Lo femenino molesta

La semana pasada ha sido bastante movida.

La #huelgafeminista del 8 de marzo ya se está preparando, y de ella se habla y se escribe en las redes sociales. Nos instan a las mujeres a que paremos para que la sociedad, y el mundo entero, pues es una huelga a nivel mundial, se den cuenta que sin nosotras el mundo se para. Nada de las tareas de cuidado, de las tareas domésticas, de ir a comprar, de consumir… Sigue el ejemplo de la huelga ocurrida en Islandia el 24 de octubre de 1975. En ese día, el 90% de las mujeres del país estaban en huelga.

Algo así se quiere que sucede este año 2018. El año que se ha declarado el feminista por excelencia.

Pero todo lo relacionado con el feminismo y con las reivindicaciones de las mujeres molesta e incomoda. Hablo en el mundo en general, pero también en España en particular.

En algunos programas de televisión se sientan a hablar sobre abusos sexuales y la brecha salarial entre hombres y mujeres a personas (hombres en el 99% de los casos) que son machistas confesos y que la palabra feminismo y todo lo que ello conlleva les provoca urticaria. Personas (soy benévola, lo sé) que estiman que la mujer tiene que seguir limpiando en casa y coserse la boca porque ella no entiende de nada y su inteligencia es insuficiente para hablar en público. Aquellas que osan acudir a un plató de televisión porque tienen conocimientos suficientes de un tema, en muchas casos vetado para ellas, son insultadas mediante calificativos que hacen mención a su belleza, a su estado físico o a su orientación sexual.

Pero no hace falta ver la televisión para darse cuenta que el machismo, en sus diferentes modalidades, sigue haciendo de las suyas y sigue trabajando para que sus privilegios se sigan manteniendo, en lugar de compartir espacio y dinero con las mujeres. 

En centros educativos es habitual escuchar frases del tipo: «aumentan los casos de violencia de género entre adolescentes porque están sobre-informados»; «ya está la pesada de turno hablando sobre igualdad y la mujer»; «las mujeres cobran menos porque Dios hizo a los hombres más fuertes»; «el feminismo es lo contrario que el machismo»; «las feminazis sois unas pesadas».


Esto me lo cuentan y lo vivo yo en muchos de los institutos a los que acudo para hacer talleres sobre igualdad y violencia de género.

Esta semana ha estado movidita porque a Irene Montero se le ha ocurrido emplear la palabra «portavoza» en un intento, o eso quiero pensar, de visibilizar a las mujeres en los entornos políticos. 

Que digo yo, desde mi ignorancia e incultura, que no es necesario marear tanto la perdiz. Que está muy bien poner «el y la» antes de una palabra, sin necesidad de este circo mediático. Estoy a favor del lenguaje inclusivo y no sexista, de visibilizar porque aquello que no se nombra no existe (ya lo digo en un capítulo de mi tesis), pero ya me cansa todo este circo político y, repito, mediático, en los que todos y todas se suman, porque es lo que «mola» ahora y es «cool», a esto del feminismo. Apoyo totalmente las palabras que mi compañera y amiga Montse, de Generando Igualdad, ha escrito en su perfil de Facebook y en el blog de la asociación. Las suscribo totalmente. En el siguiente enlace las podréis leer:


Cansa tanto postureo, tanto discurso fácil para subirse al carro, tantas palabras bonitas que no van seguidas de hechos tangibles y de lucha prolongada en el tiempo. Cansa que den «por culo» (perdón por la expresión) a las personas, hombres y mujeres, pero sobre todo estas últimas, de a pie que desde su humilde posición y con recursos cada vez más escasos, siguen luchando por la igualdad entre sexos para desterrar, de una vez por todas, los roles y los estereotipos de género, el machismo, la desigualdad y la discriminación que tanto mal hace a las mujeres y, en consecuencia, a la sociedad en general.

No ponemos el grito en el cielo cuando la RAE estudia incluir la palabra «folla-amigo/a» o cuando establece que está admitido decir tanto «albóndiga» como «almóndiga», aunque en mis oídos «almóndiga» chirríe tanto como una puerta que necesita 3 en 1. 
Pero sí nos escandalizamos porque, en su momento, Bibiana Aído dijo «miembras», pero vemos de lo más normal las abreviaturas en los mensajes en el móvil; nos molestamos porque no sintetizamos el lenguaje cuando decimos en los discursos «todas y todos», «señoras y señores»; en la universidad, levantamos la mano ante las faltas de ortografía del conjunto de estudiantes porque luego ponen recursos y los órganos superiores les dan la razón porque no se les examina de gramática, sino de los conocimientos adquiridos sobre la asignatura. Pero que Irene Montero use el término «inventado» de «portavozas» nos hace rasgarnos las vestiduras.

Como pregunta el profesor Octavio Salazar en su cuenta de Twitter: 
No perdamos el norte. Ésta es otra estratagema más, del llamado por Miguel Lorente Acosta, «posmachismo» para desestabilizar los cimientos de esta lucha limpia que abanderamos las mujeres, acompañadas y apoyadas por algunos hombres, para lograr que nos reconozcan el sitio que merecemos al lado de la otra mitad de la población mundial.

El argumento que usan muchas personas es el insulto y las descalificaciones, como dice Nuria Varela, porque no tienen otro argumento sostenible para ir en contra del feminismo.

Porque el feminismo te hace pensar, te hace plantear que las cosas que vivías hasta ahora dejan a una parte de la población, a tus compañeras, en una posición desigual porque tú, hombre, tienes más derechos y privilegios que ellas.

Claro que molesta, incomoda y cuesta dejar una posición privilegiada para bajar escalones. Por supuesto. Pero que te quedes en tu pedestal no te hace mejor persona, sino que acrecienta la idea de que «todo vale en el amor y en la guerra» y que «el fin justifica los medios».

Si fuese al revés, si las posiciones discriminatorias y desigualitarias las viviesen los hombres, en el campo que sea, no escucharíamos otras cosas que sus voces, sus gritos y sus quejas.

Mi profesora de Derecho Canónico, más o menos, decía que para desarmar al enemigo hay que conocerlo en profundidad. 

Por ello animo a todas las personas que consideran que el feminismo es algo malo, que todas las feministas quieren la superioridad de la mujer por encima del hombre, etc., que estudien en profundidad las ideas que fomenta este movimiento social y político abanderado por mujeres de todas las culturas, etnias, nacionalidades, orientaciones sexuales, etc. 

Quizás después, una vez estudiado y analizado, se cambien de bando y luchen a nuestro lado.



Club de las 25 y maldita tesis. O viceversa

27 de noviembre de 2017. 

Esta fecha quedará grabada en mi mente para siempre. Ese día, ¡por fin!, tuve la suerte de defender la #malditatesis a pesar de todos los obstáculos que me pusieron durante 4 años. Tuve la gran suerte de poder contar, en el último año y medio, con una directora de tesis MARAVILLOSA, comprometida, disciplinada, cercana y auténtica. Una MUJER como la copa de un pino (como se suele decir coloquialmente). Soledad Murillo ha sido mi ÁNGEL de la guarda, mi LUZ en este túnel que se me hacía cuesta arriba; y como le he dicho (y escrito) más de una vez, ha sido mi SALVADORA. Si no hubiese sido por ella, el 27 de noviembre de 2017 hubiese pasado por mi vida de forma anodina y yo hubiese tirado todo el juego de toallas en el 2016, abandonando mi investigación y mi tesis. 
Podría haber sido una investigación y un estudio mejor, lo sé. Pero hemos hecho lo que hemos podido, y más, en este corto período de tiempo.

Ese día, la naturaleza quiso que yo estuviese catarrosa (los nervios, el estrés), pero la química farmacéutica ayudó a que no se me notase mucho. Estuve rodeada de mi familia y amigos (faltaron personas cercanas, pero las circunstancias, hay ocasiones, en que juegan malas pasadas); pero quienes faltaron sé que estuvieron en espíritu conmigo y me dieron fuerzas para no decaer y mostrar a las miembros y al miembro del Tribunal mi ilusión, mi compromiso, mi experiencia y mi saber.

El 27 de noviembre de 2017 fue un día completo. Defensa de la tesis. Ágape con el Tribunal, directoras y familia. Descubrir que el parking de la Complutense es barato (jajajajaja). Relax. Y, por último, acudir a una entrega de premios muy especial: los que otorgaban las del «Club de las 25» a distintas mujeres relevantes en la lucha feminista por la igualdad.
Las premiadas eran desde Concha Velasco, pasando por Ana de Miguel, Nuria Varela, Margarita Robles, Leticia Dolera y, por supuesto, mi gran y admirada Soledad Murillo. (Había más).

Yo acudí al Palace de Madrid, cual paleta que llega a la capital desde el pueblo. No sabía si iba a desentonar en ese lugar tan famoso y con tanto nombre. Bueno, pues me sentí una «paleta» más, jajajaja. Tengo que reconocer que tuve que contener grititos histéricos cuando veía a alguien que admiraba o alguien a quien reconocía. ¡Bendito telegram! que me permitía compartirlo. Menuda brasa que le di a algunas personas.
Me senté todo lo cerca del «escenario» que me permitieron para que Soledad, después, no me regañara porque me dice que siempre me siento atrás. A veces la timidez y el querer pasar desapercibida me pueden, no puedo evitarlo. Me tuve que contener cuando delante de mí se sentó este hombre: mi admirado Baltasar Garzón que entregaba un premio a Asunción, la mujer de 92 años que ya pudo enterrar a su padre como se merecía. Correcto, tranquilo, sosegado, atento. Lástima que no se quedara al cóctel posterior.
Me sentía una fan total y absoluta al ver a un montón de personas que admiraba y de las que me gustaba su trabajo y/o su pensamiento (ideas). 

La emoción fue mayúscula cuando ELLA subió al escenario y habló como es ELLA: valiente, comprometida, sabia. Me emocioné cuando me vio desde el escenario y bajó a darme dos besos y un abrazo. Como es ELLA. Auténtica. Pero las lágrimas volvieron a aparecer sin cortarse un pelo, cuando después de la «foto de familia», ELLA bajó de nuevo, se acercó y me dio el abanico que le habían obsequiado porque quería que lo tuviera yo. Así es ELLA. Y yo, llorando a moco tendido. Me presentó después a Nuria Varela, con la que estuve hablando, quien se sorprendió que aquella misma mañana hubiera defendido mi tesis y estuviera ahí. Me anunció la nueva edición de su libro «Feminismo para principiantes» en versión novela gráfica (el próximo 15 de febrero sale a la venta) y ya hablamos de venir a Salamanca a presentarlo. Mi mente no descansa, no puedo evitarlo.

También tuve la suerte de hablar con Ana de Miguel, quien no estuvo en mi Tribunal de la tesis por problemas documentales y de tiempo. Fue una lástima, la verdad. 
Tengo que decir que tanto Nuria Varela como Ana de Miguel son dos mujeres humildes, generosas y cercanas. De las que aprendes escuchándolas. Tienen tanto que decir y enseñar.
También subió al escenario a recoger su premio, leyendo unas palabras de Simone de Beavoir, Leticia Dolera. Soy mega fan suya. Mi hermana me pidió una foto con ella y se la pedí. ¡Qué valiente con sus palabras! Qué coherente, qué comprometida, qué implicada. 
Me siento identificada con ella porque, como quien dice, hace poco que ha entendido qué es esto del feminismo y lucha por estos ideales. A mí aún me queda mucho por aprender (sigo en ello), por leer y por investigar.

Fue una fiesta donde había grandes referentes del feminismo más o menos conocidas. Mujeres famosas en distintas disciplinas: periodistas, profesoras, actrices, estudiantes…

Posteriormente, alguna de ellas (no de las premiadas) me sorprendieron en un programa de TV entrevistando a una joven ilustradora con sus palabras y discurso. Pero eso es para otro post.

Tengo que agradecer a mi amigo Amílcar por regalarme la oportunidad de codearme con todas estas mujeres que son mi referente, por permitirme compartir momento y espacio con mi querida Soledad, por estar siempre y por remover cielo y tierra para que no decayera.

Este espacio también es para dar gracias, de nuevo, a toda mi familia (y amistades) por apoyarme y no dejarme caer cuando todo lo veía negro. ¿Qué haría sin todos/as vosotros/as? 

Sin vuestro empuje el 27 de noviembre de 2017 habría sido un día más en mi vida.

Las palabras pesan

Ayer pensaba y reflexionaba sobre el peso que tienen algunas palabras. 
Ya he sido consciente de la importancia que tienen, lo necesario que es nombrar algo para que sea reconocido y aceptado, para que exista al fin y al cabo.
Pero ayer, en los segundos de descanso entre tecla y tecla, conversando con amigos, tratando de que la congoja y la tristeza no se adueñaran de todo mi ser, fui consciente del peso que algunas palabras tienen sobre las personas. Como son capaces de aplastarte sin piedad  y hacerte sentir pequeña, frágil, débil…

Por ejemplo, cuando nos engañamos, y nos engaña la sociedad, porque tenemos que buscar nuestra media naranja porque si no lo hacemos, no seremos seres completos y felices. Mentira. 
¡Cómo pesa la palabra solterona! Por ejemplo. Pero la sonrisa que se te pone cuando dices: es un soltero de oro. ¿Qué diferencia ahí entre ambas personas? ¡Ah, sí! Que una es una mujer y el otro es un hombre.

Cuando el hombre le dice a su pareja que ahora la «ayuda» con una tarea doméstica. Esa «ayuda» significa que el peso de las tareas del hogar lo tiene la mujer y es su responsabilidad. Esa «ayuda» deja de lado la corresponsabilidad para seguir fomentando los roles de género que nos diferencian a hombres y a mujeres.

Y todas esas palabras que acaban con la coletilla «la naturaleza es sabia». Pero, como me dijo ayer un amigo, «también es muy cabrona». 

Madrid

Durante más de cuatro años, pero sobre todo desde el 2013, he tenido que viajar con asiduidad a la capital del reino por cuestiones relacionadas con la #malditatesis. Reuniones con la directora, cursos, jornadas, entrevistas, talleres… No voy a decir que cualquier excusa era buena, porque no es así, ya que viajar a Madrid siempre me supone conciliar y no sentirme culpable por estar 2 ,3 ó 4 días fuera de casa.


Pero también es cierto que venir acá me ha supuesto, en muchos casos, una vía de escape, de desconexión y tranquilidad. 

Mientras la inmensa mayoría de las personas caminan aceleradas, sin detenerse a mirar a la otra persona, yo camino despacio, sin prisa (suelo salir con tiempo), disfrutando de lo que me rodea y sintiéndome diferente porque no soy una persona agobiada.

Yo he acabado entrando en Madrid. Me siento segura. Me siento bien. En mi sitio. No siento el agobio de años atrás cuando era la viva imagen de Paco Martínez Soria versión mujer. Sólo me faltaba agarrarme a la chaqueta de mi tía o al brazo de mi tío cual niña asustada.

Ahora observo esta ciudad desde la distancia. Examino sus edificios, sus parques, sus tiendas… Disfruto de mis amistades madrileñas (algunas veces más que otras) e, incluso, doy indicaciones en el metro. ¡YO! Ni me lo creo.

Ya me planteo un posible trabajo acá, con todo lo que ello significa. De hecho, amistades salmantinas me empujan a ello. «Tu sitio está allí».

Pero mi ciudad, con su tranquilidad y su espacio, sus tiempos, mi gente, me tiran. Y cuesta tomar una decisión.


(Post escrito el jueves 25 de enero, a las 20h en el Faborit de Plaza de España).

Talleres de sensibilización y prevención

Mi curso 2017-18 empezó la semana pasada realizando un taller en un colegio en un pueblo cercano a Salamanca.

36 chicos y chicas de 5º de primaria fue el público con el que charlé y trabajé sobre violencia de género. 

1 hora y media tenía para explicar qué era la violencia de género y las situaciones que se podían dar.

Lo hice a través de dos cuentos donde, primero, hablamos de las emociones y de su identificación y, después, le dimos forma a «El Monstruo» para, finalizar, con un juego de pruebas, preguntas y diálogo (de creación propia).


Corto fue el tiempo. Amargo sabor de boca me quedó porque no terminamos y creo que se quedaron muchas preguntas, comentarios y definiciones en el tintero. 

A todo el grupo lo vi implicado, pero un poco perdidos a sus componentes. Su imaginación a veces vuela en exceso, pero sólo a veces, y suelen irse por los Cerros de Úbeda cuando preguntan, pero es algo que me gusta. 

Algo me ha inquietado en esta sesión: fue la primera vez que, al leer el cuento «El Monstruo», no saben identificar quién es ese monstruo que grita, empuja y echa espuma por la boca.

¿Qué está sucediendo? Son 10-11 años y es un libro-cuento para personas de edad más temprana. ¿Eran demasiado inmaduros/as para este tema? ¿Lo ven como algo lejano? ¿No tienen las herramientas adecuadas para identificar este tipo de situaciones? ¿Es algo puntual? ¿Hay que preocuparse? ¿La comprensión lectora es escasa? 

Yo soy de las personas que piensan que es necesario introducir contenido sobre igualdad, tolerancia, luchar contra la violencia, etc. dentro del currículo educativo de forma transversal. Tiene que ser algo que esté presente a diario en las aulas. Mientras esto no suceda, seguirán siendo necesarios talleres, charlas, coloquios de más de 1 hora y media para trabajar estos temas.

Pero también tiene que haber formación para el profesorado para dejar de escuchar frases del tipo:»si las mujeres cobran menos es porque Dios hizo a los hombres más fuertes». 
¡¡¡¿En serio?!!! 
Me parece intolerable que alguien que se dedica a la formación/educación haga este tipo de comentarios.

Pero este comentario es un ejemplo de lo que se puede escuchar en cualquier ámbito de la sociedad y que apoya la idea de que aún queda mucho por andar, por trabajar…

En un post de hace tiempo, recomendaba el libro «Nata y Chocolate ¡invencibles!» donde un niño y una niña tratan de ayudar a un compañero de clase cuando descubren que él y su madre son víctimas de violencia de género.
Como madres y padres tenemos recursos para hablar con nuestras hijas y nuestros hijos sobre estos temas. A mí me gustan mucho los libros, recomendarlos y leerlos de forma conjunta.

Sigamos visibilizando. Sigamos nombrando las desigualdades que se producen en nuestra sociedad y que, desgraciadamente, perjudica más a las mujeres, consideradas un colectivo vulnerable.


Entrevista a Nuria Coronado Sopeña

Desde abril de 2016 soy la presidenta de la Asociación, sin ánimo de lucro, Adavas Salamanca. En el mes de noviembre presentamos a los medios de comunicación la Federación Regional FEVIMI, que aglutina a todas las Adavas de Castilla y León. La andadura de la Federación va lenta, pero porque queremos dar pasos firmes.

Como presidenta de Adavas contacté con Nuria Coronado Sopeña, la autora del libro «Hombres por la Igualdad», para que hiciera la presentación de su libro en Salamanca. (Las ilustraciones son obra de Catalina Flora)

Cuando hablamos por teléfono descubrí a una mujer cercana, generosa, ilusionada, luchadora y dispuesta a trasladar su mensaje a cualquier lugar donde la quisieran oír. Fue sencillo llegar a un acuerdo para que viniera. 

Nos movimos para encontrar un lugar donde hacer la presentación. La Sala Micenas ATV ya había acogido una obra de teatro benéfico a favor de la entidad y no dudó en facilitarnos su espacio para realizar la presentación.


Contamos con la inestimable presencia de Soledad Murillo de la Vega y José Sarrión, quienes accedieron a pasar una tarde de sábado con nosotras hablando de igualdad, feminismo, machismo y de los aliados que esta lucha necesita.

Varias preguntas se me quedaron en el «tintero», así que decidí hacérselas a posteriori, a lo cual Nuria accedió sin poner ningún tipo de oposición. Seguro que alguna pregunta más se nos puede ocurrir. Si tenéis oportunidad, hacérsela, estoy convencida de que Nuria la responderá sin ningún tipo de pudor.

¿Te pusieron muchas pegas para publicar el libro? No es muy habitual que los hombres hablen abiertamente de la igualdad entre ambos sexos y se declaren expresamente feministas.
Todo lo contrario. Tuve varias editoriales interesadas en el libro y me decidí por LoQueNoExiste ya que tanto su biblioteca de Talento Femenino como el equipo humano y profesional que allí trabaja apuesta por contenidos feministas. Fue amor a primera vista. En cuanto a los entrevistados, todos y cada uno de ellos, estuvieron, desde el minuto uno, encantados de participar y formar parte del libro. Ellos afortunadamente saben lo necesario que es su apoyo en la tarea de educar y conseguir un mundo en igualdad. Si bien es cierto que aún son pocos los hombres que quieren dejar atrás el macho que llevan dentro y que quieren desprenderse de esa etiqueta que tanto daño hace, lo cierto es que empieza a haber un movimiento masculino emergente que busca la nueva masculinidad. Es, como dice mi querida Flor de Torres, epiloguista, la revolución pendiente que cada vez está más cerca de producirse y que sin duda alguna traerá la cordura y la equidad que hasta ahora no se ha dado.
¿Por qué seleccionaste a estos hombres y no a otros?
A unos los conocía personalmente y sabía de su implicación vital y profesional en el feminismo. A otros, los seguía de cerca. Solo tuve que llamar a sus puertas. Por fechas de entrega del libro hay 16 aliados, mejor dicho, diecisiete, porque cuento también con Miguel Lorente como prologuista, que para mí es todo un honor. Es muy importante visibilizarlos porque ellos pueden predicar de manera más directa que nosotras en sus círculos (compañeros de trabajo, estudios, amistad) y empezar a explicarles lo necesario que es ver y combatir el machismo que todo lo salpica. Son excelentes prescriptores.
Ante declaraciones como las que ha hecho durante este año el eurodiputado polaco, ¿qué deberíamos hacer ante comentarios de este tipo de personajes públicos y con un puesto relevante?
A mí me da vergüenza ajena que alguien que se supone está en un lugar como el Parlamento Europeo, pueda salir y decir tales burradas y que lo haga no una vez, sino varias y aquí paz y después gloria. Debería haber una sanción inmediata de expulsión de quienes defienden lo indefendible ya que es antidemocrático y bochornoso. Sin embargo él es solo un ejemplo más de cómo funciona este mundo. No es extraño el día en que alguien en otros escenarios no solo dice estas burradas sino que se jacta de su machismo y lo hace porque sabe que no pasa nada. Nadie les para los pies. Y ahí no hay diferencia entre una ideología u otra. En nuestro país también tenemos ejemplos como el de David Pérez, alcalde de Alcorcón, lugar en el que resido, quien nos tiene acostumbrados a perlas machistas. También hay que decir que del machismo no se salva nadie, tenemos señoros tanto en el bando de la derecha como en el de la izquierda.
¿El feminismo es sólo cosa de mujeres?
No. El feminismo es una lucha que ha de implicarnos y  motivarnos a tod@s ya que nos hace mejores a mujeres y hombres porque busca el bien máximo de la igualdad de derechos y oportunidades para ambos sexos. El problema está en que la propaganda machista que lleva trabajando a toda máquina desde el principio de los tiempos, ha filtrado el mensaje de que feminismo es igual que machismo, y la gente lo ha comprado (ahí incluyo a hombres y también mujeres) sin más. Es una cuestión de información y de educación darse cuenta que querer que ambas palabras antagónicas sean sinónimo es parte de la estrategia del patriarcado para seguir manteniendo su poder y sumisión de las féminas.
¿Qué es ser feminazi?
Unir la palabra feminista y la coletilla nazi es la estrategia perfecta del patriarcado para infundir miedo. Querer desacreditarnos a las feministas comparando el derecho al aborto de las mujeres con el Holocausto perpetrado por los nazis es propagar el virus del machismo. Un virus que creó en 1987 un profesor de economía en la Universidad de California, Tom Hazlett y que en el 92 popularizó su amigo y periodista Rush Limbaugh en su libro: Cómo deberían de ser las cosas.
Sin embargo es un insulto que cae por su propio peso. ¿Cuántos hombres conoces que sean asesinados por mujeres? ¿Cuántos hombres son violados al día por mujeres? ¿Cuántos hombres sufren acoso o violencia de género y tiene que salir huyendo a casas de acogida? ¿Cuántos hombres cobran de media un 20% menos que sus compañeras de trabajo? ¿Cuántos hombres se quedan en su casa cuidando de sus hijos o de sus familiares enfermos? ¿Cuántos hombres se ven cosificados o como trozos de carne en el día a día? La respuesta es cero.
En la lucha por la igualdad, ¿mejor solas o apoyadas/acompañadas?
En cualquier lucha siempre es mejor apoyarse en cuant@s más mejor. Necesitamos de aliados, de hombres concienciados de verdad, que quieran vivir en una sociedad sana en la que no importe quienes nazcamos (hombres y mujeres) sino que tengamos las mismas oportunidades. Por eso es esencial contar con esos compañeros fieles, que entendiendo siempre que la lucha en primera fila es de las mujeres, ya que somos quienes padecemos el machismo, puedan caminar a nuestro lado y acelerar así el reloj hacía la justicia y la democracia. Lo que no queremos son los falsos aliados. En ese caso siempre solas.
¿Está bien usado el término “aliados feministas” para referirnos a aquellos hombres que luchan codo con codo con nosotras, a nuestro lado y que son capaces de renunciar a los privilegios que el patriarcado les ha otorgado por el mero hecho de nacer varones?
Yo concibo al aliado como aquel que se une a otra persona o movimiento a alcanzar una meta. Si bien es cierto que los hombres por más que quieran no pueden defender como defendemos nosotras el feminismo, porque somos nosotras las que hemos padecido y padecemos históricamente la desigualdad, creo que son necesarios compañeros. Su primer gesto para demostrarlo, tal y como recientemente decía José Sarrión durante la presentación de mi libro en Salamanca,  ha de ser el de la escucha, “los hombres tenemos que hacer lo que no hemos hecho nunca: guardar silencio y escuchar a las mujeres”. En segundo lugar estos aliados han de despojarse de todo el machismo que les impregna y por lo tanto de los privilegios de los que han gozado desde siempre.
¿Es cierto que las mujeres somos nuestras peores enemigas? O, por el contrario, ¿es un “mantra” que nos ha estado repitiendo el patriarcado/el machismo para que nos lo creamos?
Ahí les has dado con tu pregunta. El patriarcado ha hecho del “divide y vencerás” su mantra. Sabe que si las mujeres nos unimos tenemos una fuerza tal que podemos lograr aquello que nos propongamos. Por eso le interesa seguir publicitando que nosotras nos despellejamos las unas a las otras, que somos las peores rivales y nos tiramos de los pelos si hace falta. Piensa en ladrón que somos de su condición. Por el contrario el único enemigo que tenemos nosotras es el patriarcado. Cuando yo fui consciente de esta manipulación empecé a darme cuenta que la sororidad, es la mejor arma con la que combatir esta mentira. La solidaridad, la empatía, la ayuda que nos damos las mujeres a las mujeres, es algo estremecedoramente maravilloso y potente. Como dice mi querida amiga y cantante Cristina del Valle: ¿qué sería de las mujeres si las mujeres no cuidáramos de nosotras?
¿Sería posible un país como el propuesto por Gioconda Belli en su libro “El país de las mujeres”?
En realidad ya existe ese país o ese mundo, todas y cada una de las mujeres que nos sentimos empoderadas reinamos en ese mundo diario y por eso luchamos, para que el otro mundo, el de ahí afuera que no nos quiere, aprenda, se reeduque y vea el talento que se pierde. Existen casos de comunidades que lideradas por mujeres hacen cosas increíbles en pos del bien común. Es cierto que son pocos los casos de mujeres presidentas o empresarias o directivas líderes que con ese talento y la forma de dirigir crean mundos más sensatos y justos, pero los hay. Y estoy segura, que la tendencia va a seguir a la alza. Nuestra lucha es una lucha sin cuartel y quieran o no, vamos a estar en los lugares de poder, que es donde se cambia todo y en lugar de un país, vamos a lograr un mundo que deje de estar en guerra continua contra nosotras.
El Chojin habla de la discriminación positiva. ¿Es necesaria?
Como quienes mandan no conocen aquello de tener voluntad para abandonar su zona de confort machista hay que crear políticas y medidas que obliguen, en un primer momento a que haya paridad en todos los sentidos. Cuando a través de la educación y la sensibilización, tod@s podamos alcanzar las mismas metas y tener vidas en paz, lo impuesto se normalizará, y no habrá que obligar a nadie a ser sensato. Mientras eso pase, los últimos datos en lo que a paridad salarial, nos dicen que hay que esperar otros 168 años de nada, hay que pisar el acelerador con cuotas o medidas de discriminación positiva a tutti plen.
¿Estamos normalizando tanto la violencia de género que no nos inmutamos ante las noticias que aparecen en los medios de comunicación?
Las mujeres cuando aparecemos en las noticias no lo hacemos para hablar de éxito, logros o sueños cumplidos como cuando aparecen los hombres, quienes por cierto copan las apariciones en un 78% en los medios de comunicación. Todo lo contrario. Aparecemos violadas, muertas, maltratadas, amoratadas, cosificadas, ganando poco, siendo eternas cuidadoras… Somos lo que menos importa. Esa imagen nuestra está tan normalizada que tiene el efecto de la anestesia.
Por eso necesitamos concienciar con perspectiva de género y evitar los programas de televisión blanquean y promueven la violencia de género y los estereotipos sexistas. Las mujeres no somos meros números. Las mujeres somos las hacedoras del mundo. Sin nosotras todo se pararía.
Se desató la polémica con el programa de TVE presentado por Carlos Herrera. ¿Todo vale en televisión? ¿La perspectiva de género está presente en los medios de comunicación?
Por desgracia la única perspectiva de género que está presente en la mayoría de los medios de comunicación es la patriarcal y en televisión ni qué decir. Quienes dirigen y mandan en ellos son hombres ergo los que se promueve es más de lo mismo. Señoros que ni se cortan ni les da vergüenza en promover esa (in)cultura. Programas que denigran a la mitad de la población y que la gente se mete en vena. Programas como el de Pablo Motos,  presentadores como Juan y Medio, o como los de Tele 5 que nos cosifican y ahí están siendo TT.  
Bodino acuñó el término “micromachismos”. ¿Estás de acuerdo con su uso o tenemos que hablar de machismo y punto?
Se habla de micro porque es algo que no es visible a los ojos pero que sin embargo hiere igual. Hace poco escuchaba a la gran Pamela Palenciano decir que ya había que dejarse de poner la etiqueta de micro, que el machismo nos da por todos los lados y hay que rebelarse a él y llamarlo por su nombre. Cambiar el lenguaje y ser consciente de lo que significa es la mejor herramienta para combatir al enemigo número 1 de nuestra sociedad que es el patriarcado.