Inaceptable

Según la RAE, inaceptable significa «no aceptable». Cuando algo no se acepta, es que no se puede dar por bueno.

Bien. Pues después de que el diario deportivo Marca lanzara una edición esta semana en blanco y negro porque estaban en contra del racismo; esta mañana nos levantamos con una portada a todo color con un titular que dice: «el chantaje es inaceptable».

Lo que es inaceptable es el comunicado que publicó ayer la Real Federación Española de Fútbol. Ni la voy a reproducir, ni voy a poner las dos portadas de este diario deportivo a las que he hecho mención.

Es inaceptable que un grupo de mujeres, que no son ni 1 ni 2, sino ¡¡¡15!!! señoras y SEÑOROS, se planten y envíen un mail idéntico al máximo órgano de un deporte como es el fútbol, tan arraigado en esta nuestra cultura española.

Que el contenido del mail sea el mismo, en mi opinión, significa que se han unido las 15 jugadoras, lo han hablado, lo han reflexionado, se han asesorado suficientemente, lo han masticado, lo han gestionad y, de forma CONJUNTA, UNIDAS, han decidido ir todas A UNA y plantar cara, de forma firme y tajante, a un organismo MACHISTA que ha demostrado que no les interesa nada de nada lo que sucede en la selección FEMENINA de fútbol.

Este ejemplo lo he usado esta mañana en facebook y se lo he leído a compañeras, pero es que es un ejemplo muy gráfico y que, si tienes un poco de inteligencia, sólo un poquito, te das cuenta de la jugada que han realizado desde la Federación Misógina y Machista de Fútbol.

Vamos a imaginarnos a una delegación de una gran empresa. Este centro de trabajo tiene un grupo de 30 personas trabajadoras. Existe un jefe cuyas funciones son coordinar, organizar e incentivar al equipo, sacar el máximo rendimiento de su equipo. Desde hace algún tiempo, de forma individual o por pequeños grupos, las personas trabajadoras se quejan de la actitud del jefe, de las maneras de actuar, etc. Ante la pasividad de la gran empresa, un grupo de 15 trabajadoras decide reunirse y buscar soluciones. Al final, la única solución que encuentran es denunciar públicamente los comportamientos inaceptables del jefe y declararse en «huelga»: se niegan a acudir al centro de trabajo si ese jefe sigue en él.

Creo que este caso llegaría a la Inspección de Trabajo y Seguridad Social y se llevaría a cabo una investigación donde se tomaría declaración a todas las partes implicadas y, al finalizar dicha investigación, se llegaría a una resolución.

En esta situación, intuyo que la inmensa mayoría de la población estaría del lado del grupo de trabajadoras y señalaría a ese jefe déspota. Quizás sin escuchar, apenas, a las partes en conflicto.

Bien. Traslademos esto que he explicado de forma simple y sin muchas florituras al terreno de juego.

Esto es lo que ha pasado con la selección española de fútbol femenino. 15 jugadoras han plantado cara y se han posicionado de forma clara. Han decidido dejar de jugar, algo que deduzco que es su pasión y por lo que han luchado durante bastante tiempo, si sigue el entrenador.

La respuesta del máximo órgano del fútbol es deleznable, pero casi diría que es lo que se podía esperar siendo un órgano machista, hasta misógino quizás.

¿Qué no habrá pasado ahí dentro? Es muy dura y muy difícil la decisión que han tomado estas 15 jugadoras.

¿Qué podemos esperar de un órgano, y sus componentes, a los que les puede más el dinero que la lucha por la igualdad y deciden aceptar jugar en un país donde se trata tan tan mal a las mujeres? ¿Qué se puede esperar de un deporte y de un órgano donde se vive tanto racismo y homofobia (¿cuántos jugadores han «salido del armario»?)?

Lo que es inaceptable no es la posición que han adoptado las jugadoras, sino la aptitud tanto de la Federación como de la prensa deportiva y tertulianos.

Vamos a ser personas empáticas, pero, sobre todo, críticas de una vez por todas.

La ilustración que yo he llamado «Guerrera» es de la ilustradora salmantina María Simavilla.

Tabú y baja laboral

Hace un mes, más o menos, empecé a colaborar con un medio digital salmantino https://noticiassalamanca.com/

La verdad es que no sabía muy bien de qué escribir. Me resultaba extraño y, por otra parte, halagador, que se pusieran en contacto conmigo para colaborar con artículos en un medio de prensa gracias a lo que escribo en este blog. El inicio fue hablar de mi libro https://noticiassalamanca.com/cultura/revictimizadas/

Y ese fue el principio de algo que salió de forma natural. En cada uno de los artículos publicados, en diferentes apartados del diario digital (cultura, salud, firmas…) he recomendado, de forma sutil, un libro. No hago distinción de ningún tipo. Se puede tratar de un libro infantil, de un libro recomendado para la edad adulta o de un o dos libros juveniles. Escribo sobre algo en particular y, al final, plaf, tienes el título del libro y quién lo ha escrito. Poesía, novela, álbum ilustrado, libro didáctico… Todo depende de la inspiración que tenga para escribir, de lo que me salga de lo más profundo.

Al hilo del artículo publicado la semana pasada https://noticiassalamanca.com/salud/roja/ quiero seguir ahondado, un poquito, en el tema.

«Roja». Alguna persona me dijo que si iba con segunda intención el título. Yo respondí que puede que sí, o que tal vez no. Cada cual que piense lo que quiera. Pero el eje central del artículo de opinión es hablar de la menstruación, la regla, la «prima» que viene una vez al mes… Distintos nombres le otorgamos a este hecho natural que sufrimos las mujeres una vez al mes desde que nuestro cuerpo decide anunciarnos que ya somos fértiles, que ya estamos lo suficientemente desarrolladas para pasar al siguiente nivel.

Me vais a perdonar la expresión, pero es que menuda jodienda es la cosa. Tu cuerpo cambia, te duelen partes del cuerpo que habían permanecido calladas durante algunos años, tienes que estar pendiente de las señales que te mandan, tienes que aprender a usar productos íntimos, nadie te explica, concienzudamente, los cambios que vas a sufrir en tu cuerpo y en tu mente… De camino de rosas, nada de nada. Alegría, la justa.

Y ahora, en pleno siglo XXI, seguimos ocultando, en muchas ocasiones, lo que nos pasa y no lo mostramos como algo natural.

No es así porque hay risas nerviosas, risas perniciosas y, a veces, acusadoras, cuando se habla de algo tan natural como es la menstruación o la regla. En este siglo en el que nos encontramos, hablar de cosas relacionadas con nuestro sexo, con nuestro aparato reproductor, con nuestro cuerpo, produce sonrojo, titubeos y malestares.

Tuve que escuchar, esta semana, a mi sobrina mayor madrileña, con cara incrédula, decir que sus compañeros de clase ya hablan de berenjenas, y no se refieren a la verdura, y emplean «almeja» para insultar. ¿Dónde quedó esa inocencia a los 10 años?

Y ahora, con esto del reconocimiento de la baja laboral por la regla (dolores menstruales horrorosos, para que algunas personas lo entiendan), ya han salido a la palestra los ilustrados de turno opinando sobre el cuerpo de la mujer, las consecuencias de la regla en ellas y considerando que más de una y de dos se van a beneficiar de esos 3 días sin trabajar.

Siempre he oído decir que si los hombres tuvieran que parir a dolor vivo, sin epidural, otro gallo nos cantaría. Pues con la regla igual. Si tuviesen que soportar, mensualmente, varios días, los dolores que algunas mujeres sufren (yo tengo la suerte de que esos dolores sean llevaderos normalmente) y que las obligan a quedarse en la cama, acudir a urgencias dobladas, etc. ¿Qué dirían? ¿Qué exigirían?

Pedirte una baja no es tan sencillo como nos quieren hacer creer. No es algo baladí. Tienes que tener un parte médico que lo prescriba. Tiene que haber un informe médico (con lo difícil que es diagnosticar determinadas enfermedades o patologías y, sobre todo, a las mujeres) que determine que sufres fuertes dolores menstruales que te incapacitan para desempeñar una labor.

Vamos a ver, señoros, que esto no es jauja. Que no todo el mundo se vale de la picaresca para pasar unos días en casa. Que ya está bien de criticar, juzgar y opinar sobre todo lo relacionado con las mujeres y su cuerpo, sus enfermedades, sus dolencias, sus querencias, sus deseos y sus placeres.

Poseemos los mismos derechos que ustedes, mas que les pese. No tenemos que cargar con mochilas que no nos corresponden. Si las cosas se pueden hacer más sencillas, adelante, hagámoslo. Pero no nos hagan pagar un peaje que es realmente injusto.

¿Por qué les molesta tanto? ¿Cuál es el motivo que les lleva a desprestigiar y malmeter, a opinar sobre lo que no conocen y no afecta a su cuerpo, a su día a día? ¿Les molesta que, poco a poco, pero de forma segura, sigamos alcanzando, consiguiendo derechos y reconocimientos que se pensaban que sólo eran suyos? ¿Tanto les molesta que, por una vez, las mujeres ocupemos el espacio central del escenario? Creo que deberían hacerse mirar, concienzudamente, ese egocentrismo tan desmedido que les acompaña desde tiempos inmemoriables. Que no son el ombligo del mundo y, quizás, creerse que sí lo son es el verdadero problema.

Incendiaria

Mi hija me regaló un Pulpo pop-it para que, en los momentos de estrés, le dé a los puntitos para desestresar y «no la líes, mamá». Me llamó incendiaria.

No entiendo el motivo. Yo sólo expresé en redes sociales una idea, un sentimiento que me generó las elecciones autonómicas. Ni más más, ni más menos.

Incendiaria.

Como si hubiera salido a la calle a quemar contenedores. O me hubiera quitado el sujetador en medio de la calle y le hubiese prendido fuego.

Tengo el alma hippie, pero, de momento, no llego a tanto.

Sí es cierto que hay determinadas situaciones que me remueven demasiado por dentro y que me provocan malestar, ganas de llorar a mares (que lo hago), ganas de alzar la voz y gritar, de quitar de un manotazo a quien está dejando hacer cosas que entiendo que son inhumanas, malvadas y poco coherentes.

Ayer presenté el libro en mi barrio, en la biblioteca de La Vega. En este barrio de casitas blancas que tan buenos recuerdos me trae: fiestas en septiembre bailando, rotura de dedo por culpa de unos petardos, noches de verano de confidencias,…

Iba con miedo por si no iba gente. Sabía de personas de mi entorno que al final no podrían ir. Pero las expectativas se cumplieron con creces. Lo de la venta de libros ya es otra historia. Por lo menos estuvimos casi dos horas conversando (y porque corté). Intenté responder a todas las preguntas que me hicieron, dar información veraz y auténtica, cuestionar…

Incendiaria.

Fijo que eso me hubiese dicho mi hija (toda preocupada porque no fuera gente) si me hubiese escuchado contestar a la pregunta sobre PP-VOX en Castilla y León.

Sí. Lo siento. Pienso que lo tenemos jodido todas las personas que nos dediquemos a lo social con este binomio en el poder autonómico. Pienso que vamos a retroceder muchos pasos en materia de igualdad (en todos los aspectos) en los próximos 4 años. Es mi sentimiento y creo que no me voy a equivocar, desgraciadamente.

Por mucho que digan que la igualdad no se toca. Es la primera moneda de cambio cuando quieren agarrarse con firmeza al asiento de gobierno. Les ha faltado poco. Y se siguen jactando que durante su gobierno (35 años llevan y lo que te rondaré morena) se ha aumentado la partida presupuestaria para los temas de igualdad. Lo que no dicen es que previamente, estos temas, habían sufrido un recorte presupuestario que aún no se ha recuperado, que no cierran centros de emergencia para las mujeres que sufren violencia de género, que no hay recursos suficientes en los pueblos, en el medio rural, que no se destinan recursos económicos ni humanos para trabajar, de forma transversal, la igualdad, que siguen ahogando económicamente y exigiendo a las entidades del tercer sector para ponerse medallitas…

Incendiaria. Sí, lo soy. Porque como dice mi «jefa» en Cruz Roja: soy una abogada (licenciada en Derecho más bien) que le mueve más lo social que lo jurídico.

En el siguiente link podéis leer un resumen que ha hecho Nati Cabezas sobre la presentación de ayer en la biblioteca municipal del Barrio de La Vega: https://www.quitalamordaza.com/2022/03/raquel-lopez-merchan-nos-presenta-su.html

Expresión

Expresión. Del latín expresssio, expressionis. Según nuestro diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, consiste en la acción de expresar.

Expresar. Del latín expreso. Claro. Manifestar con palabras, miradas o gestos lo que se quiere dar a entender.

A parte de este órgano tan «avanzado» en nuestro tiempo, tan progresista y para nada machista (a ver, momento de sarcasmo en modo ON), la acción de expresar un pensamiento, idea, opinión, aparece recogido en nuestro texto constitucional, reconociéndolo como un derecho que tenemos todas las personas que residimos en este, nuestro país, llamado España (dando igual si haces alarde o no de la bandera y del punto del país donde vivas).

Artículo 20 de la Constitución Española.

Es cierto que, como comúnmente se suele decir, ríos de tinta se han escrito en relación con el, tan manido, derecho a la libertad de expresión. Incluso algún famosete se ha visto entre rejas o ha emigrado a otro país por ampararse en este derecho y parte de la humanidad sentirse dolida por las declaraciones realizadas criticando algún hecho social o a algún organismo o representante gubernamental.

¿Dónde se encuentra el límite? ¿Dónde posicionamos esa delgada línea entre el derecho a la libertad de expresión y el derecho al honor y a la imagen?

No me voy a meter a hacer un análisis legal ni jurídico porque no me va mucho y éste no es el espacio. Esta labor se la dejo a otros u otras lumbreras que saben muchísimo más que yo de leyes. (A ver, aquí otro momento de ironía y sarcasmo porque normalmente quien opina no tiene ni idea del asunto).

Nunca pensé que mis ideas, pensamientos (que cada vez son más claros y profundos) y expresarlos abiertamente en público y en redes sociales me llevaría a una nueva visita a la oficina de empleo. Además, teniendo en cuenta que en ningún momento he expresado (bueno, ahora sí lo voy a hacer, pero a modo de ejemplo, no para llevarlo a la práctica) que ante determinados acontecimientos deberíamos salir a las calles, tomarlas por la fuerza y quemar contenedores y quitarnos los sujetadores como modo de mostrar nuestro rechazo y hacer frente a la opresión que llevamos años viviendo, pues no veo nada malo en mostrar mi descontento con lo que sucedió el domingo en mi comunidad autónoma. No. Esta forma no va conmigo. Quiero decir, la violencia no la contemplo como forma de conseguir las cosas. Soy anti-violencia. «Haz el amor y no la guerra».

Vamos a ver, queridas y queridos, que lucho desde hace años a favor de la igualdad y CONTRA cualquier clase de violencia que sufrimos las mujeres (física, sexual, psicológica, económica, contra nuestro cuerpo, etc., etc.), CONTRA el acoso escolar en cualquiera de sus formas, CONTRA el acoso sexual, laboral, etc. Me pone nerviosa y me llena de rabia cualquier tipo de violencia, cualquier muestra de superioridad y de abuso de poder. Me hierve la sangre a grados inimaginables.

A medida que he ido estudiando (sigo estudiando y formándome, a mi edad, porque no doy nada por supuesto y aprendido) e investigando, he tenido más clara cuál debería ser mi posición en esta sociedad ante determinados acontecimientos y situaciones.

Hay quien me define como una abogada (que no, que no ejerzo, soy licenciada en Derecho) humanista, a la que le mueve, por encima de todas las cosas, lo social (que no socialista, ojo). Ahí estoy yo cuando me necesitan dando apoyo, consejo y acompañando. Así entiendo yo que debe ser la sociedad. Así entiendo yo que debe ser todo lo social. Me implico, le pongo pasión, responsabilidad, ilusión, ganas. Si no fuese así, es que no creería en lo que estaba haciendo y lo haría como una autómata. Y perdonadme, pero tengo sentimientos, no soy fría y calculadora.

En todos estos años, y gracias a mi tesis doctoral, me he vuelto muy crítica, reflexiva, observadora (ya lo era). Pero siempre para sumar, para construir, para crecer. En ningún momento para echar mierda y poner la zancadilla. Trabajo desde siempre en lo social, pero eso no quita que «quien me puede dar de comer» no se lleve un «zasca» cuando hay algo que sé a ciencia cierta que está haciendo mal o que va en contra del beneficio social de las personas que formamos la sociedad, pero, aún así, pueda seguir trabajando con «ellos» (masculino genérico porque en determinados puestos siempre son hombres) y negociando, aplicando la diplomacia humanitaria que me enseñaron que hay que tener. Diálogo, pero sin dejarnos avasallar.

Queremos un mundo mejor (o por lo menos yo), no se lo vamos a poner fácil a quienes nos «mandan». Como sociedad tenemos que estar ahí para recordarles que si están donde están, es porque nosotras lo hemos «decidido».

La que se nos viene encima en Castilla y León es para mantenernos muy expectantes y no echarnos para atrás ni una miejita. Por una vez el foco (hasta ayer) estaba en nuestro territorio. No sé el motivo por el cual quien «ganó» el domingo salía tan contento después del varapalo obtenido. En el pulso de egos que tomó, ha perdido. Quienes han salido reforzados son otros que dan mucho, mucho miedo. Nos está queda todo muy bonito. Pero aquí seguiremos, al menos yo, luchando día a día. Sin descanso. ¿Tú qué vas a hacer?

La party

Teníamos las esperanzas puestas en que, en esta ocasión, la representación de España para Eurovisión fuese algo más acertada.

Tengo que partir reconociendo que no he visto ninguna de las galas, pero sí conozco algunas de las canciones que han participado (quizás las más afines, las que más me han llegado).

Yo, lo reconozco y no me cuesta nada decirlo, estaba con Tanxugueiras. Su canción (y su estilo), me parece que tiene esos componentes que son necesarios en la actualidad: volver a lo de siempre, pero dándole un toque moderno. Además, la letra de la canción me toca porque es un tema que llevo estudiando y trabajando desde hace años. «Non hay fronteiras».

A Rayden le sigo desde no hace mucho, pero sí el tiempo suficiente para haber escuchado bastante su repertorio. Me resulta «innovadora» su puesta en escena: rompiendo moldes, estereotipos… Los hombres también pueden (y deben) llorar y no hace falta ir a la «Calle de la llorería». Hacedlo en casa, delante de la gente,… No se os va a caer nada.

Rigoberta Bandini me la ha descubierto Henar (Buenismo bien) y mi hija. Y, claro, la canción en bucle. Es pegadiza. En mi opinión el mensaje es bonito y muy acorde a lo que está sucediendo en Instagram donde se nos censura a las mujeres algunas partes de nuestros cuerpos que son «más abultadas» que las de los hombres, en algunos casos. Creo que trata de otorgar a las mujeres el sitio que nos corresponde, poniendo en valor y hablando alto y claro de nuestro papel como madres (aquellas que queramos serlo y que podamos) y diciendo verdades como puños (como dirían mi abuela materna y mi madre).

Del resto de canciones he escuchado pinceladas, trocitos. Por ello, no opino.

Creo que la polémica no se debe centrar en la artista, consolidada en el mundo de los musicales, Chanel Terrero. Ni mucho menos. Condeno firmemente todos los ataques que ha recibido, me parecen deleznables e inapropiados. Como ha dicho David Amor en un storie de Instagram: ella es la intérprete, no la autora de la canción.

Acabo de escuchar la canción. He tenido que buscar la letra porque, sinceramente, no entendía casi nada de lo que decía. La puesta en escena y el tema, salvando las distancias, me han recordado a alguna de las actuaciones de Jennifer López que lo que busca es €€€€ y que la gente mueva el cuerpo sin pararse a pensar qué dice la canción. De verdad, no le encuentro enjundía a la letra, no le encuentro sentido, no le encuentro… Creo que ya estoy poseída por lo que llamo «defecto de profesión» y analizo casi todas las letras de las canciones.

David Amor seguía diciendo que había que analizar lo que ha querido la «casa» pública. Ha decidido que dos artistas como Tanxugueiras y Rigoberta Bandini, creadoras y compositoras de las canciones y que si llegaban a representar a España en el festival todos los ingresos irían para ellas, quedasen apartadas en favor de un producto comercial, cuyos beneficios económicos (dejando de lado la publicidad, etc.) no irían a la intérprete de la canción, sino que irían al equipo que ha creado dicha canción.

No estoy decepcionada ni tampoco me ha sorprendido en exceso el resultado final. Me da lástima porque hemos tenido la oportunidad de llevar al festival algo innovador, auténtico, genuino, nuestro… Y el jurado se ha decantado, obviando lo que el público quería, por lo comercial y que, lamentándolo mucho, creo (espero equivocarme) que no nos va a llevar a la gloria, sino que nos quedaremos como siempre y habremos hecho (perdón), habrán hecho pasar un mal rato a una actriz y cantante que no tengo la menor duda de que es maravillosa y una gran profesional.

Todo, absolutamente todo es política. Y si no es así, ya nos encargamos, o ya se encargan, de politizarlo. Nos da miedo llevar un mensaje reivindicativo, nos da miedo llevar un mensaje que sume y que reconozca la variedad de culturas y de dialectos que enriquecen España.

Pero con lo que me quedo es con la reacción de Tanxugueiras, Rigoberta Bandini y Rayden (sobre todo de las dos primeras por lo simbólico) de apoyo incondicional a Chanel Terrero. Eso es sororidad y lo demás… es lo demás.

Juguetes y regalos

Tenemos un Ministerio de Consumo que a veces da en el clavo, otras es motivo de mofas y de críticas… En esta ocasión voy a poner sobre la mesa la última campaña creada por el Ministerio relacionada con los juguetes y el sexismo.

En primer lugar considero importante dar una definición de sexismo, pues, en bastantes ocasiones, escuchamos o leemos una palabra y desconocemos su significado.

Por sexismo se entiende, según la Real Academia de la Lengua Española, la discriminación de las personas por razón de su sexo. Es decir, consideramos que el hecho de ser mujer o de ser hombre tiene que ser motivo de diferencia. Cada persona, según su sexo, sus aparatos reproductores, sus genitales, tiene una tarea en este mundo, en esta sociedad. En concreto, en el caso de los juguetes, las niñas y los niños tienen unos juegos y juguetes asignados en función del sexo.

Pero el sexismo nos lo encontramos en muchas partes de nuestra sociedad, no sólo en los juguetes. Pero sí es cierto que hacemos mucho hincapié en ello porque los juguetes llegan a manos de nuestras/os menores que se encuentran en un proceso de formación, de aprendizaje, de desarrollo.

Aún así, no podemos olvidar que el sexismo se esconde en el lenguaje, en los medios de comunicación, en el lugar de trabajo, en la familia, en lo público, en lo privado… De ahí que muchas organizaciones, por ejemplo, se pongan manos a la obra y creen guías para un uso no sexista del lenguaje. Porque, por mucho que les pese a muchas personas, las palabras sí son importantes.

Pero en esta ocasión, dadas las fechas en las que nos encontramos, me voy a centrar en los juguetes.

Durante mucho tiempo (aunque todavía se sigue viendo en algunos catálogos de juguetes) se diferenciaban los juguetes según si eran «para niñas» o «para niños». El azul teñía las páginas de las revistas de juguetes donde se seleccionaban coches, camiones, superhéroes, juegos de construcción, herramientas, etc. para los niños. El color rosa se dedicaba a esos juguetes que reflejan lo no reconocida), las tareas de belleza, etc. Las sillitas y capazos rosas para pasear a los muñequitos imitando la labor de crianza que parece que sólo pertenece a las mujeres.

Pero la distinción de «niños y niñas» no sólo se ve en estos catálogos, en estas fechas, sino que también se observa en los patios de colegios (aunque con calma y paciencia las cosas empiezan a cambiar), en las tiendas de ropa con zonas delimitadas, claramente, para niñas y niños: superhéroes para ellos, tutús y princesas para ellas.

En su momento, sin darme cuenta, yo ya empezaba a revelarme contra estos marcajes esteotipados: me compraba camisetas o sudaderas de «chico», me enfadaba cuando me tocaba hacer determinadas cosas mientras mi hermano se iba a su habitación, compré cosas de color azul cuando fui madre y me decían que lo que tenía que comprar era de color rosa, odiaba lazos en la ropa, cuando era pequeña me levantaba el vestido en señal de rebeldía (ahora me hace mucha gracia).

En alguno de los talleres que he impartido a personas adultas, pero también en colegios, he hablado de lo limitante que es decir que una cosa sólo la puede utilizar un niño o que otra cosa es sólo de niñas. Estamos privando a una parte de la diversión, de la imaginación y de descubrir nuevas posibilidades de juegos. También les estamos quitando la opción de elegir con qué quieren jugar, con qué quieren divertirse… Además, hay juegos que les dan la posibilidad de aprender a ser personas independientes.

Por eso es tan importante no elegir juegos sexistas ni sexualizar los juegos. Por eso, cuando regalemos o cuando compremos un juego, no pensemos en si es «para niños o para niñas», pensemos que es un juego y las posibilidades que le ofrecerán al niño o a la niña a la que queremos dárselo. Una cocina es tan válida para un niño como para una niña, un camión o un juego de construcción resultará atractivo tanto para una niña como para un niño, las muñecas, los muñecos… son válidos para ambas partes, sin distinción. Decidme: ¿por qué a un niño no le puede gustar una barriguita o una pollypocket? ¿Por qué una niña no puede pedir a los Reyes una figura de superhéroe (hombre) o un juego de herramientas para arreglar aquellos juguetes que se estropean?

Os animo a que veáis la campaña del Ministerio de Consumo sobre la «huelga de juguetes». Vedlo con perspectiva, sin cerraros opciones. Mente abierta.

https://www.youtube.com/watch?v=hqNALzCZqaU

Pensemos en juegos que ayuden a desarrollar las distintas capacidades de las niñas y de los niños. Punto.