Recomendación literaria para madres y padres

El verano suele ser una época en la que yo trato de leer más libros que durante el resto del año. En esta ocasión creo que no lo he conseguido, pero cuando no se puede, no se puede.

En la actualidad estoy terminando un libro para padres/madres escrito a dos manos entre una mujer y su hijo preadolescente. Esta insólita pareja de escritores son de Valladolid y cada uno de ellos, desde su punto de vista, nos hablan bien clarito a las mamis y a los papis sobre cómo explicar determinados temas relacionados con la sexualidad a nuestros hijos e hijas. 

Ha sido uno de esos libros que te llaman la atención cuando vas a la biblioteca, sobre todo por el título. Así que, lo agarré, le di la vuelta y leí la contraportada para saber exactamente de qué iba. Luego, cómo es habitual en mí, lo abrí, lo hojeé y, en este caso, me detuve en las fotos, las cuales me engancharon más. 
Lástima que he tardado tanto tiempo en empezarlo, pero una vez comenzado, tengo que reconocer que se lee bastante bien y rápido. 
El joven nos muestra las dudas que le surgen sobre determinados temas (menstruación, homosexualidad, métodos anticonceptivos, etc.) y nos explica cómo lo ven los niños y las niñas de su edad y más pequeños, cómo debemos explicarles las cosas, pues tendemos a hacer un mundo de un grano de arena cuando se trata de entablar una conversación sobre algo que tenga que ver con el sexo.
Cada capítulo termina con unas recomendaciones o consejos dadas por la madre y nos habla sobre cómo abordó ella los diferentes temas con su hijo.

El lenguaje que usan es muy cercano. No usan terminología extraña ni médica, ahí se encuentra el encanto del libro (entre otras cosas).

Yo os animo a que lo leáis, pues ayudará a más de un padre y madre a establecer esa comunicación con sus hijas y hijas sobre estos temas que aún, en el siglo XXI, parecen que siguen siendo tabúes y nos da vergüenza tratarlos abiertamente.



No cambies la meta

Con los tiempos que corren, mantener una actitud positiva parece una misión bastante complicada. Lo digo con conocimiento de causa.
Parece que siempre tendemos a quedarnos con lo peor de las cosas y no somos capaces de dar la vuelta a la situación y ver las cosas positivas que tiene lo que nos ha sucedido.
Si vemos que a alguien le sucede algo malo, que lo acepta y busca soluciones con una sonrisa, nos resulta extraño y pensamos que está loco/a, que no es consciente de las consecuencias que tiene lo que le ha sucedido.
Cuento un ejemplo: hace un tiempo, a un conocido le despidieron del trabajo y, a pesar del «chasco» del principio, la bronca que te entra porque consideras que es injusto, que no se ha hecho lo necesario para no llegar a esta situación, pasados unos días, él se encontraba tranquilo, sin agobios, sin taquicardías y con ganas de afrontar nuevos retos que siempre dejaba a un lado por culpa del «trabajo». 
Parece que nos resulta más costoso buscar el lado bueno de las cosas, que somos más perezosas/os para ser positivos que para ser negativos. La negatividad parece que está inserta en nuestro subsconsciente y no nos planteamos la posibilidad de que no sea todo tan malo como nos hacen creer.
Hace unos meses se publicaba este artículo en el diario ABC donde nos presentan una guía para gente perezosa a la que le cueste ser positiva. 
Creo que varias de las cosas que escriben ya las he comentado en otro post o en varios. Éstas me las tengo que repetir constantemente cuando me entra el bajón, cuando el pesimismo se apodera de mí y quiero tirar todo por la borda. Esto me sucede bastante a menudo, no lo voy a negar, pero no dejo que me dure más de unas horas porque hay que seguir batallando y luchando por nuestros sueños, planes y metas.
Así que no seamos perezosos/as y pongamos de nuestra parte para que las cosas nos vayan saliendo bien poco a poco, sin prisas pero sin pausa.

 
 

http://www.abc.es/familia-vida-sana/20141205/abci-actitud-positiva-para-perezosas-201411101322.html

Objetos

¿Estamos en el siglo XXI? ¿Hemos retrocedido en el tiempo y yo no me he dado cuenta? Ostras, tendré que buscar en el bául de la ropa de mi abuela para ver si encuentro alguna indumentaria para ir de acuerdo a la época en la que vivimos. Pero claro, si encuentro una falda larga y una camisa que me quede ceñida,… estoy pensando… también me pueden «sacar cantares».

No, no me he vuelto loca, no estoy desvariando… simplemente estoy pensando en voz alta a raíz de las últimas declaraciones de un alcalde de un ayuntamiento español. Porque, ¡válgame Dios qué especímenes tenemos dirigiendo determinados ayuntamientos! (Y me pregunto, ¿esto lo podré expresar así o me podrán detener porque he cometido algún delito de los que aparecen en la Ley Mordaza?).
Ha dicho el alcalde de Granada: «Las mujeres, cuanto más desnudas, más elegantes. Los hombres, cuanto más vestidos, más elegantes». Su disculpa al día siguiente era que, como siempre, se había sacado de contexto, pues quería que a la fiesta a la que estaba invitando a unos estudiantes fueran con ropa cómoda debido a la ola de calor que está bañando a España en estos días.
Pero claro, si «sólo» hubiera sido este alcalde… Pero es que el ex-alcalde de Valladolid tampoco se queda atrás.

Voy a dar mi opinión, que conste, no quiero que nadie se sienta ofendido. En la diversidad está el gusto y es muy loable que alguien no opine lo mismo que yo. Pero, ante todo, tolerancia y respeto.

Resulta que nunca he escuchado de boca de ninguna PERSONA meterse con el atuendo de los hombres. Me explico. Nunca he oído decir que si un chico, más o menos guapo, más o menos resultón, va con un determinado tipo de camisa o un determinado tipo de pantalón, se le daba dar un calificativo u otro, se le considere de una forma o de otra. Esto sólo sale a colación cuando se habla de las mujeres.

Sabéis que imparto talleres en diversos institutos de la provincia de Salamanca. Lo que escuchan mis oídos es digno de plasmar en un libro. Si tuviera tiempo, lo apuntaba todo o lo grababa y, después, os lo mostraba.

Con estos adolescentes, y con algunas de mis amistades también lo he hablado, hemos tratado el tema de la vestimenta en las chicas y lo que puede significar que una chica lleve una falda más o menos corta. Para muestra, el «botón» que aparece en las dos imágenes posteriores.
Según sea el largo de tu falda, así serás tú, niña, chica, adolescente, mujer,… Cuidado con lo que te pones, no siendo que provoques demasiado o que des una imagen de ti que se aleja mucho de la realidad. Si enseñas poco, porque eres una mojigata, si enseñas mucho, eres una buscona, una provocadora, una pelandrusca… Pero, como dice mi hermana, «lo que se tiene se luce y lo que no, se pudre» o «para que se lo coman los gusanos, que lo disfruten los cristianos». 
Vamos a ver, no nos confundamos. Que yo no estoy a favor de ir medio desnudas por la calle (o medio desnudos). Yo decido qué enseño y a quién se lo enseño.
Pero no sólo con el largo de la falda se han «metido», sino también con cómo es el escote de tu camisa, camiseta… Claro, en verano, la inmensa mayoría de las chicas vamos «buscando guerra», sólo tenéis que ver el tipo de escotes tan recatados que llevamos todas.
Tengo que reconocer que, en más de una ocasión, me he planteado qué camiseta o camisa ponerme, no siendo que la gente piense lo que no es. Muchas veces, me he sentido guapa con lo que llevaba puesto, pues lo he elegido para mí, para sentirme guapa y feliz, pero después me he sentido mal al pasar al lado de algunos hombres y escuchar verdaderas burradas.
No estoy en contra de los piropos, claro que no, porque en muchas ocasiones, un piropo-halago bien dicho, levanta la moral a cualquiera. Estoy en contra de los tonos que usan determinados hombres, aquellos a los que calificamos de «viejos verdes», de su forma de mirarte y de desnudarte. 
El machismo existe aún en este siglo XXI. El color rosa y el color azul aún nos distingue a hombres y mujeres, aunque hemos sido capaces de avanzar y hemos logrado dar pasitos para lograr la igualdad. Las estadísticas y los estudios están ahí: todavía en la actualidad el número de mujeres que ocupan cargos de responsabilidad en las empresas privadas es muy pequeño, existen pocas mujeres científicas (hace un par de días leía la noticia sobre ello) pues muchas deciden anteponer la vida familiar a su carrera científica, es noticia que una mujer acceda al puesto de rectora de una universidad y, aún a día de hoy, los mensajes para felicitarnos San Valentín (quien lo celebre) son de este tipo:
Señoras, señores, no juzguemos. No permitamos ni un comentario machista más. No juzguéis por la vestimenta. Os puede gustar más o menos lo que lleve puesto una persona, podéis pensar que le sienta mejor o pero, pero respetad.
Las chicas, al igual que los chicos, pueden ser elegantes sin importar lo que lleven puesto. Que yo vista con una minifalda o con un escote pronunciado, no significa que sea una buscona, que vaya provocando o que «esté pidiendo guerra»; simplemente pienso que me queda bien, me apetecía ponerme esa ropa o me siento estupendamente así. 
Las mujeres no somos objetos sexuales, somos personas.
 
 

Pensamientos negativos

¿Quién no ha tenido alguna vez un pensamiento negativo? ¿Quién no ha pensado en algún momento que la vida se está cebando con uno/a mismo/a? 

No hace mucho, he tenido uno de esos días en los que piensas que todo es una mierda porque una sola cosa te ha salido mal o como no esperabas. De pronto te da el bajón y piensas que ya nada saldrá bien. Te regodeas, te autoflaguelas y no levantas cabeza porque es preferible seguir pensando en lo mal que te ha salido algo.

Todo lo puede generar un desengaño amoroso, una discusión con una amiga o un amigo, que te hayan dejado plantado/a cuando habías quedado con alguien y tú habías hecho lo imposible para poder quedar, una entrevista de trabajo que salió estupendamente, pero luego el trabajo se lo dieron a otra persona… Algo nos sale mal y ya pensamos que todo va a ir de mal en peor.

Muchas veces me he planteado si soy una persona positiva o negativa. Y, la verdad, depende del día. Aunque, cuando hablo con amistades y personas conocidas, dicen que lo que más les llama la atención de mí, es que siempre estoy con una sonrisa, luchando y súper-positiva.

Considero que esa tiene que ser la actitud y aptitud, aunque de vez en cuando no pasa nada por sentirnos algo negativas, pero sin pasarnos, porque la negatividad no nos va a ayudar a salir adelante. Porque ya lo dijo Buda hace tiempo:



En el enlace que dejo a continuación, nos hablan de cómo enfrentarnos a nuestros pensamientos negativos y nos relatan la metáfora del autobús y los pasajeros. Nos aconsejan que, a pesar de que nos haya pasado algo negativo, tratemos de darle la vuelta a la tortilla y ver el lado positivo. ¿Os acordáis de la campaña que hizo El Hormiguero que se llamaba «darle la vuelta a la tortilla»?
http://conseguiremoslaluna.tformas.com/2014/09/dale-la-vuelta-la-tortilla.html

Leed y pensad si vale la pena quedarnos sólo con lo negativo o es mejor buscar el lado bueno de las cosas.

Revictimización y/o culpabilización

Hoy quizás, escribiendo este post, toque mi vena sensible más de la cuenta, pero esto es así.

En esta semana me he dado cuenta de que con palabras, muchas veces sin querer (eso espero)y porque no sabemos cómo actuar en determinadas situaciones, tendemos a culpabilizar de una situación a quien, en realidad, es la víctima de la misma.

Frases como: «es que no ha contado nada», «no teníamos ni idea», «es que en cuanto ustedes lo han sabido tenían que haberlo comunicado para actuar», «pues yo la he visto siempre bien», «pero si tiene su grupo de amigas/os», etc. Todas estas frases, sin querer, lo que hacen es hacer sentir mal a la persona que ha sufrido, por ejemplo, un caso de acoso escolar en la escuela.

No somos conscientes de que, en demasiadas ocasiones, aunque tengamos un grupo de amistades, aunque nos llevemos bien con nuestros padres, hermanos/as, nos cuesta mucho sincerarnos y contar lo que nos sucede en el día a día. Se hace realidad eso que solemos decir: me siento solo aunque esté rodeado de mucha gente.
Hablar de los sentimientos cuesta, hablar de situaciones dolorosas o incómodas también cuesta. No nos han enseñado a identificar nuestros sentimientos, a saber gestionarlos, a expresarlos sin temor. Según nos vamos haciendo mayores, perdemos esa frescura, la inocencia que nos caracterizaba y también perdemos ese desparpajo que hacía que dijéramos lo que pensábamos y lo que sentíamos sin pararnos a pensar si estábamos haciendo bien o mal.

Entonces, para no reconocer que no hemos sabido estar donde teníamos que estar o que no hemos sido capaces de ver cuándo una persona está mal anímica y psicológicamente, nos escudamos en decir: «es que no nos ha contado nada» y no somos conscientes del daño que con esa frase estamos haciendo a la otra persona.


La etapa de la adolescencia es complicada: cambio hormonal, descubrimiento de nuevos sentimientos, encontrarnos en esa época de «somos mayores, pero no tanto», empezar a tener responsabilidad, los estudios, la familia, las amistades, proceso de maduración,… Suma y sigue. 

Si un/a adolescente sufre insultos, vejaciones u otras situaciones incómodas en su centro escolar, cuando sale de paseo, en el cine… lo peor que podemos hacer es echarle la bronca porque no ha contado nada. Las madres, padres y educadores tenemos una posición difícil, pero tenemos que saber actuar con tacto para que la juventud pueda confiar en nosotros/as y sepan que pueden acudir a nosotros/as cuando vivan una situación complicada.
No es cuestión de lavarse las manos escudándonos en un «no teníamos constancia. No nos ha dicho nada. No hemos detectado nada», es una cuestión moral, ética el implicarnos desde que conocemos el caso o la situación y tratar de que esa persona se sienta mejor y que no vuelva a suceder, poniendo los medios disponibles.

Ebook o libro en papel?

En mi casa tenemos discusiones sobre este tema. ¿Ebook o libro? 
Tengo que reconocer, aunque quien me conoce ya lo sabe, que mi sueño es tener una casa donde una sola habitación esté dedicada sólo a libros. Las cuatro paredes cubiertas por estanterías llenas de libros, hasta el techo.
Cuando era una niña, tenía la facilidad de estar leyendo, al mismo tiempo, dos o tres libros y enterarme de la trama de ellos sin ningún problema. Incluso, en ocasiones (muchas, la verdad), un mismo libro lo leía tres, cuatro o cinco veces (así tengo algunos de sobaditos, los pobres). 

Con la llegada de las nuevas tecnologías, éstas también llegaron a la lectura. Se crearon los ebook. La verdad es que nos facilitan bastante las cosas, pues con ellos no tenemos problemas de espacio en la casa y, sobre todo, si compartimos hogar con otras personas, no nos tenemos que pelear por tener un lugar donde apilar nuestros libros. En cuanto al precio, también tienen su ventaja, pues son algo más baratos (me refiero a los libros que te descargas para el ebook); aunque, en ocasiones, la diferencia con un libro en papel es escasa.

Tengo que reconocer que, aunque estoy consiguiendo que una pared de una habitación se vaya cubriendo de libros, tengo un ebook. Pues existe un dicho o frase hecha que dice: para derrotar al enemigo, tienes que conocerlo. 
Lo cierto es que, últimamente, no le hago mucho caso y el pobre me está pidiendo a gritos que no le ignore. Pero es que no puedo. Me tira bastante más tener que pasar páginas de papel que darle a un botoncito. Además, los libros que puedo leer son más bien escasos, pues suelo descargar aquellos que existen en páginas gratuitas. Además, en la actualidad, la inmensa mayoría de los libros que tengo que leer están relacionados con los estudios y, lo siento, soy muy maniática, necesito subrayar, anotar, hojear… y yo lo de leer en una pantalla lo llevo mal: me canso, no me concentro, me entretengo…

En resumen: esta apasionada de los libros prefiere, sin lugar a dudas, los libros que se pueden comprar en las librerías. Poder ir a una de ellas, pasear por los pasillos, buscar un libro, mirar todos, leer la contraportada, el resumen, valorar si te interesa o no… Oler sus páginas, pasear los dedos por sus líneas, soñar con la historia que te narra, llorar y/o reír con sus protagonistas… Hay ciertas cosas de las que he enumerado, que con un ebook no se pueden hacer. A pesar de que, para los tiempos actuales, un ebook pesa menos que un libro y es más cómodo de llevar, por ejemplo, en los transportes públicos.

En el enlace que os dejo al final del post nos hablan de las ventajas de leer un libro de papel antes de irse a dormir. ¿Qué opináis vosotros/as?

 

http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/12/141223_salud_ebooks_libros_electronicos_luz_dormir_ig?ocid=socialflow_facebook