El embarazo. El parto

Soy fan de la serie «Madres» que se puede ver en Prime Video. Considero que es una buena serie donde se aborda el rol de las mujeres como madres, lo que nos supone esto, lo que nos han dicho que significa, lo que la sociedad y la historia nos han contado que debemos hacer cuando nos convertimos en madres por convicción, porque es lo que toca o porque nos dejamos llevar y al final accedes a lo que se supone que tiene que ser otro paso más en la vida de toda mujer.

De forma secundaria se habla del papel del hombre como progenitor. Nos muestra los roles adquiridos en esta sociedad que aún sigue siendo patriarcal: sustentador del hogar, ocupando el espacio público, sin demostrar sentimientos, anteponiendo su trabajo, su vida a todo lo demás; porque ya está la madre para sacrificarse, renunciar, cuidar y ocuparse de todo lo relacionado con las criaturas que son responsabilidad de ambos, pero que la cultural patriarcal ha dicho que es tarea sólo de nosotras.

Tercera temporada de «Madres». Podría parecer que se está alargando la cosa en exceso (como dice mi madre), pero en esta temporada nos muestran el concepto de madre «moderna». Digo moderna porque se convierten en madres en el siglo XXI, cuando, en teoría, hemos avanzado mucho en materia de igualdad, las peticiones del feminismo están obsoletas y nos quejamos, las mujeres, por puro vicio.

Gracias a todos estos años de estudio, de lectura sobre feminismo (y lo que me queda), de investigación, de reflexión, de conversaciones… he sido capaz de identificar situaciones, una en concreto, sin necesidad de que el guión me lo dijera. Además, en cierto sentido, pude verme reflejada en la historia de Raquel (coincidencias, destino o casualidad): una madre primeriza que quiere vivir su parto soñado y, a la que, todo se le tuerce y se convierte en un ser que ni merece ser oído ni al que se le permite hablar.

En esta temporada, en otros temas, se aborda el tema de la «violencia obstétrica». Ésta se define como las prácticas y conductas realizadas por profesionales de la salud a las mujeres durante el embarazo, el parto y el puerperio, en el ámbito público o privado, que por acción u omisión son violentas o pueden ser percibidas como violentas. Incluye actos no apropiados o no consensuados, como episiotomías sin consentimiento, intervenciones dolorosas sin anestésicos, obligar a parir en una determinada posición o proveer una medicalización excesiva, innecesaria o iatrogénica que podría generar complicaciones grave. Pero también se puede producir una violencia psicológica que se puede realizar, por ejemplo, dando a la usuaria un trato infantil, paternalista, autoritario, despectivo, humillante, con insultos verbales, despersonalizado o con vejaciones. («La violencia obstétrica: una práctica invisibilizada en la atención médica en España», Javier Rodríguez Mir y Alejandra Martínez Gadolfi).

Es tu cuerpo, tu embarazo, tu futura/o pequeña/o, tu parto… y no te tienen en cuenta, no te informan, no te explican los pasos a realizar, las consecuencias… y, en ocasiones, te conviertes en un «mono de feria», sin pedirte permiso, para un grupo de estudiantes.

Viendo estos capítulos en los que se trata de este tipo de violencia tan invisibilizada (más que otras violencias sufridas por mujeres) fui consciente de mi propio parto.

Una joven más asustada que otra cosa. Nerviosa. Expectante. Concentrada en la respiración para no sentir tanto dolor (nada de epidural, no entraba por la Seguridad Social, qué conste). «Disfrutando» de la habitación con vistas (ironía). Sentada en un sillón, espatarrá porque era como mejor se encontraba. Paseos desde las 4.00 de la mañana. Y después de unas 5 ó 6 horas, te obligan a tumbarte en la cama y ya no moverte más hasta el momento de caminar hasta el paritorio. Te atan (me vais a perdonar, pero hace 22 años yo me sentí así) a los monitores para «controlar» las contracciones y el latido del bebé. Entran en la habitación cada X rato (que se te hacen eternos) y te miran los centímetros de dilatación. Pasan las horas y los turnos (los 3: noche, mañana y tarde). Y te felicitan porque, tan joven, lo estás haciendo muy bien (no gritas, no lloras), no como las otras mujeres de otras habitaciones que las escuchas gritar de dolor, pero yo bien. Inspira por la nariz, expulsa el aire por la boca. Piensa en el objeto que has elegido en las clases de preparación al parto para relajarte (una manzana, sí, raro, lo sé). Respira cuando sientas la contracción. Dolores cada vez más y más intensos y pasan de ti. Con 8 ó 9 cm de dilatación desde hace horas. Al final sale la «bruja» que llevas dentro y das un ultimatum: o vienen a echarme una mano o sale ya, imposible contener las ganas de empujar.

Caminando hasta el paritorio. Túmbate. Empuja. Respira y empuja. La matrona/enfermera se sube encima de tu gorda barriga porque la/el bebé está tan bien dentro de ti, que ha decidido que no quiere salir. Sufrimiento. Lágrimas. Ahí ya sí hay gritos (me lo dice mi madre después). Y sale. Alivio. Llora (normal, con lo a gusto que se encontraba y tiene que salir a este frío mundo). La ponen en tu pecho. Sonríes. Tu bebé. Tu niña. Pero aún no se ha acabado. Falta la placenta. Un último empujón. Cansancio. Ahora queda coser. ¿Coser? ¿Cuándo me han hecho los cortes (episiotomía)? ¿Por qué? A dolor vivo. Ahí sí los gritos son enérgicos. Para. Cara de preocupación. Hemorragia. Llamada al ginecólogo de urgencias. Cara de fastidio (lo veo y eso que ni llevaba las gafas ni, por supuesto, las lentillas). Exploración sin ningún tipo de cuidado. Hay que parar la hemorragia porque si no se consigue, hay que ir a quirófano (habla al aire, a la habitación, a la matrona/enfermera). No, no. Quirófano no. Acción enérgica. Silencio por tu parte. ¿Qué ha pasado? Dolor. Dolor intenso. Te muerdes los labios y te agarras al «potro de tortura». Contención de la patada que darías a ese hombre, que parece enfadado por haberle molestado en su guardia, con las pocas fuerzas que te quedan. Se marcha. Te quedas tumbada en la camilla aguantando el dolor. Ojos y labios cerrados con fuerza. La matrona/enfermera te lleva a la habitación. Te ayuda a cambiarte e inicia un monólogo quejándose de la actitud del ginecólogo. Tú sólo quieres tumbarte y descansar. Exhausta. Dolor.

Amnesia de algunos de los recuerdos.

Y, de pronto, viendo un capítulo de la tercera temporada de «Madres», te das cuenta que has sido víctima, hace 22 años, de violencia obstétrica y que tú no lo sabías hasta ahora. Y entiendes, en cierto sentido, lo que ha podido sentir esa mujer que está interpretada por una actriz y lo que han podido sentir cientos y cientos de mujeres que ven como su cuerpo cambia y sus hormonas se revolucionan y que, cuando llega el momento de parir, e incluso antes, nadie la informa y la tratan como un mueble bajo la frase «lo importante es que todo salga bien», actitud paternalista.

Sólo pedimos que se nos tenga en cuenta, que nos hablen, que nos cuenten, que sean seres empáticos en ese momento y siempre… Si te explican las cosas tú podrás gestionarlo de otra manera, sabrás cómo hacerlo. Si tú no cuentas en uno de los momentos más trascendentales de tu vida, ¿cuándo? Sigue siendo tu cuerpo.

Interseccionalidad

En el 2018, justo un año después de defender la #malditatesis, se me presentó la oportunidad de realizar un curso, subvencionado (en parte) por la Comunidad de Madrid, sobre violencia sexual en el ámbito laboral. El lugar de celebración era la Universidad Rey Juan Carlos.

La verdad es que fueron 4 meses de viajes a Madrid para asistir a las clases, de agobios para presentar trabajos medianamente decentes, conflictos con las exigencias académicas, mini-debates, charlas, aprendizaje… Pero, lo mejor de todo fue el grupo de mujeres que conectamos y que seguimos en contacto para pasarnos información, ofertas laborales, etc.

En este curso, entre otras cosas buenas como volver a escuchar a Nuria Varela o Ana de Miguel, aprendí el significado de «interseccionalidad».

Quien acuñó este término fue Kimberlé Williams Crenshaw en 1989, definiéndolo como “el fenómeno por el cual cada individuo sufre opresión u ostenta privilegio en base a su pertenencia a múltiples categorías sociales”. 

Si consultamos la revista AWID, nos define la interseccionalidad como una herramienta analítica para estudiar, entender y responder a las maneras en que el género se cruza con otras identidades y cómo estos cruces contribuyen a experiencias únicas de opresión y privilegio.

Por tanto, el análisis basado en la interseccionalidad tiene como objetivo revelar las variadas identidades, exponer los diferentes tipos de discriminación y desventaja que se dan como consecuencia de la combinación de identidades.

https://www.awid.org/sites/default/files/atoms/files/nterseccionalidad_-_una_herramienta_para_la_justicia_de_genero_y_la_justicia_economica.pdf

Yo lo resumo de una manera más sencilla para que sea entendido: todas las personas estamos compuestas por diferentes circunstancias, características que nos definen, que nos hacen actuar de una manera u otra. Estas diferentes características y circunstancias hay que tenerlas en cuenta.

Un hombrecillo de 6 años ha dicho que todas las personas somos iguales aunque somos diferentes. (Diego)

El mundo está lleno de diversidad que enriquece.

Ayer tuve la suerte de «unir» dos países separados por kilómetros y por un océano. Impartí una charla-conferencia a la Coletiva Nísia Floresta de Natal de Rio Grande do Norte (Brasil).

Esta charla-conferencia es el claro ejemplo de lo positivo que tienen las redes sociales. Como a través de ellas pueden surgir cosas bonitas, a pesar del Covid-19; como las personas, en este caso grandes mujeres, se pueden unir y hacer actividades que conlleven aprendizaje mutuo, escucha activa, empatía, sororidad, todo ello con un objetivo común que es la lucha por los derechos de todas las mujeres y acabar con la violencia de género en todas sus expresiones.

En esta charla hablé de mi libro «Revictimizadas: migrantes y víctimas de violencia de género». Expuse cómo las mujeres migrantes en España son revictmizadas por el hecho de ser mujeres, migrantes, víctimas de violencia de género y, en algunos casos, por encontrarse en España en situación administrativa irregular.

Aunque ellas me dicen que contar conmigo es un honor, lo cierto es que yo estoy tremendamente agradecida porque me acojan en su Colectiva, que me den la oportunidad de unir dos culturas, de seguir aprendiendo de las mujeres latinoamericanas, de escuchar sus vivencias y experiencias y de buscar caminos para trabajar en red y de estudiar e implantar herramientas para fomentar la igualdad y acabar con la violencia de género en todas su formas.

Creo que podemos hacer cosas muy interesantes desde la Coordinación de Interseccionalidad y Diversidad (que yo coordinaré) y el resto de coordinaciones que tiene la Colectiva. La unión entre ambos países ya es un hecho. No dejéis de leerme porque avisaré.

¡VAMOS JUNTAS!

Series y más series

Una de las cosas positivas que ha hecho esta pandemia es que admire más la cultura en todas sus vertientes.

Creo que he leído más, he comprado más libros (la escasez económica ha hecho que sea mucho más selectiva con lo que compro), he escuchado música para hacer más llevaderos los momentos de estudio o de trabajo, he visto más películas y más series (gracias a las plataformas de pago y de no pago). No he ido más al cine y al teatro y, la verdad, lo echo en falta.

Llevaba ya, algunos años, acudiendo al teatro en Madrid (musicales sobre todo) acompañada de R. Este año las restricciones de movilidad y nuestra responsabilidad han hecho que nos saltemos la «tradición». Vendrán tiempos mejores. A pesar de todo, R. se está resarciendo y está aprovechando su descuento joven asistiendo a todas las obras que puede en su ciudad de estudio.

Hoy, en esta mañana lluviosa de domingo, vengo a hablaros de 3 series de las que seguro habéis leído por redes alguna que otra crítica.

Empiezo por la última que acabo de ver.

«Emily en París».

Una joven estadounidense sueña con ir a París, lugar emblemático de la moda, el romanticismo, a trabajar. Su sueño se hace realidad y tiene que convivir en una ciudad que la enamora, pero en un lugar de trabajo donde su nueva jefa parece que no la acepta como ella quisiera, acostumbrada a caer bien a todo el mundo.

El mundo de la moda, el marketing, las relaciones personales en un país extraño, el amor, el sexo, el sexismo, el machismo…. Se dan cita en esta serie. Emily da su opinión norteamericana sobre la moda, sobre la visión de la mujer en el medio audiovisual… Trata de que las cosas cambien, a pesar de encontrarse con la reticencia de su nueva jefa. Las cosas no se hacen de la misma manera en París y en Chicago. Ella logra salir airosa de todos los obstáculos y conflictos que se le plantean. O no.

Abrirse un hueco en la ciudad del amor, aprender, vivir… Eso parece que es lo que quiere conseguir Emily alejada de la comodidad de su ciudad natal.

Se ven los estereotipos que «caracterizan» a los franceses; la lucha de Emily por mostrar una imagen de la mujer menos sexualizada en los productos que publicitan; lucha de la protagonista por romper con las tradiciones francesas en torno al flirteo…

Es una serie entretenida, divertida que une dos culturas.

«Los Bridgerton».

Esta serie me salía en recomendaciones, y ya le había echado el ojo, antes de que @lavecinarubia empezara a hablar de ella en sus stories de Instagram y nos deleitara con sus ingeniosos comentarios sobre el nuevo Duque «empotrador». No más comentarios señoría, jajaja.

En esta serie se nos muestra una sociedad inglesa del siglo XIX utópica, donde no existe la discriminación racial; donde una persona de raza blanca se casa con una persona de raza negra y no es la comidilla de la sociedad, ni se ve como algo extraño. Sólo tenemos que ver que la reina inglesa es negra.

Pero la sociedad que muestra nos enseña las reglas tan rígidas existentes entre lo que se espera de una mujer cuando es presentada en sociedad y lo que se espera de un hombre. Los estereotipos y roles están bien delimitados y encorsetan a ambos sexos.

La hermana de la protagonista quiere romper moldes, no se quiere casar cuando sea presentada en sociedad, sino que quiere vivir su sueño de escribir, aprender, ser independiente y libre. Su hermano, el segundo en la línea descendente, le encanta el dibujo, la pintura, pero no se atreve a hacerlo público.

La protagonista, Daphne, sabe que todas las miradas están puestas en ella al ser presentada en sociedad, pues debe casarse en esa «temporada» si no quiere dañar la imagen de la familia. Pero también quiere tomar las riendas de su vida, de alguna manera, decidiendo con quién casarse y, si puede ser por amor, mucho mejor.

La sociedad manda a estas niñas al matrimonio con desconocimiento. Nadie les habla de lo placenteras que pueden ser las relaciones sexuales, las cuales no son, únicamente, para tener descendencia (lo que toda mujer quiere en esta vida), que pueden leer y eso no es malo,…

En esa época no te podías quedar a solar con un varón porque eso mancillaría el honor de la familia, el cual debería ser restaurado mediante un duelo al alba, sin que pillaran a quienes se batían en duelo porque era ilegal.

El primogénito, varón, al morir el padre, cabeza de familia, debía hacerse cargo de la familia. No había discusión. Debía buscar, con cautela, una buena esposa y dirigir a la familia para que no se saliera del redil. Todo ello, dejando de lado sus verdaderos deseos y sueños. El arte es entretenido, es bueno, pero casarte con una cantante no está bien visto. Son demasiado libertinas.

La mujer no podía conocer varón antes del matrimonio, pero el hombre debía acudir a los burdeles para descubrir el placer del sexo porque es lo que se espera de él.

Aún me quedan dos capítulos, dos horas de serie, para terminar y ver en qué depara el momento de crisis en el que he dejado a los protagonistas.

No, no hablo del Duque. El adjetivo que ha usado @lavecinarubia creo que lo dice todo. Sólo diré que se muestra a un hombre (en las escenas íntimas) que se preocupa por que la mujer se sienta bien y descubra el placer por ella misma. Algo extraño en series y, más, en una ambientada en hace dos siglos.

«Little fires everywhere».

Ésta ha sido de las primeras series que he visto durante el confinamiento. Me llamó la atención el trailer y que una de las protagonistas fuera Kerry Washington.

La verdad es que al principio el papel de Kerry me confundía bastante. Pero era aceptable. Lo que me ponía de los nervios era el personaje de Reese Witherspoon. ¡UUUUUFFFFFF! Me sacaba de mis casillas: todo medido al milímetro, hija e hijo perfectos, hija pequeña a la que hay que atar en corto y manipular para que sea perfecta, trabajo perfecto, marido perfecto e impoluto. ¡Ufff! Lo dicho, irreal y que me ponía de los nervios.

Esta vida «idílica» contrasta con la vida que lleva el personaje interpretado por Kerry: cada pocos meses cambiando de ciudad o pueblo, todos sus bienes caben en un coche, se dedica al arte (fotografía, escultura…) pero tiene otros empleos para sobrevivir y mantener a su hija. Ésta acepta la vida nómada e itinerante hasta ese momento.

En esta serie se habla del concepto de familia, de que ansiamos lo que no tenemos y repudiamos lo que tenemos, de las relaciones madre-hija/o, de las relaciones marido-mujer, de la compra-venta de bebés, de la ética y la moral de esta práctica.

Y hasta aquí puedo escribir.

Disfrutad de la cultura que nos divierte y nos ayuda a abrir la mente.

Libros y reflexión

¿Cuánto hacía que no os hablaba de un libro?

Que no lo haya hecho no significa que no haya leído. Unos cuantos han caído durante el fatídico 2020 y otros tantos tengo en mente leer este 2021 que ha empezado con fuerza.

Hoy os vengo a hablar de tres libros, tres, de la autora Raquel Díaz Reguera. Tres álbumes ilustrados que consideran infantiles, pero que yo considero que deben ser leídos por cualquier persona, de cualquier edad.

El primero de los álbumes que os propongo leer, primero de manera individual y después con un/a peque, es «Cuando las niñas vuelan alto«.

En él, Raquel describe lo que nos sucede a las niñas desde que nacemos (y a los niños, a su manera, también). Cuando somos peques tenemos unos sueños, saltamos, jugamos, brincamos… no vemos el peligro, somos seres inocentes. Somos tal cual. Según vamos creciendo la banda de «Don Noloconseguirás» empieza a hacer de las suyas y te va metiendo piedritas en tu mochila, zapatos para que no te salgas de la senda que la sociedad nos ha marcado.

El segundo de los álbumes es la continuación de éste. En «Las niñas serán lo que quieran ser«, Raquel aborda el tema del techo de cristal, o de hormigón, que nos encontramos cuando vamos creciendo. La banda de «Don Noloconseguirás» ha integrado a nuevos miembros, tan malvados como los anteriores. Pero no contaban con las alas tan maravillosas y potentes que tienen las protagonistas que se unen al resto de niñas para combatirlos y hacerlos desaparecer.

Por último, os muestro un álbum que ha salido «recientemente» de la imprenta: «El cofre de la amistad«.

En este álbum (en realidad yo lo catalogaría como un libro ilustrado por el número de páginas: 79 con ilustraciones maravillosas, cuentos, reflexiones…).

¿De qué tema trata? Pues de la amistad, por supuesto, y de los elementos que son necesarios para descubrir qué amistad es verdadera y nos hace bien y aquella que es interesada y que nos hace de todo, menos bien.

A través de un trabajo de clase, la autora nos anima a que encontremos las similitudes entre 10 objetos y la amistad.

Como personas adultas, también es necesario que nos detengamos a analizar qué entendemos por la amistad y a descubrir si las personas que dicen que son nuestras amigas, realmente lo son o no.

Los libros son algo más que una forma de entretenimiento. Nos ayudan a fomentar la imaginación, a reflexionar, a criticar, nos dan información, nos educan, nos ayudan a plantearnos, a cuestionar lo que nos rodea… También fomentan el diálogo en las familias.

No dudes leer en compañía. No dudes en ser un ejemplo.

Amor romántico, romántico amor

Allá, por el 2014, antes del verano, empecé a ver la serie «Ciega a citas«. Después, como consecuencia del trabajo, creo, tuve que dejar de verla (incompatibilidad de horarios). Eso sí, me enganchó tanto que me leí el libro.

Este año, al descubrir en una plataforma de pago la serie (su protagonista, Teresa Hurtado de Orly, también lo anunció en redes sociales), me he enganchado a ella y la he disfrutado. Me he reído, he llorado (soy muy llorona), la he analizado, he sido crítica… Lo malo es que los últimos 15 capítulos no los tenía esta plataforma de pago y he tenido que buscar y buscar para terminar de verla. Anoche lo conseguí. Me emocioné. Sonreí.

Esta serie nos muestra las contradicciones que diariamente vivimos, las encrucijadas que tenemos que desenmarañar, las decisiones existenciales que nos corroen por dentro, las relaciones madres-hijas/padres-hijas, las relaciones de amistad, lo importante que es comunicarse bien y ser valiente para expresar lo que realmente se siente, cómo nos autoengañamos consciente o inconscientemente…

Pero también habla de machismo y de feminismo. Con las contradicciones que, en muchas ocasiones, las feministas tenemos porque nos encontramos en una sociedad machista y patriarcal y nos han educado teniendo como base este machismo.

Tenemos al protagonista (Octavi Pujades) que es el prototipo de hombre vanidoso, egocéntrico, machirulo para el que las mujeres son objetos de usar y tirar. Pero a la vez tiene ese punto canalla simpático que te hace no odiarlo en exceso; aunque a veces, si lo tuvieras al lado, le darías un par de collejas y le cantarías las 40, las 50…

El reverso lo tenemos en el personaje interpretado por Álex Gadea. Un cultureta, con unos principios bien arraigados, abanderado de la lucha social y contra el machismo, divertido, serio, buen amigo y compañero, quien valora a una mujer por lo que es, no por lo que la sociedad dice que tiene que ser.

La protagonista (Teresa Hurtado de Orly, muy maja por redes sociales, por cierto) es una chica independiente, pero llena de complejos que acrecienta su alocada madre, quien está presa de todos los estereotipos de género que nos podemos imaginar. Tiene una lucha constante con la báscula, por culpa de los estereotipos en torno a la belleza y la competencia entre hermanas que instiga la madre. También tiene el runrún de encontrar pareja, porque claro, cómo ella, cara de sapito, gordita, vestida siempre de negro…va a tener novio. Para la madre, muy «moderna» ella que fue Mis Torrevieja 1974, lo importante, la meta de toda mujer es casarse bien.

De ahí, de esta idea retrógrada, nace la apuesta madre-hija: encontrar novio, adelgazar y no vestir de negro para la boda de su hermana.

Ojo, lo de adelgazar no lo veo mal, siempre y cuando sea por motivos de salud y no por los arquetipos de belleza que la sociedad, en general, nos impone.

Y aquí están las incongruencias o incoherencias, tan habituales en nuestra sociedad, en nuestro imaginario y en nuestra vida feminista.

Mientras la protagonista (y varios de los/as personajes) tienen un discurso anti-machista durante varios capítulos y escenas: las mujeres podemos hacer lo que nos propongamos, las mujeres valemos más que para limpiar, las mujeres somos auto-suficientes, los hombres pueden mostrar sus sentimientos, los hombres pueden ocuparse del hogar (como hace el padre de la protagonista)… Tenemos, por otro lado, la apuesta madre-hija, el «amor» que siente la protagonista por su compañero (Octavi Pujades) a pesar de que pasa de ella, que se aprovecha de la relación, etc. Cuando ha conseguido des-enamorarse, le dice cuatro chorradas o le expresa su amor incondicional y ella vuelve a caer rendida a sus pies, más por auto-engaño que por amor verdadero. Es esa locura que nos ciega y no nos deja ver la realidad.

Porque el amor romántico está presente en nuestras vidas. Bueno, más bien, el engaño del amor romántico, más que el romántico amor.

Otra forma de forma de romper moldes es que quien dirige la emisora es una mujer (Marta Nieto). Lo hace bien. Tienes sus ideas, su forma de llevar las cosas (diferente a la de su padre, el dueño de la emisora), pero luego se deja manipular por lo que él dice, sin saber imponerse o dar su opinión sin tener miedo y dudando de sus capacidades.

Como en la vida misma: sabemos que somos capaces de hacer las cosas, pero siempre hay un hombre que nos hace dudar de ellas y nos muestra cuál es nuestro camino hacia la meta que tenemos que conseguir.

El feminismo es esto: replantearte las cosas que te rodean, todas las ideas que han ido naciendo en tu interior, darles las vuelta, mirarlas con unas gafas distintas y ser consciente de la necesidad de cambio.

Aún nos queda mucho camino. Aún tenemos que cambiar muchas cosas propias, para, después, seguir cambiando la sociedad, hacer remover los cimientos de un machismo que está arraigado en nuestra sociedad, cultura; en nuestro día a día al fin y al cabo.

Esta serie, de alguna manera, muestra ese cambio, esa lucha casi sutil por replantear las cosas y los principios sociales.

Creo que vamos por buen camino. Un camino que no está libre de obstáculos y piedras que salvar.

Al final, será la princesa con armadura la que luche al lado del príncipe, lleno de dudas y miedos, mano a mano, de igual a igual, para cambiar el final del cuento.

#GenerandoRedes

El viernes 13 de noviembre tuve una cita, online, con la igualdad.

Me volví a reencontrar con mis compañeras y amigas de Generando Igualdad. Fue un encuentro público que se hizo de rogar, pues, en realidad, se tenía que haber producido el jueves 12; pero problemas técnicos lo impidieron. Así que tuvimos que aplazar nuestra cita con la igualdad y la lucha contra la violencia de género para el día siguiente.

La idea era retomar la presentación de mi libro «Revictimizadas: migrantes y víctimas de violencia de género» que no se pudo realizar en el mes de abril en Madrid.

Una hora cuando la tenemos que compartir Montse y yo, no da para mucho. Por eso quiero traer aquí algunas de las preguntas que se quedaron en el tintero porque la conversación no dio para más.

GI: La ideología de género y la división sexual del trabajo (trabajo doméstico y cuidado) son cruciales para comprender quién migra y por qué. Las mujeres, que generalmente tienen menor control sobre los recursos materiales y simbólicos, son «enviadas», en ocasiones, a trabajar al extranjero, mientras que otras veces se les impide hacerlo. ¿Cómo viven ellas el proceso de migración?

R.L.M: Las mujeres migrantes, durante muchos años, han sido invisibilizadas en las estadísticas e informes que se encargan de estudiar las migraciones. Se pensaba que viajaban a remolque de los hombres; cuando, en numerosos casos, no era así. El proceso de migración lo viven con sentimiento de culpa por lo que dejan en su país de origen, con miedo y, en ocasiones, con falsas expectativas de encontrarse lo mejor de lo mejor. Cuando aterrizan en el país de destino, se dan de bruces con la realidad que se aleja mucho de la situación bucólica que se habían imaginado. Pero, además, tienen que luchar contra los prejuicios y el estigma.

GI: La desconfianza y la falta de recursos aumentan su vulnerabilidad ante situaciones de violencia por lo que, requieren un tipo de intervención y asistencia diferente. ¿En qué debería poner el foco o qué factores debería tener en cuenta esa atención más especializada?

R.L.M: Hay que tener en cuenta las características personales de cada mujer. Pero no sólo por ser migrante. Cada persona, en general, tiene una historia de vida: una personalidad, unas carencias, unas virtudes,… Es necesario trabajar basándonos, no sólo en la perspectiva de género y feminista, sino también teniendo en cuenta la interseccionalidad. Maravillosa palabra (y concepto) que aprendí en un curso de especialista que hice hace un par de años.

GI: Y sobre ellas sobrevuela el falso mito de las denuncias falsas para conseguir papeles… ¿Cómo desmontarlo?

¿A qué dificultades se enfrentan las mujeres migrantes cuando quieren denunciar, sobre todo si su residencia no es legal?

R.L.M: Datos, datos y más datos. Si nos vamos a las cifras oficiales en relación con los feminicidios o asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o exparejas, a fecha de hoy, 41 mujeres han sido asesinadas. De éstas, sólo 6 habían interpuesto denuncia. Esto quiere decir que no toda la violencia de género que se produce se denuncia. De esta cifra, 17 mujeres asesinadas eran nacionales de otro país.

Las mujeres migrantes perciben, en la mayoría de los casos, a las instituciones públicas como una amenaza en lugar de como una forma de obtener protección. En muchos casos, estas mujeres tienen unas experiencias negativas cuando han solicitado ayuda de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad de su país de origen, por ejemplo.

También carecen de una red social de apoyo. Su familia se ha quedado en su país. Su círculo de amistades es escaso o inexistente porque dedican la mayor parte de su tiempo a trabajar o porque su pareja se ha preocupado de aislarla (igual que sucede con las mujeres nacionales españolas).

En otras ocasiones tienen miedo a ser expulsadas del país porque carecen de una situación administrativa regular; pues su pareja se ha quedado con su documentación, porque ésta se ha caducado y no puede renovarla porque depende de su pareja, etc. Miedo. Y el miedo es libre.

Falta de información y desconocimiento de los lugares, entidades que le pueden prestar ayuda.

GI: Tu libro ofrece un recopilatorio de recursos para profesionales, ¿verdad?

R.L.M: Mi libro no ofrece un recopilatorio de recursos. Mi libro recoge entre sus páginas las conclusiones a las que llegué después de hablar con 27 profesionales de diferentes ámbitos: Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, Abogadas y Abogados de ONG’s, psicólogas, trabajadoras sociales, profesionales de organismos provinciales, políticas nacionales y de Castilla y León, profesionales de la sanidad, etc.

Pero no sólo esto, sino una ardua investigación de más de 4 años. Llevando a cabo un análisis de la situación, centrándome en Castilla y León.

GI: En otro ámbito de cosas, ¿crees que el término violencia de género se vería mas reforzado en su totalidad si se tratara como en América Latina de feminicidio?

RL.M: Tenemos que tener claro que el feminicidio, según Marcela Lagarde, es el asesinato de mujeres, siendo la cúspide del iceberg que nos mostraba gráficamente Amnistía Internacional. ¿Debe emplearse? Sí. Hay que avanzar en la terminología. Para ello es necesario unificar conceptos y tenerlos claros. Pero no podemos olvidar que el feminicidio es una de las formas de ejercer violencia sobre las mujeres, por el hecho de ser mujer. Se trata de otra forma de mostrar el abuso de poder, la desigualdad y discriminación existente entre hombres y mujeres.

GI: ¿Cuál ha sido tu experiencia trabajando con mujeres víctimas de violencia de género?

R.L.M: He tenido contacto con mujeres víctimas de violencia de género gracias a los talleres de empoderamiento que realicé, en su momento, en Cruz Roja Salamanca y en Generando Igualdad. Después, por mi trabajo como técnica en prevención y sensibilización, se han acercado a mí mujeres de diferentes edades para contarme sus experiencias o solicitando ayuda en la asociación en la que he trabajado.

Mi experiencia en los talleres fue fantástica. He conocido mujeres de diferentes tipos, de distintas clases, de distintos lugares que lo que querían era vivir tranquilas, en paz consigo mismas. Son mujeres valientes, aunque no lo sepan, con arrojo y con ganas de tirar para adelante.