Madrid

Durante más de cuatro años, pero sobre todo desde el 2013, he tenido que viajar con asiduidad a la capital del reino por cuestiones relacionadas con la #malditatesis. Reuniones con la directora, cursos, jornadas, entrevistas, talleres… No voy a decir que cualquier excusa era buena, porque no es así, ya que viajar a Madrid siempre me supone conciliar y no sentirme culpable por estar 2 ,3 ó 4 días fuera de casa.


Pero también es cierto que venir acá me ha supuesto, en muchos casos, una vía de escape, de desconexión y tranquilidad. 

Mientras la inmensa mayoría de las personas caminan aceleradas, sin detenerse a mirar a la otra persona, yo camino despacio, sin prisa (suelo salir con tiempo), disfrutando de lo que me rodea y sintiéndome diferente porque no soy una persona agobiada.

Yo he acabado entrando en Madrid. Me siento segura. Me siento bien. En mi sitio. No siento el agobio de años atrás cuando era la viva imagen de Paco Martínez Soria versión mujer. Sólo me faltaba agarrarme a la chaqueta de mi tía o al brazo de mi tío cual niña asustada.

Ahora observo esta ciudad desde la distancia. Examino sus edificios, sus parques, sus tiendas… Disfruto de mis amistades madrileñas (algunas veces más que otras) e, incluso, doy indicaciones en el metro. ¡YO! Ni me lo creo.

Ya me planteo un posible trabajo acá, con todo lo que ello significa. De hecho, amistades salmantinas me empujan a ello. «Tu sitio está allí».

Pero mi ciudad, con su tranquilidad y su espacio, sus tiempos, mi gente, me tiran. Y cuesta tomar una decisión.


(Post escrito el jueves 25 de enero, a las 20h en el Faborit de Plaza de España).

Entrevista a Nuria Coronado Sopeña

Desde abril de 2016 soy la presidenta de la Asociación, sin ánimo de lucro, Adavas Salamanca. En el mes de noviembre presentamos a los medios de comunicación la Federación Regional FEVIMI, que aglutina a todas las Adavas de Castilla y León. La andadura de la Federación va lenta, pero porque queremos dar pasos firmes.

Como presidenta de Adavas contacté con Nuria Coronado Sopeña, la autora del libro «Hombres por la Igualdad», para que hiciera la presentación de su libro en Salamanca. (Las ilustraciones son obra de Catalina Flora)

Cuando hablamos por teléfono descubrí a una mujer cercana, generosa, ilusionada, luchadora y dispuesta a trasladar su mensaje a cualquier lugar donde la quisieran oír. Fue sencillo llegar a un acuerdo para que viniera. 

Nos movimos para encontrar un lugar donde hacer la presentación. La Sala Micenas ATV ya había acogido una obra de teatro benéfico a favor de la entidad y no dudó en facilitarnos su espacio para realizar la presentación.


Contamos con la inestimable presencia de Soledad Murillo de la Vega y José Sarrión, quienes accedieron a pasar una tarde de sábado con nosotras hablando de igualdad, feminismo, machismo y de los aliados que esta lucha necesita.

Varias preguntas se me quedaron en el «tintero», así que decidí hacérselas a posteriori, a lo cual Nuria accedió sin poner ningún tipo de oposición. Seguro que alguna pregunta más se nos puede ocurrir. Si tenéis oportunidad, hacérsela, estoy convencida de que Nuria la responderá sin ningún tipo de pudor.

¿Te pusieron muchas pegas para publicar el libro? No es muy habitual que los hombres hablen abiertamente de la igualdad entre ambos sexos y se declaren expresamente feministas.
Todo lo contrario. Tuve varias editoriales interesadas en el libro y me decidí por LoQueNoExiste ya que tanto su biblioteca de Talento Femenino como el equipo humano y profesional que allí trabaja apuesta por contenidos feministas. Fue amor a primera vista. En cuanto a los entrevistados, todos y cada uno de ellos, estuvieron, desde el minuto uno, encantados de participar y formar parte del libro. Ellos afortunadamente saben lo necesario que es su apoyo en la tarea de educar y conseguir un mundo en igualdad. Si bien es cierto que aún son pocos los hombres que quieren dejar atrás el macho que llevan dentro y que quieren desprenderse de esa etiqueta que tanto daño hace, lo cierto es que empieza a haber un movimiento masculino emergente que busca la nueva masculinidad. Es, como dice mi querida Flor de Torres, epiloguista, la revolución pendiente que cada vez está más cerca de producirse y que sin duda alguna traerá la cordura y la equidad que hasta ahora no se ha dado.
¿Por qué seleccionaste a estos hombres y no a otros?
A unos los conocía personalmente y sabía de su implicación vital y profesional en el feminismo. A otros, los seguía de cerca. Solo tuve que llamar a sus puertas. Por fechas de entrega del libro hay 16 aliados, mejor dicho, diecisiete, porque cuento también con Miguel Lorente como prologuista, que para mí es todo un honor. Es muy importante visibilizarlos porque ellos pueden predicar de manera más directa que nosotras en sus círculos (compañeros de trabajo, estudios, amistad) y empezar a explicarles lo necesario que es ver y combatir el machismo que todo lo salpica. Son excelentes prescriptores.
Ante declaraciones como las que ha hecho durante este año el eurodiputado polaco, ¿qué deberíamos hacer ante comentarios de este tipo de personajes públicos y con un puesto relevante?
A mí me da vergüenza ajena que alguien que se supone está en un lugar como el Parlamento Europeo, pueda salir y decir tales burradas y que lo haga no una vez, sino varias y aquí paz y después gloria. Debería haber una sanción inmediata de expulsión de quienes defienden lo indefendible ya que es antidemocrático y bochornoso. Sin embargo él es solo un ejemplo más de cómo funciona este mundo. No es extraño el día en que alguien en otros escenarios no solo dice estas burradas sino que se jacta de su machismo y lo hace porque sabe que no pasa nada. Nadie les para los pies. Y ahí no hay diferencia entre una ideología u otra. En nuestro país también tenemos ejemplos como el de David Pérez, alcalde de Alcorcón, lugar en el que resido, quien nos tiene acostumbrados a perlas machistas. También hay que decir que del machismo no se salva nadie, tenemos señoros tanto en el bando de la derecha como en el de la izquierda.
¿El feminismo es sólo cosa de mujeres?
No. El feminismo es una lucha que ha de implicarnos y  motivarnos a tod@s ya que nos hace mejores a mujeres y hombres porque busca el bien máximo de la igualdad de derechos y oportunidades para ambos sexos. El problema está en que la propaganda machista que lleva trabajando a toda máquina desde el principio de los tiempos, ha filtrado el mensaje de que feminismo es igual que machismo, y la gente lo ha comprado (ahí incluyo a hombres y también mujeres) sin más. Es una cuestión de información y de educación darse cuenta que querer que ambas palabras antagónicas sean sinónimo es parte de la estrategia del patriarcado para seguir manteniendo su poder y sumisión de las féminas.
¿Qué es ser feminazi?
Unir la palabra feminista y la coletilla nazi es la estrategia perfecta del patriarcado para infundir miedo. Querer desacreditarnos a las feministas comparando el derecho al aborto de las mujeres con el Holocausto perpetrado por los nazis es propagar el virus del machismo. Un virus que creó en 1987 un profesor de economía en la Universidad de California, Tom Hazlett y que en el 92 popularizó su amigo y periodista Rush Limbaugh en su libro: Cómo deberían de ser las cosas.
Sin embargo es un insulto que cae por su propio peso. ¿Cuántos hombres conoces que sean asesinados por mujeres? ¿Cuántos hombres son violados al día por mujeres? ¿Cuántos hombres sufren acoso o violencia de género y tiene que salir huyendo a casas de acogida? ¿Cuántos hombres cobran de media un 20% menos que sus compañeras de trabajo? ¿Cuántos hombres se quedan en su casa cuidando de sus hijos o de sus familiares enfermos? ¿Cuántos hombres se ven cosificados o como trozos de carne en el día a día? La respuesta es cero.
En la lucha por la igualdad, ¿mejor solas o apoyadas/acompañadas?
En cualquier lucha siempre es mejor apoyarse en cuant@s más mejor. Necesitamos de aliados, de hombres concienciados de verdad, que quieran vivir en una sociedad sana en la que no importe quienes nazcamos (hombres y mujeres) sino que tengamos las mismas oportunidades. Por eso es esencial contar con esos compañeros fieles, que entendiendo siempre que la lucha en primera fila es de las mujeres, ya que somos quienes padecemos el machismo, puedan caminar a nuestro lado y acelerar así el reloj hacía la justicia y la democracia. Lo que no queremos son los falsos aliados. En ese caso siempre solas.
¿Está bien usado el término “aliados feministas” para referirnos a aquellos hombres que luchan codo con codo con nosotras, a nuestro lado y que son capaces de renunciar a los privilegios que el patriarcado les ha otorgado por el mero hecho de nacer varones?
Yo concibo al aliado como aquel que se une a otra persona o movimiento a alcanzar una meta. Si bien es cierto que los hombres por más que quieran no pueden defender como defendemos nosotras el feminismo, porque somos nosotras las que hemos padecido y padecemos históricamente la desigualdad, creo que son necesarios compañeros. Su primer gesto para demostrarlo, tal y como recientemente decía José Sarrión durante la presentación de mi libro en Salamanca,  ha de ser el de la escucha, “los hombres tenemos que hacer lo que no hemos hecho nunca: guardar silencio y escuchar a las mujeres”. En segundo lugar estos aliados han de despojarse de todo el machismo que les impregna y por lo tanto de los privilegios de los que han gozado desde siempre.
¿Es cierto que las mujeres somos nuestras peores enemigas? O, por el contrario, ¿es un “mantra” que nos ha estado repitiendo el patriarcado/el machismo para que nos lo creamos?
Ahí les has dado con tu pregunta. El patriarcado ha hecho del “divide y vencerás” su mantra. Sabe que si las mujeres nos unimos tenemos una fuerza tal que podemos lograr aquello que nos propongamos. Por eso le interesa seguir publicitando que nosotras nos despellejamos las unas a las otras, que somos las peores rivales y nos tiramos de los pelos si hace falta. Piensa en ladrón que somos de su condición. Por el contrario el único enemigo que tenemos nosotras es el patriarcado. Cuando yo fui consciente de esta manipulación empecé a darme cuenta que la sororidad, es la mejor arma con la que combatir esta mentira. La solidaridad, la empatía, la ayuda que nos damos las mujeres a las mujeres, es algo estremecedoramente maravilloso y potente. Como dice mi querida amiga y cantante Cristina del Valle: ¿qué sería de las mujeres si las mujeres no cuidáramos de nosotras?
¿Sería posible un país como el propuesto por Gioconda Belli en su libro “El país de las mujeres”?
En realidad ya existe ese país o ese mundo, todas y cada una de las mujeres que nos sentimos empoderadas reinamos en ese mundo diario y por eso luchamos, para que el otro mundo, el de ahí afuera que no nos quiere, aprenda, se reeduque y vea el talento que se pierde. Existen casos de comunidades que lideradas por mujeres hacen cosas increíbles en pos del bien común. Es cierto que son pocos los casos de mujeres presidentas o empresarias o directivas líderes que con ese talento y la forma de dirigir crean mundos más sensatos y justos, pero los hay. Y estoy segura, que la tendencia va a seguir a la alza. Nuestra lucha es una lucha sin cuartel y quieran o no, vamos a estar en los lugares de poder, que es donde se cambia todo y en lugar de un país, vamos a lograr un mundo que deje de estar en guerra continua contra nosotras.
El Chojin habla de la discriminación positiva. ¿Es necesaria?
Como quienes mandan no conocen aquello de tener voluntad para abandonar su zona de confort machista hay que crear políticas y medidas que obliguen, en un primer momento a que haya paridad en todos los sentidos. Cuando a través de la educación y la sensibilización, tod@s podamos alcanzar las mismas metas y tener vidas en paz, lo impuesto se normalizará, y no habrá que obligar a nadie a ser sensato. Mientras eso pase, los últimos datos en lo que a paridad salarial, nos dicen que hay que esperar otros 168 años de nada, hay que pisar el acelerador con cuotas o medidas de discriminación positiva a tutti plen.
¿Estamos normalizando tanto la violencia de género que no nos inmutamos ante las noticias que aparecen en los medios de comunicación?
Las mujeres cuando aparecemos en las noticias no lo hacemos para hablar de éxito, logros o sueños cumplidos como cuando aparecen los hombres, quienes por cierto copan las apariciones en un 78% en los medios de comunicación. Todo lo contrario. Aparecemos violadas, muertas, maltratadas, amoratadas, cosificadas, ganando poco, siendo eternas cuidadoras… Somos lo que menos importa. Esa imagen nuestra está tan normalizada que tiene el efecto de la anestesia.
Por eso necesitamos concienciar con perspectiva de género y evitar los programas de televisión blanquean y promueven la violencia de género y los estereotipos sexistas. Las mujeres no somos meros números. Las mujeres somos las hacedoras del mundo. Sin nosotras todo se pararía.
Se desató la polémica con el programa de TVE presentado por Carlos Herrera. ¿Todo vale en televisión? ¿La perspectiva de género está presente en los medios de comunicación?
Por desgracia la única perspectiva de género que está presente en la mayoría de los medios de comunicación es la patriarcal y en televisión ni qué decir. Quienes dirigen y mandan en ellos son hombres ergo los que se promueve es más de lo mismo. Señoros que ni se cortan ni les da vergüenza en promover esa (in)cultura. Programas que denigran a la mitad de la población y que la gente se mete en vena. Programas como el de Pablo Motos,  presentadores como Juan y Medio, o como los de Tele 5 que nos cosifican y ahí están siendo TT.  
Bodino acuñó el término “micromachismos”. ¿Estás de acuerdo con su uso o tenemos que hablar de machismo y punto?
Se habla de micro porque es algo que no es visible a los ojos pero que sin embargo hiere igual. Hace poco escuchaba a la gran Pamela Palenciano decir que ya había que dejarse de poner la etiqueta de micro, que el machismo nos da por todos los lados y hay que rebelarse a él y llamarlo por su nombre. Cambiar el lenguaje y ser consciente de lo que significa es la mejor herramienta para combatir al enemigo número 1 de nuestra sociedad que es el patriarcado.

Leyendo…

Ya he dicho que me encanta leer. A las pruebas me repito con la cantidad de post que he escrito recomendado diferentes libros. Cuando era pequeña (de edad) había libros que me calaban tan hondo, que me los leía dos, tres o cuatro veces más. Nunca tenía suficientes libros y nunca eran demasiadas horas dedicadas a la lectura.

Mi padre había veces que cuando se iba a trabajar me apagaba la luz de la mesilla o yo me despertaba en medio de la noche con el libro en el pecho. 
En la semana de vacaciones en la playa, dos libros, mínimo, no podían faltar en mi maleta. Y me los leía.

¡Qué tiempos aquellos!

Ahora soy más mayor y el tiempo libre dedicado a la lectura se ha reducido bastante, muy a mi pesar. Además, durante los cuatro años que he dedicado a la #malditatesis, los libros leídos han sido otros menos «amenos», la verdad, pero con los que he aprendido. Si ya era una «rata de biblioteca», en estos años de investigación y lectura obligada lo he sido más.


Además, durante este tiempo me he adentrado más en el mundo del «feminismo». He comprendido mejor qué significa y me he declarado, abiertamente, feminista. 
En este año que he terminado mis libros de «ocio» han ido por esa vertiente, incluyendo literatura infantil y juvenil.

Hace unos días me comentaban por una red social que si no leía otro tipo de libros. Yo contesté que sí. Pero que este año, o en esta época de mi vida, han tocado ésos y punto.

Pienso que en cada momento de la vida hay un tipo de lectura o un libro que está llamado a atravesarse en tu camino. Sólo tienes que alargar la mano, agarrarlo fuerte y adentrarte en él para empatarte de la historia que narra. 

Tuve una época en la que leía todo sobre los Cinco y Enid Blyton, Puck, las aventuras de los 3 investigadores y Alfred Hitchcock. Después, llegó el turno de John Grisham (menuda colección que tengo) o de Paulo Coelho (sí, yo también caí). 

Ahora, estudiando e investigando sobre la violencia de género y la inmigración, muchos libros que abordan el feminismo, la igualdad, la discriminación, la historia de las mujeres (pero también películas, novelas gráficas) han caído en mis manos y si me han llenado, si me gustan, si me han calado hondo, si estimo que educan y enseñan, los recomiendo. El resto de las personas podrán estar de acuerdo o no. Para gustos, los colores. Pero ahora mismo, mi momento es éste: feminismo, igualdad, no discriminación…

Entre medias, también leo otra temática: soy fan de Sherlock Holmes, por ejemplo. Trato de leer algo de literatura clásica, sin dejar a las autoras y a los autores modernos. Pero leo.

Un secreto. En este año 2018 me he propuesto leer, mínimo, dos libros por mes. Quizás para algunas personas sean pocos, pero dado mi tiempo, prefiero leer dos libros a no leer ninguno. Si entre medias meto alguno de literatura infantil supero esa cifra fijo. Jajajaja. Pero no hay que dejar de leer. No hay que dejar de soñar.





Recuerdas

Recuerdas aquellos veranos de mi niñez, cuando mis hermanos aún no estaban ni en proyecto, o cuando ya estando compartiendo mi vida y mi espacio, yo decía marcharme “de vacaciones” a tu casa. Metía mi ropa veraniega en mi bolsa rosa de los Osos amorosos y caminaba al lado de mis padres hasta tu casa en esas noches típicas de verano salmantinas.
Recuerdas como jugaba en tu terraza. Imaginaba que era una tendera; más bien una librera, pues montaba en el murete que separaba las dos terrazas mi tenderete lleno de libros y revistas de aquellas personas que ya no habitaban tu casa.
Recuerdas cuando bajaba a la cochera a echarle una mano a él y me dedicaba a mirar como trabajaba, martillo en una mano y cincel en la otra. Siempre terminaba con el cepillo en la mano, barriendo y poniendo un poco de orden en ese taller improvisado que le ocupaba tanto tiempo después de tener que dejar de trabajar tan joven.

¿Te acuerdas?

Recuerdas como por las noches me tapaba hasta las orejas porque empezaba a escuchar ruidos raros, usurpando la cama y la habitación de otra que fue como yo y que hacía uno años que la había abandonado.
Recuerdas cómo venías al rescate y me llevabas a tu cama, echando sigilosamente de tu lado al fabricante del arte que inundaba la casa. Noches que dormía acurrucada a tu lado mientras me enseñabas todas esas oraciones que aún hoy, ya crecidita, recuerdo.

Recuerdas… “en el monte murió Cristo. Dios y hombre verdadero…”

Recuerdas cuando el ir a comer a tu casa era toda una fiesta porque siempre me tenías preparada una sorpresa culinaria, digna de la mejor reina. Ese flan de huevo individual, esa leche frita, esa tortilla de patatas, esas croquetas, ese flan de coco…
Recuerdas ese colacao con magdalenas de la Bella Easo cortadas en cuatro y que disfrutaba como si fuese un plato del mejor chef. Realmente era un plato, cualquiera, elaborado por la mejor cocinera del mundo: tú.
Recuerdas cuando íbamos a ver los “coletes” a la explanada donde ahora han construido el parque de “la hormiga”, cuando aún se podía uno sentar en un cacho de tronco que había en el suelo.

¿Te acuerdas?

Recuerdas esos partidos de voleibol en tu terraza, donde la red que separaba los terrenos de juego era el cable de tender la ropa.
Recuerdas el “soplamocos”, los “Lunes de aguas” posteriores a nuestro viaje a El Endrinal a por los hornazos tostados por fuera y amarillos por dentro, las Navidades donde las tabletas de turrón de chocolate «Escuchar» se contaban por decenas.
Recuerdas las llamadas de Papá Noel la tarde-noche del 24 de diciembre. Las caras de alegría y sorpresa al ver los regalos que después compartiríamos. La cena plagada de ricos manjares. Los juegos hasta altas horas de la noche desmontándote la organización del salón para fabricar nuestros refugios, cabañas o camas improvisadas.

¿Te acuerdas?

Recuerdas las veces que has estado sentada a mi lado tomándome la fiebre, poniéndome paños de agua fría y bañándome porque la temperatura no bajaba.
Recuerdas la fiesta del colacao nocturno cuando no hicieron caso a tus advertencias. Las risas por lo bajo al verte enfadada (una de las poquísimas veces).
Recuerdas cuando dejaste de cuidarnos porque nos habíamos hecho mayores, pero siempre estabas atenta, poniendo una vela cuando teníamos examen o un acontecimiento importante.
Recuerdas cuando nos permitiste cuidarte porque tus fuerzas empezaban a fallar; cuando tu mirada empezaba a viajar lejos a ninguna parte, a perderse en el infinito del vacío; cuando tus manos dejaron de ser lo suficientemente firmes para amasar el queso…

¿Te acuerdas?

Ya sé que no, por eso lo estoy recordando yo. Para que así no lo olvidemos ninguna de las dos.

GRACIAS. Esto ha llegado a su fin

Hace justo una semana estaba pasando el hecho más importante en mi vida académica: La defensa de la tesis.

Cuatro años de trabajo de estudio, de redacción, de investigación, de conversación, de desesperación, de desilusión, de ganas de arrojar la toalla, de… Cuatro años que llegaron a su fin, a pesar de que no estaba (ni estoy) satisfecha con el trabajo final, pero sí con lo conseguido y, sobre todo, con el último año y medio.

En este post voy a tratar de dar las GRACIAS a todas las personas que han estado ahí y que no he podido mencionar en mi tesis o en la exposición como realmente me gustaría. Había que ser políticamente correcta, en esta ocasión sí.

En primer lugar, tengo que agradecer a MIS PADRES su apoyo, en todos los sentidos imaginables y más, y compañía incondicional. En muchas ocasiones me he acordado de mi madre por animarme a iniciarme en esto del doctorado. Yo me las creía felices y que todo iba a ser muy fácil, pero la realidad fue otra totalmente diferente. Sarcásticamente le reí la gracia a la idea que había tenido mi bendita madre de que hiciera el doctorado. No veía el final, sólo obstáculos y pedruscos. Pero el final llegó.
Ver a mi padre emocionado y nervioso no tiene precio. Soy tan sensiblona como él, qué se le va a hacer, orgullo de hija. El pobrecito mío me ha visto sufrir lo indecible, viajar (ya lo veía como algo habitual), hablar de dinero (anda que no cuesta el doctorado), de problemas y encontronazos, de la alegría de haber descubierto un ángel que me enderezó el camino y me guió en los últimos tiempo.
Gracias a mi madre y a mi padre estoy donde estoy y soy como soy.
Mi HERMANA y mi HERMANO también se han mantenido en la sombra, apoyándome en silencio, comprendiendo lo que a veces era incomprensible, animándome para que no decayera y tirara la toalla, no echándome en cara el no estar cuando me han necesitado o empujándome a marchar para que desconectara de Salamanca, hija, familia y pudiera respirar para volver con más energía. Este triunfo también es suyo. Las recompensas también las recogerán ella y él.

¿Qué decir de quien se ha mantenido a mi lado en silencio y en la sombra? Amílcar es mi amigo, mi hermano, mi corrector ortográfico y mi diseñador gráfico particular. No tendré vida suficiente para agradecerle todo lo que ha hecho. Ha acudido a mi llamada a pesar del cansancio (que me ocultaba a veces), para ayudarme a maquetar, editar, diseñar… Se ha leído todo el texto buscando errores para que quedara perfecto (al final no lo hemos conseguido, pero es que la perfección no existe). Sorprendida de que fuese capaz de leer el documento ¡dos veces! No tengo palabras de agradecimiento que expresen lo que ha significado, significa y significará.
Mis estancias en Madrid, como digo en los agradecimientos de la tesis, no hubiesen sido posibles sin mis tíos. Siempre con una sonrisa, con una cama acogedora, con una predisposición para ayudar. Mi tío me ha guiado por los pasillos del Congreso de los Diputados para mostrarme los entresijos de ese edificio y a las personas que han colaborado en las entrevistas. Además, nos hemos recorrido algunos barrios de Madrid para que pudiera conocer el trabajo diario de los agentes de policía (sólo me he entrevistado con hombres, qué se le va a hacer), lo cual me ha servido para tener una visión más clara y amplia del trabajo que realiza el CNP.

Alguien quiso que en el camino me topase, casi por casualidad, con quien ha sido mi ángel de la guarda durante 1 año y medio largo. Soledad ha sido capaz de ilusionarme otra vez cuando ya había perdido la ilusión por terminar, de darme fuerzas cuando me faltaban, de darme ánimos, de ser lo suficientemente dura cuando era necesario, de tirarme de las orejas si era preciso, pero también ha sido, es y será un referente como mujer y como profesional. Creo que tampoco le agradeceré nunca todo lo que ha hecho por mí sin saberlo.

Raquel Luengo ha sido otro de los motores en este camino del Doctorado. Como he dicho, se alió, sin saberlo, con mi madre, para empujarme a iniciar este camino que concluí el lunes 27 de noviembre. En consecuencia, participó activamente en mi investigación teniendo la «suerte» y el «honor» de iniciar las entrevistas a profesionales. Porque ella es una gran profesional que se implica, que es responsable, que tiene empatía, fuerza, tacto y que trata de ayudar en la medida de sus posibilidades. Nos uníamos para arreglar el mundo, en esos momentos que teníamos de bajón individual que compartíamos, y nos íbamos para casa con otra cara y con otro espíritu.

Mis amistades más cercanas han sufrido mi lejanía y mi no disponibilidad. Mi compañera de fatigas, Teresa, no sólo ha tenido que soportar la distancia en km que nos separa, sino también mis ausencias estando en la misma ciudad, viajes no realizados para vernos y largos mensajes por Telegram contándonos las noticias más importantes que no nos podíamos decir en persona. Ahora recuperaremos el tiempo.
Mi compi chancletero, Ángel, me ha ayudado a pesar de que él también está súper liado en todo momento. El poder compartir con él momentos en nuestra Pandilla Chancleta ha hecho que no pierda la cordura. Siempre con el café dispuesto, con su cuaderno/libreta, con las risas para desestresar. Ahora estamos los dos al mismo nivel de implicación y de esto tiene que salir algo mucho mejor que hasta ahora.
Cuando te haces mayor el cuadrar horarios para poder tomar una taza de té se vuelve casi misión imposible, sobre todo cuando una de las dos partes está inmersa en la redacción de una tesis doctoral. Ainara lo sabe muy bien, pues lo sufre por partida doble: su pareja y su amiga. Ella ha estado ahí comprendiendo que los tiempos son los que son y que es mejor un par de mensajes de Telegram que el estar reprochando la escasez de tiempo. Es otra persona a la que tengo que agradecer su comprensión.
Hay quienes llegaron casi al final de este largo camino pedregoso. Juancar y Bego se reengancharon y, cada uno a su manera, me han acompañado, apoyado, empujado y soportado (lo reconozco, había momentos que había que soportarme). Pero siempre han estado ahí dispuestos a un café, a un mensaje, a un paseo…
Creo que no me dejo a nadie. Pero si es así, GRACIAS. Gracias por el cariño, la paciencia, la comprensión.

Gracias a María José, a Montse, a Marichu, a todo Generando Igualdad por cómo os portáis conmigo, porque nos tenemos que reunir para volver a hacer algo bonito y recordarnos que somos reinas. Os recuerdo que me debéis visita. Gracias por ser cómo sois, tan auténticas, tan generosas, tan cercanas y tan fuertes. Gracias por las conversaciones que intentan arreglar un mundo que está mal herido. Gracias por hacer una piña y estar. Eso es con lo que me quedo.
Este trabajo ha contribuido a que en las reuniones familiares y de amigos/as hablemos de igualdad, violencia de género, machismo, feminismo… 

La lucha continúa. Unidos/as seremos más fuertes.

Gracias
Rosa, esto va por ti. Para que te des cuenta que si se quiere y con ayuda, se puede. 

Hoy…

Hoy me he despertado con la noticia de que Jessica, la mujer de Elda, madre de un niño de 3 años, había fallecido finalmente. Su ex pareja había conseguido lo que quería: matarla. 

Hoy me he despertado contabilizando que son 44 mujeres las asesinadas por sus parejas o ex parejas en lo que llevamos de año, y aún queda mes y medio para terminar el 2017. 

He escuchado la noticia en la radio y los ojos se me han llenado de lágrimas.

De nuevo, me he vuelto a preguntar qué podemos hacer para que esto no suceda; qué medidas hay que adoptar para que estos seres no maten porque se sienten heridos en su orgullo o en no sé qué.

Hoy me da rabia todo y sé, que cuando esté ensayando la defensa de mi tesis, al llegar a un párrafo en concreto, me voy a emocionar hasta que las lágrimas se deslicen por mis mejillas.

Hoy, estoy más segura que nunca de que no podemos tirar la toalla y que tenemos que seguir luchando y educando conjuntamente, hombres y mujeres, para acabar con este problema social que está dejando a muchas niñas y niños sin madre (para mí el padre no cuenta, lo siento); los está dejando solas y solos, sin el cariño y el amor de quien les dio la vida.

Hoy estoy más convencida, a pesar de la rabia y de la ira que me come por dentro, que merece la pena confiar en ellos, porque aún hay hombres buenos (yo estoy rodeada de varios) y que ellos serán capaces de ponerse a nuestro lado, de dar discursos feministas que aboguen por la igualdad entre hombres y mujeres, de no callar cuando vean discriminaciones, agresiones o comportamientos sexistas que vayan en contra de las mujeres, ellos serán capaces de alzar la voz cuando nosotras no tengamos ganas o fuerzas y estarán a nuestro lado para empujarnos y apoyarnos cuando nuestras fuerzas flaqueen.

Hoy tengo más ganas que nunca de seguir educando, de seguir formando (y formándome), de seguir alzando mi voz para denunciar la violencia de género, las discriminaciones y las desigualdades que me rodean. 

Hoy, desgraciadamente, estoy segura de que nos queda mucho trabajo por hacer, muchas asperezas que limar, muchos argumentos que dar para que la #CifradelaVergüenza deje de existir.

44 mujeres asesinadas. 23 menores huérfanos. 7 menores asesinados.

¿Y aún hay gente que piensa que la violencia de género no debe ser cuestión de Estado? ¿Y aún hay personas que estiman que el machismo «no es para tanto»? ¿Qué el feminismo no es necesario?

Ayer me pasaban el hilo de un tweet donde un hombre enumeraba los asesinatos por violencia de género sucedidos desde 2005, comentando, al final del tweet, que no se dimensionaba igual la violencia de género que el terrorismo de ETA sufrido durante 42 años.
Los comentarios generados posteriormente no tienen desperdicio. Tanto de mujeres como de hombres.

Hoy tengo el cuerpo frío. Hoy tengo la mente que embotada. Hoy necesito un momento «kit kat» para tomar impulso y seguir.

Hoy.