas desapercibida nadie te tendrá en cuenta, si sobresales te apartan…

De las relaciones en el trabajo voy a hablar.

Pensamos que el acoso únicamente se da en el centro educativo por iguales y pasamos de largo cuando se produce en la edad adulta o, al menos, casi ni lo tenemos en cuenta. La carga mental para quien sufre acoso en el entorno laboral es muy pesada.

El acoso laboral, o mobbing, consiste en realizar acciones ofensivas o humillantes contra una persona trabajadora de forma continuada en el lugar de trabajo. Esta acción es considerada un delito en nuestro país y, por eso, se encuentra regulado en el art. 173.1 del Código Penal:

1. El que infligiera a otra persona un trato degradante, menoscabando gravemente su integridad moral, será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años.

Con la misma pena serán castigados los que, en el ámbito de cualquier relación laboral o funcionarial y prevaliéndose de su relación de superioridad, realicen contra otro de forma reiterada actos hostiles o humillantes que, sin llegar a constituir trato degradante, supongan grave acoso contra la víctima.(…)

La Organización Internacional del Trabajo define el acoso laboral estableciendo que es la acción verbal o psicológica de índole sistemática, repetida o persistente por la que, en el lugar de trabajo en conexión con el trabajo, una persona o un grupo de personas hiere a una víctima, la humilla, ofende o amedrenta. 

Las principales características del acoso laboral son las siguientes:

  1. Sistemático y prolongado en el tiempo. Se suele considerar acoso laboral cuando se ejerce la violencia una vez por semana, mínimo, durante más de 6 meses.
  2. Existencia, al menos, de dos actores: la persona acosadora o grupo y la víctima o víctimas.
  3. Conductas acosadoras: destruir la reputación y relaciones sociales de la víctima e impedir el desarrollo de sus tareas para que finalmente abandone el lugar de trabajo.
  4. Está relacionado con la posición que ocupa la víctima en la organización. De esta forma, puede ser vertical u horizontal, si el acosador está en otra posición jerárquica o es un par de la víctima.
  5. Proceso. Atraviesa varias fases desde que se desata el conflicto hasta que la víctima es marginada o excluida de la empresa.
  6. Con efectos psicológicos, físicos y sociales. En la actualidad es considerado un problema de salud pública.

Podemos enumerar una seria de conductas que son las más típicas a la hora de realizar el acoso laboral:

  • Cambiar las condiciones de trabajo, manipular datos o información, no proporcionar útiles o herramientas, cambiar las tareas.
  • Ridiculizar o hacer correr rumores sobre la víctima.
  • Mobbing: no dirigirle la palabra al compañero o subordinado en el trabajo, confinar, destinarlo a oficinas o sectores alejados de los demás integrantes del equipo, ejercer violencia psicológica, “hacer el vacío”. Hay a su vez distintos tipos de mobbing:
    • Disciplinario: cuando se aplica la política del miedo al despido o la sanción.
    • De gestión o dirección: para conseguir una mayor productividad.
    • Estratégico: para conseguir una renuncia o la aceptación de una menor indemnización por despido.
  • Bossing. Hay un único acosador que es la autoridad jerárquica del sector, ya sea un gerente, jefe de equipo, encargado de obra.
  • Acoso moral. Es una forma de acoso muy sutil, que actúa sobre el estado de ánimo de la víctima.

Quienes ejercen el acoso, de forma deliberada o no, consideran que no están haciendo nada malo. Pero no son consciente del perjuicio que están ocasionando a quien sufre esas acciones. Juegan, sin saberlo, con lo difícil que es demostrar el daño psicológico y emocional causado. Además, también se valen de la poca implicación del resto de compañeras y compañeros a la hora de denunciar situaciones de acoso y apoyar a quien está siendo víctima del acoso.

Son acciones que no pueden quedar impunes. Pero, en primer lugar, la víctima tiene que hacer un ejercicio previo para recabar las pruebas y fortalecerse psicológicamente para el proceso que se iniciará.

Para terminar, comparto un corto que me parece muy bueno para poner un ejemplo del tipo de acoso que se suele producir. En este caso se realiza en la entrevista de trabajo: https://www.youtube.com/watch?v=2FESGj3pYWA

Tabú y baja laboral

Hace un mes, más o menos, empecé a colaborar con un medio digital salmantino https://noticiassalamanca.com/

La verdad es que no sabía muy bien de qué escribir. Me resultaba extraño y, por otra parte, halagador, que se pusieran en contacto conmigo para colaborar con artículos en un medio de prensa gracias a lo que escribo en este blog. El inicio fue hablar de mi libro https://noticiassalamanca.com/cultura/revictimizadas/

Y ese fue el principio de algo que salió de forma natural. En cada uno de los artículos publicados, en diferentes apartados del diario digital (cultura, salud, firmas…) he recomendado, de forma sutil, un libro. No hago distinción de ningún tipo. Se puede tratar de un libro infantil, de un libro recomendado para la edad adulta o de un o dos libros juveniles. Escribo sobre algo en particular y, al final, plaf, tienes el título del libro y quién lo ha escrito. Poesía, novela, álbum ilustrado, libro didáctico… Todo depende de la inspiración que tenga para escribir, de lo que me salga de lo más profundo.

Al hilo del artículo publicado la semana pasada https://noticiassalamanca.com/salud/roja/ quiero seguir ahondado, un poquito, en el tema.

«Roja». Alguna persona me dijo que si iba con segunda intención el título. Yo respondí que puede que sí, o que tal vez no. Cada cual que piense lo que quiera. Pero el eje central del artículo de opinión es hablar de la menstruación, la regla, la «prima» que viene una vez al mes… Distintos nombres le otorgamos a este hecho natural que sufrimos las mujeres una vez al mes desde que nuestro cuerpo decide anunciarnos que ya somos fértiles, que ya estamos lo suficientemente desarrolladas para pasar al siguiente nivel.

Me vais a perdonar la expresión, pero es que menuda jodienda es la cosa. Tu cuerpo cambia, te duelen partes del cuerpo que habían permanecido calladas durante algunos años, tienes que estar pendiente de las señales que te mandan, tienes que aprender a usar productos íntimos, nadie te explica, concienzudamente, los cambios que vas a sufrir en tu cuerpo y en tu mente… De camino de rosas, nada de nada. Alegría, la justa.

Y ahora, en pleno siglo XXI, seguimos ocultando, en muchas ocasiones, lo que nos pasa y no lo mostramos como algo natural.

No es así porque hay risas nerviosas, risas perniciosas y, a veces, acusadoras, cuando se habla de algo tan natural como es la menstruación o la regla. En este siglo en el que nos encontramos, hablar de cosas relacionadas con nuestro sexo, con nuestro aparato reproductor, con nuestro cuerpo, produce sonrojo, titubeos y malestares.

Tuve que escuchar, esta semana, a mi sobrina mayor madrileña, con cara incrédula, decir que sus compañeros de clase ya hablan de berenjenas, y no se refieren a la verdura, y emplean «almeja» para insultar. ¿Dónde quedó esa inocencia a los 10 años?

Y ahora, con esto del reconocimiento de la baja laboral por la regla (dolores menstruales horrorosos, para que algunas personas lo entiendan), ya han salido a la palestra los ilustrados de turno opinando sobre el cuerpo de la mujer, las consecuencias de la regla en ellas y considerando que más de una y de dos se van a beneficiar de esos 3 días sin trabajar.

Siempre he oído decir que si los hombres tuvieran que parir a dolor vivo, sin epidural, otro gallo nos cantaría. Pues con la regla igual. Si tuviesen que soportar, mensualmente, varios días, los dolores que algunas mujeres sufren (yo tengo la suerte de que esos dolores sean llevaderos normalmente) y que las obligan a quedarse en la cama, acudir a urgencias dobladas, etc. ¿Qué dirían? ¿Qué exigirían?

Pedirte una baja no es tan sencillo como nos quieren hacer creer. No es algo baladí. Tienes que tener un parte médico que lo prescriba. Tiene que haber un informe médico (con lo difícil que es diagnosticar determinadas enfermedades o patologías y, sobre todo, a las mujeres) que determine que sufres fuertes dolores menstruales que te incapacitan para desempeñar una labor.

Vamos a ver, señoros, que esto no es jauja. Que no todo el mundo se vale de la picaresca para pasar unos días en casa. Que ya está bien de criticar, juzgar y opinar sobre todo lo relacionado con las mujeres y su cuerpo, sus enfermedades, sus dolencias, sus querencias, sus deseos y sus placeres.

Poseemos los mismos derechos que ustedes, mas que les pese. No tenemos que cargar con mochilas que no nos corresponden. Si las cosas se pueden hacer más sencillas, adelante, hagámoslo. Pero no nos hagan pagar un peaje que es realmente injusto.

¿Por qué les molesta tanto? ¿Cuál es el motivo que les lleva a desprestigiar y malmeter, a opinar sobre lo que no conocen y no afecta a su cuerpo, a su día a día? ¿Les molesta que, poco a poco, pero de forma segura, sigamos alcanzando, consiguiendo derechos y reconocimientos que se pensaban que sólo eran suyos? ¿Tanto les molesta que, por una vez, las mujeres ocupemos el espacio central del escenario? Creo que deberían hacerse mirar, concienzudamente, ese egocentrismo tan desmedido que les acompaña desde tiempos inmemoriables. Que no son el ombligo del mundo y, quizás, creerse que sí lo son es el verdadero problema.

Migra…¿qué?

A algunas personas les salen sarpullidos cuando se trata de hablar sobre personas que vienen de otros países a residir en España.

Migración. Inmigrantes. Migrantes. Exiliados. Refugiados. Migración.

Cuidado, hay clases y clases. Tipos y tipos de personas que se desplazan por el mundo. Hay la clase A (vienen a dejar dinero a nuestro país), clase B (estudiantes), clase C (vienen a robarnos, a quitarnos a nuestras mujeres, a quedarse con nuestro trabajo) y la clase D (quienes saltan la valla y/o vienen en pateras). Así, a grandes rasgos.

Por otro lado, nos resulta gracioso, entrañable, pensar en Paco Martínez Soria en una de sus películas en blanco y negro, cuando llegaba a la gran ciudad, Madrid, proveniente del pueblo en «La ciudad no es para mí».

Eso es una película. Una ficción. ¿O tal vez no?

Se nos olvida que nuestros abuelos (y algunas abuelas) marcharon hace años de nuestro país escapando de la guerra o huyendo de una guerra que, en cierto modo, no iba con ellos. Querían trabajar para obtener dinero que enviar a sus familias que quedaron en España y que pasaban mucha hambre.

¿Se distancia mucho de lo que pretenden las personas migrantes que llegan a nuestro país? Yo creo que no. Lo que sucede es que es nuestro país el que recibe población. Se nos olvida que hay mucha juventud que marcha a otros países porque aquí no encuentran trabajo «de lo suyo» y en países de Europa se los rifan, se puede decir que literalmente, porque tienen unos estudios y una formación que escasea en esos países. Pero nuestra juventud está en el extranjero. Es algo positivo.

Sobre Migración y Migrantes son los tres libros que os recomiendo.

Uno ya lo conocía. Lo vi en la Librería Mujeres (Madrid) al poco de salir publicado. Sus ilustraciones no necesitan palabras. «Migrantes» es un libro que, si tienes un poco de sensibilidad y mente abierta, te remueve por dentro sin necesidad de frases que expliquen lo que estás viendo. También considero que es un libro para personas adultas y que, si lo ven menores, tiene que ser acompañadas/os de un persona «mayor» para entablar un diálogo.

Lo bueno de crear lazos con la bibliotecaria, es que te recomienda libros aunque tú no lo pidas. Te conoce, literariamente hablando, y sabe qué necesitas en cada momento.

Esto sucedió con los otros dos libros que acompañan a «Migrantes».

«Caja de cartón» habla de esa migración que determinadas personas no quieren. Trata la historia de una madre y de su hija, del trayecto que realizan en un barco/patera que se hunde, de cómo llegan a las costas, del apoyo y la red que crean con otras/os migrantes y de cómo la ignorancia hace que se repudie a lo diferente.

«Un largo viaje» nos hace un símil con las migraciones de las aves. Mientras ellas huyen del frío hacia el Sur del Planeta, un grupo de personas huyen del calor del Sur y buscan el «frío» del Norte. Pero el viaje es totalmente distinto.

Estos libros son para leer en compañía, para dialogar, para cuestionar, para reflexionar. Para entender primero la parte adulta y que después pueda responder a las preguntas que las/os peques les puedan hacer.

Migración. Es eso que lleva sucediendo desde hace millones de años. No lo olvidemos.

Incendiaria

Mi hija me regaló un Pulpo pop-it para que, en los momentos de estrés, le dé a los puntitos para desestresar y «no la líes, mamá». Me llamó incendiaria.

No entiendo el motivo. Yo sólo expresé en redes sociales una idea, un sentimiento que me generó las elecciones autonómicas. Ni más más, ni más menos.

Incendiaria.

Como si hubiera salido a la calle a quemar contenedores. O me hubiera quitado el sujetador en medio de la calle y le hubiese prendido fuego.

Tengo el alma hippie, pero, de momento, no llego a tanto.

Sí es cierto que hay determinadas situaciones que me remueven demasiado por dentro y que me provocan malestar, ganas de llorar a mares (que lo hago), ganas de alzar la voz y gritar, de quitar de un manotazo a quien está dejando hacer cosas que entiendo que son inhumanas, malvadas y poco coherentes.

Ayer presenté el libro en mi barrio, en la biblioteca de La Vega. En este barrio de casitas blancas que tan buenos recuerdos me trae: fiestas en septiembre bailando, rotura de dedo por culpa de unos petardos, noches de verano de confidencias,…

Iba con miedo por si no iba gente. Sabía de personas de mi entorno que al final no podrían ir. Pero las expectativas se cumplieron con creces. Lo de la venta de libros ya es otra historia. Por lo menos estuvimos casi dos horas conversando (y porque corté). Intenté responder a todas las preguntas que me hicieron, dar información veraz y auténtica, cuestionar…

Incendiaria.

Fijo que eso me hubiese dicho mi hija (toda preocupada porque no fuera gente) si me hubiese escuchado contestar a la pregunta sobre PP-VOX en Castilla y León.

Sí. Lo siento. Pienso que lo tenemos jodido todas las personas que nos dediquemos a lo social con este binomio en el poder autonómico. Pienso que vamos a retroceder muchos pasos en materia de igualdad (en todos los aspectos) en los próximos 4 años. Es mi sentimiento y creo que no me voy a equivocar, desgraciadamente.

Por mucho que digan que la igualdad no se toca. Es la primera moneda de cambio cuando quieren agarrarse con firmeza al asiento de gobierno. Les ha faltado poco. Y se siguen jactando que durante su gobierno (35 años llevan y lo que te rondaré morena) se ha aumentado la partida presupuestaria para los temas de igualdad. Lo que no dicen es que previamente, estos temas, habían sufrido un recorte presupuestario que aún no se ha recuperado, que no cierran centros de emergencia para las mujeres que sufren violencia de género, que no hay recursos suficientes en los pueblos, en el medio rural, que no se destinan recursos económicos ni humanos para trabajar, de forma transversal, la igualdad, que siguen ahogando económicamente y exigiendo a las entidades del tercer sector para ponerse medallitas…

Incendiaria. Sí, lo soy. Porque como dice mi «jefa» en Cruz Roja: soy una abogada (licenciada en Derecho más bien) que le mueve más lo social que lo jurídico.

En el siguiente link podéis leer un resumen que ha hecho Nati Cabezas sobre la presentación de ayer en la biblioteca municipal del Barrio de La Vega: https://www.quitalamordaza.com/2022/03/raquel-lopez-merchan-nos-presenta-su.html

Recordatorios

Normalmente, los recordatorios que te envía Facebook te hacen evitar varios apuros: que se te olvide una cita a un evento cultural, que no recuerdes felicitar a algún familiar o amistad cercana… Cosas de este estilo.

A veces, incluso, te hacen unas composiciones «muy chulas» de recuerdos fotográficos que, desde la aplicación, creen que te gustaría recordar y volver a compartir.

¡Qué considerado es Mark (y su equipo de trabajadores y trabajadoras)! ¡Cómo se preocupa de tener contenta a las personas que usamos Facebook!

Esta mañana, cuando me he despertado, como siempre, he quitado el «modo avión» del móvil y he dejado que las diferentes notificaciones entren y entren y entren…

He seguido con mi rutina matinal que incluye el volver a pensar que podía ser domingo.

He regresado a la habitación, he cogido el móvil y ahí estaba la notificación de Facebook. Pero el recuerdo de hoy no era alegre, emotivo… Al contrario, era uno de esos recuerdos que duelen en el alma, aunque hayan pasado ya algunos meses.

Hoy hubiese cumplido 70 años «el piojoso». Este hombre cabezón, con genio a más no poder, pero cariñoso, atento, con manos como las de su padre (mi abuelo) que te transmitían todo el cariño y el amor que te sentía y que comenzaron a trabajar la piedra como antaño hacía su padre.

Hoy Facebook es cruel porque me recuerda que no podré llamarle y no podré escuchar su voz metiéndose conmigo, con ese tono de voz tan característico, y llamándome «piojosa», para luego ponerse serio y empezar a preguntar cómo estoy (realmente) y cómo está su hermana, de verdad de la buena, sin endulzar. No volveré a escuchar la pregunta que siempre me hacía: ¿y cuándo vienes a Madrid, hija?

No, ya no podré escucharle, mantener esas conversaciones largas y profundas con él, ya no le podré escuchar sus anécdotas presentes y pasadas, ya no me contará sus planes de viajes, de cuando venga a Salamanca…

Nos lo quitaron demasiado pronto. Y, aunque tuvimos meses de aviso para prepararnos, no pudimos hacerlo, porque no te puedes preparar para la marcha de alguien joven.

Hoy es día para el recuerdo. Para dejar escapar las lágrimas, pero para que vuelvan a la mente todos esos buenos momentos vividos a lo largo de los años. Y dar las gracias por esas vivencias, por compartir tanto, aunque siempre nos parezca poco.

Hoy, odio Facebook.

Expresión

Expresión. Del latín expresssio, expressionis. Según nuestro diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, consiste en la acción de expresar.

Expresar. Del latín expreso. Claro. Manifestar con palabras, miradas o gestos lo que se quiere dar a entender.

A parte de este órgano tan «avanzado» en nuestro tiempo, tan progresista y para nada machista (a ver, momento de sarcasmo en modo ON), la acción de expresar un pensamiento, idea, opinión, aparece recogido en nuestro texto constitucional, reconociéndolo como un derecho que tenemos todas las personas que residimos en este, nuestro país, llamado España (dando igual si haces alarde o no de la bandera y del punto del país donde vivas).

Artículo 20 de la Constitución Española.

Es cierto que, como comúnmente se suele decir, ríos de tinta se han escrito en relación con el, tan manido, derecho a la libertad de expresión. Incluso algún famosete se ha visto entre rejas o ha emigrado a otro país por ampararse en este derecho y parte de la humanidad sentirse dolida por las declaraciones realizadas criticando algún hecho social o a algún organismo o representante gubernamental.

¿Dónde se encuentra el límite? ¿Dónde posicionamos esa delgada línea entre el derecho a la libertad de expresión y el derecho al honor y a la imagen?

No me voy a meter a hacer un análisis legal ni jurídico porque no me va mucho y éste no es el espacio. Esta labor se la dejo a otros u otras lumbreras que saben muchísimo más que yo de leyes. (A ver, aquí otro momento de ironía y sarcasmo porque normalmente quien opina no tiene ni idea del asunto).

Nunca pensé que mis ideas, pensamientos (que cada vez son más claros y profundos) y expresarlos abiertamente en público y en redes sociales me llevaría a una nueva visita a la oficina de empleo. Además, teniendo en cuenta que en ningún momento he expresado (bueno, ahora sí lo voy a hacer, pero a modo de ejemplo, no para llevarlo a la práctica) que ante determinados acontecimientos deberíamos salir a las calles, tomarlas por la fuerza y quemar contenedores y quitarnos los sujetadores como modo de mostrar nuestro rechazo y hacer frente a la opresión que llevamos años viviendo, pues no veo nada malo en mostrar mi descontento con lo que sucedió el domingo en mi comunidad autónoma. No. Esta forma no va conmigo. Quiero decir, la violencia no la contemplo como forma de conseguir las cosas. Soy anti-violencia. «Haz el amor y no la guerra».

Vamos a ver, queridas y queridos, que lucho desde hace años a favor de la igualdad y CONTRA cualquier clase de violencia que sufrimos las mujeres (física, sexual, psicológica, económica, contra nuestro cuerpo, etc., etc.), CONTRA el acoso escolar en cualquiera de sus formas, CONTRA el acoso sexual, laboral, etc. Me pone nerviosa y me llena de rabia cualquier tipo de violencia, cualquier muestra de superioridad y de abuso de poder. Me hierve la sangre a grados inimaginables.

A medida que he ido estudiando (sigo estudiando y formándome, a mi edad, porque no doy nada por supuesto y aprendido) e investigando, he tenido más clara cuál debería ser mi posición en esta sociedad ante determinados acontecimientos y situaciones.

Hay quien me define como una abogada (que no, que no ejerzo, soy licenciada en Derecho) humanista, a la que le mueve, por encima de todas las cosas, lo social (que no socialista, ojo). Ahí estoy yo cuando me necesitan dando apoyo, consejo y acompañando. Así entiendo yo que debe ser la sociedad. Así entiendo yo que debe ser todo lo social. Me implico, le pongo pasión, responsabilidad, ilusión, ganas. Si no fuese así, es que no creería en lo que estaba haciendo y lo haría como una autómata. Y perdonadme, pero tengo sentimientos, no soy fría y calculadora.

En todos estos años, y gracias a mi tesis doctoral, me he vuelto muy crítica, reflexiva, observadora (ya lo era). Pero siempre para sumar, para construir, para crecer. En ningún momento para echar mierda y poner la zancadilla. Trabajo desde siempre en lo social, pero eso no quita que «quien me puede dar de comer» no se lleve un «zasca» cuando hay algo que sé a ciencia cierta que está haciendo mal o que va en contra del beneficio social de las personas que formamos la sociedad, pero, aún así, pueda seguir trabajando con «ellos» (masculino genérico porque en determinados puestos siempre son hombres) y negociando, aplicando la diplomacia humanitaria que me enseñaron que hay que tener. Diálogo, pero sin dejarnos avasallar.

Queremos un mundo mejor (o por lo menos yo), no se lo vamos a poner fácil a quienes nos «mandan». Como sociedad tenemos que estar ahí para recordarles que si están donde están, es porque nosotras lo hemos «decidido».

La que se nos viene encima en Castilla y León es para mantenernos muy expectantes y no echarnos para atrás ni una miejita. Por una vez el foco (hasta ayer) estaba en nuestro territorio. No sé el motivo por el cual quien «ganó» el domingo salía tan contento después del varapalo obtenido. En el pulso de egos que tomó, ha perdido. Quienes han salido reforzados son otros que dan mucho, mucho miedo. Nos está queda todo muy bonito. Pero aquí seguiremos, al menos yo, luchando día a día. Sin descanso. ¿Tú qué vas a hacer?