Categoría: Cultura
Literatura, arte, cine, series, TV, música
Recomendación literaria para madres y padres
Ha sido uno de esos libros que te llaman la atención cuando vas a la biblioteca, sobre todo por el título. Así que, lo agarré, le di la vuelta y leí la contraportada para saber exactamente de qué iba. Luego, cómo es habitual en mí, lo abrí, lo hojeé y, en este caso, me detuve en las fotos, las cuales me engancharon más. El joven nos muestra las dudas que le surgen sobre determinados temas (menstruación, homosexualidad, métodos anticonceptivos, etc.) y nos explica cómo lo ven los niños y las niñas de su edad y más pequeños, cómo debemos explicarles las cosas, pues tendemos a hacer un mundo de un grano de arena cuando se trata de entablar una conversación sobre algo que tenga que ver con el sexo.
Cada capítulo termina con unas recomendaciones o consejos dadas por la madre y nos habla sobre cómo abordó ella los diferentes temas con su hijo.
El lenguaje que usan es muy cercano. No usan terminología extraña ni médica, ahí se encuentra el encanto del libro (entre otras cosas).
Yo os animo a que lo leáis, pues ayudará a más de un padre y madre a establecer esa comunicación con sus hijas y hijas sobre estos temas que aún, en el siglo XXI, parecen que siguen siendo tabúes y nos da vergüenza tratarlos abiertamente.
No cambies la meta
Así que no seamos perezosos/as y pongamos de nuestra parte para que las cosas nos vayan saliendo bien poco a poco, sin prisas pero sin pausa.http://www.abc.es/familia-vida-sana/20141205/abci-actitud-positiva-para-perezosas-201411101322.html
Objetos
Sabéis que imparto talleres en diversos institutos de la provincia de Salamanca. Lo que escuchan mis oídos es digno de plasmar en un libro. Si tuviera tiempo, lo apuntaba todo o lo grababa y, después, os lo mostraba.
Pero no sólo con el largo de la falda se han «metido», sino también con cómo es el escote de tu camisa, camiseta… Claro, en verano, la inmensa mayoría de las chicas vamos «buscando guerra», sólo tenéis que ver el tipo de escotes tan recatados que llevamos todas.Pensamientos negativos
¿Quién no ha tenido alguna vez un pensamiento negativo? ¿Quién no ha pensado en algún momento que la vida se está cebando con uno/a mismo/a?
No hace mucho, he tenido uno de esos días en los que piensas que todo es una mierda porque una sola cosa te ha salido mal o como no esperabas. De pronto te da el bajón y piensas que ya nada saldrá bien. Te regodeas, te autoflaguelas y no levantas cabeza porque es preferible seguir pensando en lo mal que te ha salido algo.
Todo lo puede generar un desengaño amoroso, una discusión con una amiga o un amigo, que te hayan dejado plantado/a cuando habías quedado con alguien y tú habías hecho lo imposible para poder quedar, una entrevista de trabajo que salió estupendamente, pero luego el trabajo se lo dieron a otra persona… Algo nos sale mal y ya pensamos que todo va a ir de mal en peor.
Muchas veces me he planteado si soy una persona positiva o negativa. Y, la verdad, depende del día. Aunque, cuando hablo con amistades y personas conocidas, dicen que lo que más les llama la atención de mí, es que siempre estoy con una sonrisa, luchando y súper-positiva.
Considero que esa tiene que ser la actitud y aptitud, aunque de vez en cuando no pasa nada por sentirnos algo negativas, pero sin pasarnos, porque la negatividad no nos va a ayudar a salir adelante. Porque ya lo dijo Buda hace tiempo:
En el enlace que dejo a continuación, nos hablan de cómo enfrentarnos a nuestros pensamientos negativos y nos relatan la metáfora del autobús y los pasajeros. Nos aconsejan que, a pesar de que nos haya pasado algo negativo, tratemos de darle la vuelta a la tortilla y ver el lado positivo. ¿Os acordáis de la campaña que hizo El Hormiguero que se llamaba «darle la vuelta a la tortilla»?
http://conseguiremoslaluna.tformas.com/2014/09/dale-la-vuelta-la-tortilla.html
Leed y pensad si vale la pena quedarnos sólo con lo negativo o es mejor buscar el lado bueno de las cosas.
Revictimización y/o culpabilización
Hoy quizás, escribiendo este post, toque mi vena sensible más de la cuenta, pero esto es así.En esta semana me he dado cuenta de que con palabras, muchas veces sin querer (eso espero)y porque no sabemos cómo actuar en determinadas situaciones, tendemos a culpabilizar de una situación a quien, en realidad, es la víctima de la misma.
Frases como: «es que no ha contado nada», «no teníamos ni idea», «es que en cuanto ustedes lo han sabido tenían que haberlo comunicado para actuar», «pues yo la he visto siempre bien», «pero si tiene su grupo de amigas/os», etc. Todas estas frases, sin querer, lo que hacen es hacer sentir mal a la persona que ha sufrido, por ejemplo, un caso de acoso escolar en la escuela.
No somos conscientes de que, en demasiadas ocasiones, aunque tengamos un grupo de amistades, aunque nos llevemos bien con nuestros padres, hermanos/as, nos cuesta mucho sincerarnos y contar lo que nos sucede en el día a día. Se hace realidad eso que solemos decir: me siento solo aunque esté rodeado de mucha gente.Hablar de los sentimientos cuesta, hablar de situaciones dolorosas o incómodas también cuesta. No nos han enseñado a identificar nuestros sentimientos, a saber gestionarlos, a expresarlos sin temor. Según nos vamos haciendo mayores, perdemos esa frescura, la inocencia que nos caracterizaba y también perdemos ese desparpajo que hacía que dijéramos lo que pensábamos y lo que sentíamos sin pararnos a pensar si estábamos haciendo bien o mal.
Entonces, para no reconocer que no hemos sabido estar donde teníamos que estar o que no hemos sido capaces de ver cuándo una persona está mal anímica y psicológicamente, nos escudamos en decir: «es que no nos ha contado nada» y no somos conscientes del daño que con esa frase estamos haciendo a la otra persona.

La etapa de la adolescencia es complicada: cambio hormonal, descubrimiento de nuevos sentimientos, encontrarnos en esa época de «somos mayores, pero no tanto», empezar a tener responsabilidad, los estudios, la familia, las amistades, proceso de maduración,… Suma y sigue.
Si un/a adolescente sufre insultos, vejaciones u otras situaciones incómodas en su centro escolar, cuando sale de paseo, en el cine… lo peor que podemos hacer es echarle la bronca porque no ha contado nada. Las madres, padres y educadores tenemos una posición difícil, pero tenemos que saber actuar con tacto para que la juventud pueda confiar en nosotros/as y sepan que pueden acudir a nosotros/as cuando vivan una situación complicada.
No es cuestión de lavarse las manos escudándonos en un «no teníamos constancia. No nos ha dicho nada. No hemos detectado nada», es una cuestión moral, ética el implicarnos desde que conocemos el caso o la situación y tratar de que esa persona se sienta mejor y que no vuelva a suceder, poniendo los medios disponibles.







