Las que faltaban

«Las que faltaban» son todas aquellas que lucharon y vencieron, porque, aunque a ojos de otras personas no lo hicieran, sí es cierto que consiguieron mucho más de lo que nos pensamos y es una victoria.

«Las que faltaban» son las mujeres del pasado y del presente a las que silenciaron o a las que tratan de silenciar, ocultar su trabajo, sus logros.

«Las que faltaban» son las mujeres que se dedican a la cultura en todas sus vertientes, al deporte en todas su variantes, a la ciencia, a la enseñanza, a ocuparse de la casa propia y ajena, son las madres, las abuelas, las tías, las amigas, las hermanas de aquí y de allá, …

«Las que faltaban» somos todas y cada una de nosotras.

«Las que faltaban» vuelve en su tercera temporada para seguir dando voz, para seguir haciendo reflexionar y para cuestionar todo y nada.

Empezamos el viernes 10 de octubre a las 18.00 en Radio Oasis, la radio comunitaria salmantina.

Ya estamos confirmando participantes para ser entrevistadas. También continuaremos con «el rincón de Sole» donde Soledad Murillo hará su particular reflexión sobre el tema que tratemos en el programa. Y habrá alguna que otra novedad. Todo ello aderezado por música.

No os lo podéis perder.

Avisad a vuestra amiga, a vuestra vecina, a vuestra madre… Todas y todos seréis bienvenidas.

Pegamento

Existe una psicóloga bastante mediática que habla de las personas vitamina. Rodéate de ellas, te dice. De hecho, hasta tiene un libro donde habla de las mismas.

Pero, yo quiero hablar de las personas que son pegamento. De aquellas que son capaces de unir a gente tan dispar que te puede parecer hasta normal esa reunión, la confraternización. Personas capaces de conectar y hacerse un hueco allá por donde van, siendo personas auténticas, cercanas, amables, buenas…

Afortunadamente, he conocido a una persona pegamento. La he tenido en mi vida hasta hace bien poquito. Y ahora se ha quedado pegada en mi corazón y ocupa un lugar especial en mi mente.

Él era el gestor, el organizador; un ser diplomático con mano izquierda que sabía cómo sortear, torear y acercar a las personas de distintos ámbitos, sabía cómo tratarles, cómo escucharles, cómo acercar posiciones aunque, después, en las distancias cortas y con las personas de su equipo, de su familia, pudieran salir sapos y culebras de su boca.

Era un ser humano y, como tal, las cosas le removían, le pesaban, le cansaban, le afectaban. Pero te lo decía con un tono de voz tranquilo y sereno, aunque notaras que, por dentro, estaba hirviendo.

Pero es nuestra persona pegamento. Era ese tipo de persona.


Un trabajador incansable al que le tenías que decir que bajara el ritmo porque quería llegar y estar en todo, sin delegar o delegando lo justo y, a veces, no lo necesario.

Recuerdo que en nuestras conversaciones, cuando me decía que le podía la migraña, que le dolía la espalda, que estaba hasta arriba… cuando yo le respondía que tendría que bajar el ritmo, esas palabras me retumbaban en mi mente, como una goma elástica que hubiéramos soltado los dos a la vez y que me recordaba que yo también tendría que hacer lo mismo.

Consejos vendo, que para mí no tengo.

No sé la de veces que habíamos dicho que, cuando bajáramos el ritmo, cuando viniera tranquilamente a Salamanca, nos tomaríamos unas cañas (bueno, él, yo ya sabía que me decanto por el Trina de limón).

Recordando lo de bajar el ritmo, me viene a la mente mis propias palabras cuando he dicho a diestro y siniestro que, tras mi cumpleaños, reduciría el ritmo, descansaría, pues mi cuerpo lo estaba notando.

Pero no me has dejado.

En un giro de guión inesperado, has conseguido volver a juntarnos como la persona pegamento que eres (eras).

Tú siempre eras capaz de hacerte cientos de kilómetros para pasar unas horas con tu equipo de balonmano, con la cuadrilla en Irún o desconectar en Londres con tu compañera de vida.

También eres (eras) capaz de sacar tiempo para, entre informe e informe, memoria y memoria, proyecto y proyecto, organizar una quedada de arqueólogos y allegadas para disfrutar de cientos de historias, de cervezas, de risas, de excursiones… Tú tienes (tenías) ese don especial para agrupar a las personas, para unirnos, para crear y formar parte de un equipo humano.

En medio del caos por los incendios, en medio del mes de agosto que nos va anunciando el final del verano, nos has convocado a toda tu gente alrededor de unas cervezas para hablar de ti, recordarte en presente, porque creo que no asumiremos nunca tener que hablar de ti en pasado y que físicamente no te vayamos a volver a ver ni escuchar.

Nos dejas descolocadas, sonriendo al recordar esas anécdotas arqueológicas y esos viajes recorriendo España de norte a sur, de una punta a otra para combinar el trabajo y el placer, la amistad y el deporte. Porque en tu corazón cambían todas tus múltiples tierras.

Hablaremos de El Bierzo, del balonmano, de las calles de Irún, de las cañas en alguna terraza o en algún bar de la tierra charra, de tu amor por el pueblo y la comarca, de La Ramajería, del patrimonio cultural y arqueológico…

Seguiré anotando, en la libreta imaginaria, los múltiples temas de conversación que nos quedan pendientes, el proyecto de didáctica al que le tenías tantas ganas y para el que no encontrábamos el tiempo y/o el momento para sentarnos y planificar.

Me quedaré con las ganas de seguir trabajando contigo, mano a mano, con mi grupo de arqueólogos de Red Cultural del que estoy tan y tan orgullosa.

Nunca olvidaré cómo llegamos a conectar sólo conociéndonos por lo que nos podía haber contado una persona que tenemos en común. Tampoco olvidaré cómo siempre estabas dispuesto a echarme una mano en el trabajo (y fuera de él), cómo eras capaz de plantearme retos que sabías que llevaría a cabo porque me encantaba (y encanta) enfretarme a ellos; nuestros piques graciosos y las disputas por nuestro «niño» del que teníamos la custodia compartida.

Gracias por ser, por estar, por ser esa persona pegamento tan especial, por tus abrazos de oso, por tus risas contagiosas, por escuchar y por hablar, por ser capaz de crear grupos y conectar a tantas personas.

No te podré dar nunca un punto violeta, porque eres (eras) una persona comprometida con todo aquello en lo que creías, una persona íntegra, con valores de comunidad, escucha, cuidado, comunicación, solidaridad, generosidad, trabajo, entrega… Tu corazón es (era) mucho más grande que tú y eso se notaba.

Querido Señor Duque, querido jefe, hoy y siempre estarás en mi corazón, en mi recuerdo y en el de tanta gente.

Nos volveremos a encontrar y departiremos con una cerveza en la mano.



Formas de hacer daño

Hace unas semanas se volvió a hablar sobre la libertad de expresión y la censura.

Todo ello como consecuencia de la noticia de la publicación de un libro que se centraba en la versión de un asesino «confeso» (en el libro parece que lo reconoce así). Un hombre que asesinó a su hija y a su hijo para seguir perpetuando el sufrimiento de una mujer (madre) que había decidido separar su vida de la de este hombre e iniciar un nuevo proyecto.

Nuevamente no se tiene en cuenta a una de las partes de la misma historia y la perspectiva se toma, únicamente, desde el lado de quien ve el 6, en lugar del nueve.

Yo creo que no todo vale ni en política ni en la literatura ni en la vida misma.

Hay una editorial que, en mi opinión, quiere jugar con el morbo y hay un autor que no ha sabido contar la historia.

Hablo desde el desconocimiento profundo del contenido literal de un libro que ni pienso comprar ni leer.

Mi querida Bárbara Zorrilla lo explica en una colaboración con Infolibre: https://www.infolibre.es/igualdad/culpa-revictimizacion-extension-violencia-libro-crimen-machista-breton-llega-librerias_1_1966756.html

Miguel Lorente Acosta añade una cuarta categoría a los libros: papel, digital, audiolibro y odiolibros.

¿Qué necesidad hay, 14 años después, de revivir todo lo acontecido? ¿Qué se obtiene de esto? ¿Aporta algo? ¿En algún momento se ha pensado en la madre?

Este libro, en cuestión, volvió a poner el foco en una madre que, imagino, estará tratando de recomponer su vida tiempo después.

Este libro es otra treta más de violencia de género por parte de un ser que sabe perfectamente lo que hace y que, desde ese lugar que le priva de libertad de movimientos, sigue buscando los mecanismos para dañar a una mujer que decidió que no quería estar más con él.

Lo académico

Me he currado un artículo sobre los cincuenta años de feminismo en España que me ha llevado un mes y medio de búsqueda de información, documentación, lectura y escritura.

Estudiaba y escribía después de mis siete horas de trabajo, quitando tiempo a charlar con la familia y/o dedicarme al noble arte de no hacer nada o al de contemplar el horizonte desde el sofá.

Intuía, muy a mi pesar, que aunque le había puesto tanto empeño, había estudiado y aprendido, no era un artículo lo suficientemente bueno como para su publicación en la correspondiente revista. Además, yo no pertenezco al ilustre campo universitario ni del pensamiento reconocido.

Mi intuición se hizo realidad.

Es un artículo que no aporta nada nuevo y no está a la altura de la academia. Me dijeron.

¿Será que no estoy hecha para escribir de forma tan rimbombante? ¿Será que me falta ese aura de persona bohemia e intelectual?

Se trata de un artículo sobre el feminismo en España desde la muerte de Franco hasta la actualidad. Un repaso histórico a lo que ha acontecido en España desde el movimiento feminista. Su lucha y sus logros.

Creo que sobre la historia del feminismo poco más se puede escribir que no se haya hecho ya (aunque mis amigos historiadores puedan estar en contra de estas palabras). Salvo que nos centremos en hacer un análisis actual de esta cuarta ola, donde el foco se está poniendo en el ciberactivismo, en el uso de la tecnología como medio para tratar de hacer pedagogía feminista. De todo lo anterior, se ha escrito ya mucho.

Si me centro en la actualidad, creo que no se hace una valoración de los 50 años de feminismo en España desde la transición política.

Tal vez sea yo que no estoy hecha para esta escritura tan cuadriculada, seria y académica.

Siempre lo digo: soy la oveja negra y a mucha honra.

Lo escrito ahí está. Ya veré dónde lo publico, si merece la pena.

Hay que mencionar mucha bibliografía que te quita palabras para el texto que da la información. Porque esto no va de folios, sino de número de palabras.

Me recuerda a mi tesis.

Mi primera directora sólo me pedía más bibliografía y más jurisprudencia, sin detenerse a corregir y valorar el contenido de lo escrito; lo cual me generaba una frustración y estrés.

Me quedo con lo investigado, con lo leído y lo aprendido.

Y, como me escribió alguien: lo importante es participar y seguir aprendiendo.

Buen Camino

Ruidoso silencio el que se descubre por el Camino que te lleva a Santiago de Compostela.

Silencio que te embarga al mirar a tu alrededor para no perder detalle de cada milímetro del paisaje que te acompaña, que te rodea.

Silencio porque, en muchos casos, eres tú misma hablándote en silencio, paseando por zonas lejanas y pasando por pequeños cementerios que están llenos de almas que te protegen.

Ruidoso porque escuchas los cantos de los pájaros. Cantos nuevos de aves desconocidas, quizás, pero otros nada extraños. Grillos, cigarras… Que se alborotan al paso de pisadas desconocidas que son habituales casi todo el año.

Ruidoso por las voces de las y los peregrinos que mantienen conversaciones tranquilas según van avanzando en el trayecto. O conversaciones que se tornan en pequeñas discusiones sobre la cotidianeidad que se introduce en la marcha.

Ruidoso por los saludos matutinos, cuando ni ha apuntado el alba, y la frase mágica que te acompaña día a día hasta que llegas a tu destino: «Buen camino».

Sonrisas sudorosas. Sonrisas de ánimo para subir esa cuesta que se tuerce y que te hace nublar el sentido.

Risas por anécdotas narradas sin filtro.

Ruido al finalizar la etapa, cuando intercambias comentarios, cervezas o refrescos y decides entrar en la ducha tras un duro trayecto.

Ruido que se apaga, o se intenta, al apagar las luces esperando un nuevo día que te dé la fuerza necesaria para recorrer otros kilómetros que te permitan llegar, lo más lozana y fresca posible, a Santiago de Compostela.

Dicen que el Camino es una aventura.

Cierto que lo es. Te planteas retos sin querer, queriendo, y consigues aquello que pensabas que no lograrías.

Hablan de la «magia del Camino».

También es cierto por el paisaje, el compañerismo, el respeto, la ayuda, los lugares que transitas, las imágenes que no hay cámara fotográfica que sea capaz de retratar y reflejar la belleza de lo que discurre a tu paso.

La «magia del Camino» te embarga y te llena el alma y el corazón.

Todas las emociones se juntan dentro de ti y las gestionas a trompicones. Dejas que se deslicen y que salgan a través de las lágrimas que no expresan dolor, sino agradecimiento, serenidad, paz.

Una vez llegas a tu destino, el Camino forma parte de ti, quieras o no. Eres una peregrina más y estarás marcada para siempre.

Colores

La Diversidad de colores da alegría a la vista y al corazón.
Los colores dan vidilla a este mundo, a esta sociedad que se parece a los hombres de gris que describía Michael Ende según el tinte que va tomando.
La monotonía es algo aburrido, que nos convierte en seres mecánicos, en auténticos autómatas.


Ni todo es blanco ni todo es negro. Entre medias hay una amplia variedad de gamas de colores que puedes combinar de la mejor manera posible. Pero cuidado, no todas las combinaciones son buenas.

Por ejemplo, el azul y el verde no dan buen resultado. Se empeñan, tratan de mezclarse, pero cada uno de ellos tiene su orgullo, quiere gozar de más espacio, quiere imponer su criterio, llevar la razón siempre y, a corto plazo, no dan esa alegría de la que hablaba al principio. Al contrario, dan repelús.

Blanco, rojo, rosa, marrón, negro, violeta… Una gran cantidad de colores que impregnan nuestra sociedad, haciéndola más auténtica, más divertida, más diversa y más multicultural.

Existen personas que niegan que existan más colores que los que nos dijeron que componían el arco iris. Hay más de 7, por supuesto, y nuestra sociedad española lo está demostrando.

Hablo de colores, pero también hablo de personas.

Hay quienes se empeñan en ponernos un sello, como hacen al ganado, para identificarnos como «marca España», lo auténtico. Pero no se dan cuenta que lo verdaderamente auténtico es la variedad. Nos enriquece tanta diversidad de culturas, de personas, de ideas (las que ayudan a avanzar, las que quieren anclarse en el pasado, no), de tradiciones culturales que nos muestran que cada territorio tiene su idiosincrasia, sus propias formas y maneras.

Llevamos un 2024 donde se han demostrado muchas cosas: el deporte no es sólo masculino. Si se da la oportunidad, las mujeres podemos demostrar que somos muy buenas en lo que hacemos, incluso en aquellas áreas en las que, históricamente, eran ocupadas por los hombres. Existen otros deportes más allá del fútbol. Hay diversas tonalidades de «color carne» y, no por ello, eres menos español/a.

Aunque les pese, España está compuesta por diferentes tonos de «color carne». No hay ninguno que signifique que sea más español que otro.

También, aunque les pese, hay un tipo de violencia que sí merece una atención especial. Precisa de recursos específicos, necesita de un cambio de la educación desde la base para fomentar la igualdad, el respeto, la tolerancia y la integración.

Toda la violencia es criticable y no justificable. Pero la violencia que sufrimos las mujeres la sufren la mitad de la población. Es un PROBLEMA SOCIAL, así, con mayúsculas, que precisa de la implicación de absolutamente toda la sociedad en su conjunto. Quien no quiera aportar, que cierre la puerta al salir. Pero que sepa que, en el momento que necesite del movimiento, no miraremos a otro lado como hacen ellos. Da igual la procedencia, el color, las ideas,… la violencia de género ataca a cualquier mujer, por el hecho de ser mujer. Y, en nuestro país, aunque no lo quieran ver porque cubren sus ojos con vendas opacas, los agresores, en su inmensa mayoría, son hombres de nacionalidad española, como ellos dicen.

Hablemos alto y claro de la heterogeneidad de nuestra sociedad y de que tenemos un problema social en la violencia de género que cada vez más se aproxima al terrorismo.