Aunque no lo creas

Las relaciones interpersonales son complicadas. De verdad que lo son. Aunque a veces pienso que somos nosotras quienes las complicamos.

En la niñez, somos inocentes y verdaderamente personas auténticas, sin filtro. Esa ausencia de un filtro y una moderación nos hace seres auténticos.

Según vamos creciendo, complicamos las cosas de una manera desproporcionada. Parece que nos ponemos una coraza en la que tienen que resbalar los sentimientos y las opiniones del resto de personas. Lo único importante somos nosotras.

Las relaciones con la familia, con las amistades, en el centro educativo, en el entorno laboral después…se suelen convertir, en ocasiones, un auténtico campo de minas. Cuidado con lo que dices, con lo que haces, cómo lo dices, cómo lo haces… si no quieres que te señalen y te hagan el vacío. Si te apartas de lo «normal», si eres demasiado ruidosa mal, si pasas desapercibida nadie te tendrá en cuenta, si sobresales te apartan…

De las relaciones en el trabajo voy a hablar.

Pensamos que el acoso únicamente se da en el centro educativo por iguales y pasamos de largo cuando se produce en la edad adulta o, al menos, casi ni lo tenemos en cuenta. La carga mental para quien sufre acoso en el entorno laboral es muy pesada.

El acoso laboral, o mobbing, consiste en realizar acciones ofensivas o humillantes contra una persona trabajadora de forma continuada en el lugar de trabajo. Esta acción es considerada un delito en nuestro país y, por eso, se encuentra regulado en el art. 173.1 del Código Penal:

1. El que infligiera a otra persona un trato degradante, menoscabando gravemente su integridad moral, será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años.

Con la misma pena serán castigados los que, en el ámbito de cualquier relación laboral o funcionarial y prevaliéndose de su relación de superioridad, realicen contra otro de forma reiterada actos hostiles o humillantes que, sin llegar a constituir trato degradante, supongan grave acoso contra la víctima.(…)

La Organización Internacional del Trabajo define el acoso laboral estableciendo que es la acción verbal o psicológica de índole sistemática, repetida o persistente por la que, en el lugar de trabajo en conexión con el trabajo, una persona o un grupo de personas hiere a una víctima, la humilla, ofende o amedrenta. 

Las principales características del acoso laboral son las siguientes:

  1. Sistemático y prolongado en el tiempo. Se suele considerar acoso laboral cuando se ejerce la violencia una vez por semana, mínimo, durante más de 6 meses.
  2. Existencia, al menos, de dos actores: la persona acosadora o grupo y la víctima o víctimas.
  3. Conductas acosadoras: destruir la reputación y relaciones sociales de la víctima e impedir el desarrollo de sus tareas para que finalmente abandone el lugar de trabajo.
  4. Está relacionado con la posición que ocupa la víctima en la organización. De esta forma, puede ser vertical u horizontal, si el acosador está en otra posición jerárquica o es un par de la víctima.
  5. Proceso. Atraviesa varias fases desde que se desata el conflicto hasta que la víctima es marginada o excluida de la empresa.
  6. Con efectos psicológicos, físicos y sociales. En la actualidad es considerado un problema de salud pública.

Podemos enumerar una seria de conductas que son las más típicas a la hora de realizar el acoso laboral:

  • Cambiar las condiciones de trabajo, manipular datos o información, no proporcionar útiles o herramientas, cambiar las tareas.
  • Ridiculizar o hacer correr rumores sobre la víctima.
  • Mobbing: no dirigirle la palabra al compañero o subordinado en el trabajo, confinar, destinarlo a oficinas o sectores alejados de los demás integrantes del equipo, ejercer violencia psicológica, “hacer el vacío”. Hay a su vez distintos tipos de mobbing:
    • Disciplinario: cuando se aplica la política del miedo al despido o la sanción.
    • De gestión o dirección: para conseguir una mayor productividad.
    • Estratégico: para conseguir una renuncia o la aceptación de una menor indemnización por despido.
  • Bossing. Hay un único acosador que es la autoridad jerárquica del sector, ya sea un gerente, jefe de equipo, encargado de obra.
  • Acoso moral. Es una forma de acoso muy sutil, que actúa sobre el estado de ánimo de la víctima.

Quienes ejercen el acoso, de forma deliberada o no, consideran que no están haciendo nada malo. Pero no son consciente del perjuicio que están ocasionando a quien sufre esas acciones. Juegan, sin saberlo, con lo difícil que es demostrar el daño psicológico y emocional causado. Además, también se valen de la poca implicación del resto de compañeras y compañeros a la hora de denunciar situaciones de acoso y apoyar a quien está siendo víctima del acoso.

Son acciones que no pueden quedar impunes. Pero, en primer lugar, la víctima tiene que hacer un ejercicio previo para recabar las pruebas y fortalecerse psicológicamente para el proceso que se iniciará.

Para terminar, comparto un corto que me parece muy bueno para poner un ejemplo del tipo de acoso que se suele producir. En este caso se realiza en la entrevista de trabajo: https://www.youtube.com/watch?v=2FESGj3pYWA

Migra…¿qué?

A algunas personas les salen sarpullidos cuando se trata de hablar sobre personas que vienen de otros países a residir en España.

Migración. Inmigrantes. Migrantes. Exiliados. Refugiados. Migración.

Cuidado, hay clases y clases. Tipos y tipos de personas que se desplazan por el mundo. Hay la clase A (vienen a dejar dinero a nuestro país), clase B (estudiantes), clase C (vienen a robarnos, a quitarnos a nuestras mujeres, a quedarse con nuestro trabajo) y la clase D (quienes saltan la valla y/o vienen en pateras). Así, a grandes rasgos.

Por otro lado, nos resulta gracioso, entrañable, pensar en Paco Martínez Soria en una de sus películas en blanco y negro, cuando llegaba a la gran ciudad, Madrid, proveniente del pueblo en «La ciudad no es para mí».

Eso es una película. Una ficción. ¿O tal vez no?

Se nos olvida que nuestros abuelos (y algunas abuelas) marcharon hace años de nuestro país escapando de la guerra o huyendo de una guerra que, en cierto modo, no iba con ellos. Querían trabajar para obtener dinero que enviar a sus familias que quedaron en España y que pasaban mucha hambre.

¿Se distancia mucho de lo que pretenden las personas migrantes que llegan a nuestro país? Yo creo que no. Lo que sucede es que es nuestro país el que recibe población. Se nos olvida que hay mucha juventud que marcha a otros países porque aquí no encuentran trabajo «de lo suyo» y en países de Europa se los rifan, se puede decir que literalmente, porque tienen unos estudios y una formación que escasea en esos países. Pero nuestra juventud está en el extranjero. Es algo positivo.

Sobre Migración y Migrantes son los tres libros que os recomiendo.

Uno ya lo conocía. Lo vi en la Librería Mujeres (Madrid) al poco de salir publicado. Sus ilustraciones no necesitan palabras. «Migrantes» es un libro que, si tienes un poco de sensibilidad y mente abierta, te remueve por dentro sin necesidad de frases que expliquen lo que estás viendo. También considero que es un libro para personas adultas y que, si lo ven menores, tiene que ser acompañadas/os de un persona «mayor» para entablar un diálogo.

Lo bueno de crear lazos con la bibliotecaria, es que te recomienda libros aunque tú no lo pidas. Te conoce, literariamente hablando, y sabe qué necesitas en cada momento.

Esto sucedió con los otros dos libros que acompañan a «Migrantes».

«Caja de cartón» habla de esa migración que determinadas personas no quieren. Trata la historia de una madre y de su hija, del trayecto que realizan en un barco/patera que se hunde, de cómo llegan a las costas, del apoyo y la red que crean con otras/os migrantes y de cómo la ignorancia hace que se repudie a lo diferente.

«Un largo viaje» nos hace un símil con las migraciones de las aves. Mientras ellas huyen del frío hacia el Sur del Planeta, un grupo de personas huyen del calor del Sur y buscan el «frío» del Norte. Pero el viaje es totalmente distinto.

Estos libros son para leer en compañía, para dialogar, para cuestionar, para reflexionar. Para entender primero la parte adulta y que después pueda responder a las preguntas que las/os peques les puedan hacer.

Migración. Es eso que lleva sucediendo desde hace millones de años. No lo olvidemos.

Acoso

ACOSO
Dícese de aquella persona que hostiga, persigue o molesta a otra.

Podemos hacer la siguiente distinción:
  1. Acoso sexual.
  2. Acoso laboral.
  3. Acoso callejero.
  4. Acoso sexual por razón de sexo.
  5. Acoso sexual académico.
  6. Acoso sexual laboral.
  7. Acoso escolar.


En todos ellos prima la posición de superioridad de quien acosa sobre la persona acosada. Es decir, quien acosa se vale de su poder para amenazar, amedrentar, hostigar, perseguir, molestar a la otra persona; a quien considera inferior.


Nuestro Código Penal, desde el año 2015, recoge el delito de stalking, o acoso, dentro de los delitos contra la libertad. En concreto, el art. 172 ter establece que será penado quien acose a una persona llevando a cabo, de forma insistente y reiterada, y sin estar legítimamente autorizado, alguna de las conductas que describo a continuación, y que alteran gravemente el desarrollo de la vida cotidiana de quien es acosada:
  • Vigilancia, persecución o búsqueda de cercanía física.
  • Establecimiento, o intento de hacerlo, de contacto con ella a través de cualquier medio de comunicación, o por medio de terceras personas.
  • Haciendo uso indebido de los datos personales, adquisición de productos o mercancías, o contratación de servicios o consigue que terceras personas se pongan en contacto con ella.
  • Atentado contra su libertad o patrimonio, o contra la libertad o patrimonio de una persona próxima a ella.
Hay muchas personas que se valen de su rango académico, laboral o personal para intentar amedrentar, coartar a otra persona que consideran que debe hacer lo que la persona acosadora diga o quiera. También se valen de las amenazas o coacciones para evitar, en algunos casos, que determinadas actividades, que no son del todo legales, correctas o éticamente válidas, salgan a la luz o sean denunciadas.

Son numerosos los casos de acoso, de cualquier tipo, que no salen a la luz por distintos motivos: vergüenza, miedo, culpa, pánico a que las amenazas se conviertan en realidad… Y de esto se valen las personas «poderosas». No sólo es lo que digan (lenguaje verbal), sino lo que no dicen (lenguaje gestual), el ambiente en el cual se produce el acoso, las amenazas, las coacciones. También quien acosa es conocedor, quizás, de la inocencia, de la ignorancia de las vías que posee para denunciar (no tiene por qué ser en una comisaría o cuartelillo),  de la juventud que la hice inexperta… Y de todo eso se vale para crear ese ambiente de terror que le lleva a obtener lo que quiere y a que reine el silencio.

En diferentes ámbitos se produce: jefes que se consideran los reyes e intocables y que consiguen que las personas trabajadoras hagan lo que no tienen estipulado en el contrato por temor a perder su trabajo; profesorado que amedrenta al alumnado; personas que se creen con tanto poder como para amenazar a jóvenes con quitarles aquello que más ilusión le hace si no dejan de hacer ruido para dar a conocer las injusticias y los atropellos que se están cometiendo en una entidad que se vanagloria de siglos de excelencia y que lo que hace es barrer la mierda y esconderla debajo de la alfombra.

ACOSO

Rojo y morado

No soy yo de hablar mucho de política. Pero lo cierto es que en los últimos, más o menos, 3 años he hablado de este tema por todos los años anteriores que no lo he hecho. Tengo que reconocer que entender, lo que se dice entender, no entiendo; pero sé cuáles son mis ideas, mis principios, mis valores…
Una profesora me dijo que cuando la gente dice que es «apolítica» está cometiendo un error, pues al vivir en una sociedad, todo el mundo está inmerso en la política.

Bueno, pues lo dicho. No entiendo mucho de política, pero asumiendo mis limitaciones y mis pocas (o ningunas) ganas de entrar en política, hablo sobre lo que me gusta y disgusta que hace, dice o expresa nuestra clase política. 


Hace unos días la estabilidad política se tambaleaba porque a «alguien» se le ocurrió interponer una moción de censura (art. 113 Constitución Española) ante los acontecimientos judiciales acaecidos que salpicaban, como un maremoto, al partido político que estaba en el Gobierno.

Cuando esta moción de censura salió adelante, toda España (o casi toda, no nos vengamos arriba) estaba expectante por saber quién formaría parte del nuevo Gobierno. Había esperanza en que fuese renovador y diese un poco de esperanza a la sociedad que se removía: pensionistas reclamando un aumento digno de sus pensiones, mujeres reclamando su lugar en la sociedad y gritando contra todas «las manadas» que hay en sociedad, estudiantes reclamando una educación pública mejor, etc.

Miles de quinielas se hacían en los medios de comunicación. Al final tenemos 11 ministras y 6 ministros, liderados por, según la prensa internacional, Mr. «Handsome».

Todos los medios se hicieron eco de este hecho histórico: la primera vez en la democracia española que había más mujeres que hombres en el Gobierno. La paridad había pasado de largo y el director de esta orquesta había apostado por ellas, dicen, haciendo caso a las consignas y peticiones del #8M. Hablan de Gobierno feminista. Pero como dice Irantzu Varela, en realidad es un Gobierno donde muchas de sus componentes son feministas; es un Gobierno donde priman las mujeres, esperemos que elegidas por sus altas capacidades y su desarrollo profesional, más que por su «planta» o su guardarropa o estilo. 

El machismo sigue imperando cuando se habla de las «mujeres» de nuestro señor Presidente, dejando de lado el estilismo o el estilo de los hombres que componen el Gobierno.

No estamos en una sociedad igualitaria, aunque nos lo quieran vender así algunos «señoros».

Pero hay esperanza. Espero que en estos casi dos años de Gobierno que les esperan, les dejen y puedan hacer cosas para alcanzarla. Para ello se llevan a la profesora de Sociología de la Universidad de Salamanca: Soledad Murillo. Ella estará al frente de la Secretaria de Estado de Igualdad. Nadie mejor para conseguir todo aquello que había quedado paralizado, no sabemos aún el motivo. Estoy segura que ha aceptado el reto y que trabajará como sólo ella sabe hacerlo: con tesón, responsabilidad, compromiso y constancia. Su generosidad y conocimientos en la materia la llevarán a luchar por acercarnos un poquito más a esa igualdad entre hombres y mujeres tan ansiada. Porque, como ha dicho en una entrevista, consiste en sumar a lo que se ha hecho, no restar ni anular lo conseguido. Madrid gana mucho con su presencia. Salamanca se queda un poco huérfana.

Los lobos con piel de cordero

El jueves pasado se acabó la espera. 

Rabia y consternación se mezclaron en mí. 

Salía del despacho de un abogado cuando un amigo me dio la noticia: 9 años y 50.000€ de indemnización. Llegué a casa y traté de ver la TV, pero no pude detenerme mucho.

Movilizaciones por la tarde en todas las ciudades de España. Me tuve que quedar en casa, pero lo seguí a través de las redes sociales. 

Tremendo.



Quería haber leído todas las palabras que justificaban la decisión tomada antes de escribir este post, pero, de momento, me ha sido imposible. No sé si tendré estómago para hacerlo. Siempre me ha resultado difícil leer los fallos judiciales aunque soy «jurista», pero éste, dedicándome a lo que me dedico, me costará mucho más.

Leía en las redes sociales muchos comentarios, tanto de personas expertas en Derecho como periodistas. 

Algo leí en Facebook que no hacía más que repetirse en mi cabeza como un mantra: «¿Y ahora cómo le digo a una víctima que denuncie?». Tengo que reconocer que yo no he sido una defensora acérrima de la denuncia, pues pienso que primero hay que hacer un trabajo previo con la víctima, ya que este tipo de delitos afecta muchísimo psicológica y anímicamente; pero reconozco que si se comete un delito debe ser perseguido, juzgado y sentenciado. No debe quedar impune.

Pero, además, pensaba (y recordaba una situación): ¿Y con qué cara rebato yo ahora al joven (de 15 años) que hace unas semanas me justificaba el mantener relaciones sexuales con una chica borracha? ¿Qué argumento me queda? ¿Qué digo yo cuando me pregunten sobre esto en la jornada formativa para profesionales que tengo al día siguiente?

Mientras regresaba a casa, recordaba una conversación con mi abuelo cuando comenzaba a estudiar Derecho. Yo era muy idealista, comprometida y demasiado utópica. Escribí esto en Facebook:

A pesar de que quería, no he podido estar en la concentración de esta tarde. Estaba en mente y alma y corazón. Estaba pendiente de las redes sociales; viendo las movilizaciones en otras ciudades mientras jugaba con mi sobrina. Luego, ya sola, en el coche, camino a casa después de un día largo y cansado, he sentido unas inmensas ganas de llorar. He recordado una conversación con mi abuelo José Antonio cuando iniciaba mis estudios de Derecho. Más o menos me venía a decir que cuando llegase a jueza (no he llegado) me volvería como el resto y no impartiría justicia. Yo defendía la justicia y la judicatura, ingenua e ilusa de mí. Ahora mi abuelo debe estar sonriendo y pensando: te lo dije. Me da rabia todo esto. No sé si seré capaz de leer los 371 folios de la sentencia. Sé que mañana me preguntarán por ello y realmente no sabré qué decir. No tengo argumentos. De lo que estoy segura es que algo hay que cambiar y que ya no nos para nadie. 

He leído comentarios en twitter de abogados, magistradas, profesoras de Derecho que no comparten la sentencia leída el 26 de abril de 2018; dando argumentos y poniendo extractos de la misma donde ven las contradicciones existentes.

Esta mañana me he sorprendido cuando he leído el comentario en Facebook de un conocido que es abogado y que me da la sensación de que está «dolido» porque hay personas que se dedican a criticar la labor judicial en este caso en concreto, y ha decidido dedicarse a la medicina para «operar a corazón abierto».

Hay que respetar los dictados judiciales. No hay que olvidar que no dejan de ser personas interpretando las leyes creadas por personas. Pero también hay que respetar que el resto de personas expresen su disconformidad con el fallo y que lo manifiesten. 

Pero es cierto que esta sentencia, como dice el comunicado de AMJE (Asociación de Mujeres Juezas de España), demuestra la pervivencia de ciertos perjuicios y estereotipos ligados al género. El resto del comunicado se puede leer en el siguiente link:
Victoria Rosell, magistrada, escribía el mismo jueves, entre otros comentarios, lo siguiente:
Para finalizar, me «apropio» del texto que escribió ayer Roy Galán en su cuenta de Facebook: 

A todos los tíos que os duele la sentencia de la manada.
A los que os horrorizan los hechos probados sucedidos en ese portal.
A los que decís que pensáis en vuestras hermanas e hijas.
A los que no defendéis a vuestro gremio solo por ser de vuestro gremio.
A los que la creéis a ella.
A los que os parece indignante la palabra jolgorio.
A los que sabéis que el porno es mentira, una ficción.
Parad esta mierda.
Porque no se trata de que le puede pasar a alguien que vosotros queréis ya que la defensa de la integridad de las mujeres no ha de ser mayor porque les una un vínculo afectivo o familiar a un hombre.
Se trata de que en este país cada ocho horas se presenta una denuncia por agresión sexual y que solo el 20% de las mujeres agredidas se atreven a denunciar.
Se trata de un millón de mujeres al año.
Se trata de todas.
Y antes de separaros mentalmente de esos cinco tíos.
De decir que son unos locos o unos salvajes.
Pensad que estos tíos no vivían en Narnia.
Vivían aquí con nosotros y nosotras.
Y que están muy cuerdos.
Antes de poner distancia con la manada.
Pensad si no habéis escuchado comentarios vejatorios hacia las mujeres cuando estabais en el vestuario del gimnasio.
O en un chat de WhatsApp.
Pensad si no habéis escuchado a vuestros amigos hablar de las tías como guarras.
Si no han dicho nunca eso de follarse a la gorda porque está necesitada.
De que esa se deja, es fácil, porque nadie la quiere.
¿Cuántos de vosotros habéis violentado la intimidad de mujeres solo para que no se os considerara menos machotes en el grupo?
¿Cuántos os habéis quedado callados no fuera que se pusiera en tela de juicio vuestra masculinidad?
¿Cuántos habéis permitido eso para salvaros vosotros el culo?
A todos los tíos que omitís el deber de socorro.
Pensad qué tipo de tío queréis ser.
Si tenéis lo que de verdad hay que tener.
Sed valientes.
Escuchad atentamente a las mujeres que os rodean.
Sus anhelos y miedos.
Entended qué supone ser mujer.
Sea lo que sea eso.
Ejercitad la empatía que no es el nombre de una matemática romana.
Leed cómo se sienten realmente.
Cómo sufren día a día la violencia machista en sus múltiples variantes.
Y nombraros feministas o aliados o lo que sea de una vez por todas y boicotead el machismo desde dentro.
Porque el feminismo es lo único que lucha contra el machismo.
Y el machismo, mata.
Cercena.
Porque el feminismo desactiva a la manada.
Es lo que hace que cambien las leyes injustas.
Es lo que hace que se dicten sentencias más justas.
Es lo que da libertad a las mujeres.
En las calles, en las fiestas, en las noches y en sus cuerpos.
Es un lugar imbricado a la idea de la humanidad.
Un sitio desde el que que iniciar cualquier revolución.
Porque dará igual cualquier avance científico.
Cualquier planeta descubierto o territorio conquistado.
Cualquier medalla o partido ganado.
Si no dejamos de ser unos completos desgraciados.
Que dejan que todo.
Siga igual.

Lo que queda por hacer

Hace días que no escribo, lo sé. Pero eso no significa que no haya pensado en un tema o que no haya sentido la necesidad de sentarme delante del PC y hacerlo. Lo que pasa es que no quiero escribir «a lo loco», deprisa. Quiero hacerlo de forma pausada y meditada.

De antemano digo que voy a estar unos meses apartada de la blogosfera, concentrada en escribir y rematar esa #malditatesis que me tiene sorbido el coco y la energía. Durante el tiempo que esté «apartada», me dedicará (o al menos lo intentaré) a recordar post escritos al comienzo de esta andadura por la escritura en la red.

A pesar de que la tesis es mi trabajo actual, sigo impartiendo talleres en centros educativos con Adavas Salamanca. Es un trabajo, no remunerado, que me llena mucho y que hace que en cada sesión aprenda un poquito más de la población infantil y juvenil. Este año el reto era hablar de igualdad y violencia en todas las etapas de primaria en un colegio. Reto bastante complicado, pero creo que no está saliendo mal, la verdad.

La educación, la docencia es otro campo que he aprendido a querer y que me gusta, lo he descubierto en estos años de colaboración con Adavas. De hecho, a parte de pensar, muchísima gente, que soy psicóloga, alguien me dijo que pensaba que mi tesis versaba sobre la violencia de género y los/as adolescentes. No es así. Pero dadme tiempo y algún artículo escribiré sobre ello más adelante 🙂

Conjugar educación y violencia de género es difícil, a pesar de que, como hemos leído hace unos días, ciertos políticos (más bien políticas) hablen de la importancia de educar para erradicar el machismo que reina en la sociedad. Pero para educar, fuera de la familia, se necesitan personas cualificadas, sensibilizadas y formadas para impartir esa educación. Pero también se necesita tiempo para hacerlo y, perdonadme, un presupuesto; pues, como comentaron en Twitter, el trabajo no se paga con abrazos.

Hace unas semanas me llegó la información de que desde el Consejo General del Poder Judicial se impartía una jornada formativa, organizada por la asociación de mujeres juristas españolas, sobre el abordaje de la violencia de género desde la educación. Me pareció interesante el título de la jornada, pero la verdad es que era un poco escéptica, pues de las 5 ponencias que anunciaban, 3 eran impartidas por personas pertenecientes al ámbito judicial. Pero como uno de mis lemas es que el saber no ocupa lugar, hice triquiñuelas para encajar mi agenda y poder estar en Madrid para esta jornada. 
De ella salí reforzada en mi empeño de aportar mi granito de arena en la lucha por lograr la igualdad de hombres y mujeres y de erradicar la violencia de género. ¿Cómo? Pues a través de los talleres y charlas en los centros educativos. 
Lo cierto es que no me dieron estrategias nuevas, no me hablaron de vías o herramientas eficaces, pero la palabra que se repetía en cada intervención era la de educación
Miguel Lorente Acosta participaba en esta jornada. Su exposición me pareció estupenda, como siempre. Pero quien me cautivó fue un hombre de 80 años, abogado y periodista, que tiene una vitalidad que ya quisiera yo para mí y que sigue apostando, luchando y explicando que la igualdad es posible y que hay que trabajar con la población juvenil. José Antonio Burriel es el creador de http://nomasvg.com/tag/adolescentes-sin-violencia-de-genero/, teniendo también perfil en facebook. 
Hace pocas semanas presentaron la aplicación Ygualex, que es una aplicación pensada para la población adolescente, pero no sólo para ella, donde puedas encontrar información sobre la violencia de género, pero también puedes compartir tus inquietudes, dudas y mensajes.

Ya os digo que no fue una jornada, para mí, donde me descubrieran el mundo, pero sí resulto interesante simplemente por escuchar a este hombre.
También me sirvió para conocer la otra cara de la moneda. Me explico. Se «colaron» 3 ó 4 hombres que pretendían tirar por tierra todo lo que allí se estaba hablando aportando datos falsos, manipulados y vendiendo que «los hombres son unos pobres» y que el feminismo no es esto de lo que se hablaba. Mis compañeras y compañeros los llamaron «trolls»: seres que quieren boicotear y hacer pasar un mal rato a aquellas personas que, con respeto, tolerancia y educación, estábamos allí para intercambiar impresiones y aprender de las experiencias de otras personas.
Una jueza les dijo que si estuvieran en su sala, ya les habría mandado salir sin demora.

A pesar de todo este alboroto, salí contenta y satisfecha. Salí reafirmada en que la labor que hago es necesaria e importante y que no voy a bajar la guardia, ni voy a dejar de pelear por culpa de 4 personas que quieran seguir viviendo en su estado de bienestar egoísta.

Voy a seguir trabajando para que, poco a poco, los roles se vayan cambiando y no tenga que ver anuncios como éste:


Voy a seguir adelante, pues pienso que una nueva sociedad es posible. En algún instituto me han llegado a decir que para qué sirve esto si luego en casa tienen otro discurso totalmente distinto. Pues sí sirve. Porque la población joven tendrá las herramientas adecuadas y los argumentos para decir en casa, o donde sea, que no está de acuerdo y podrán empezar a cambiarlo. Quizás en su casa no, pero sí en su entorno de amistades.

Yo lo veo a mi alrededor. Tengo que reconocer que, hace unos años, yo no era consciente ni del machismo ni de la violencia de la que éramos objeto las mujeres únicamente, por ser mujer. Pero ahora, veo como yo he cambiado y, a mi alrededor, «mis hombres» son conscientes de las desigualdades y del machismo que es tan perjudicial para el hombre como para la mujer.
Tengo amigos que me «saturan» el móvil con imágenes, noticias que hablan de las discriminaciones, los roles de género, me recomiendan libros, novelas gráficas… tengo conversaciones con personas que se empiezan a plantear todas estas cosas a pesar de su edad madura. Conozco a profesores que se involucran tanto en los talleres que imparto que les parece poco y piden más.
Algo está cambiando. Pero aún queda mucho por recorrer. Queda mucho sendero porque, en mi opinión, desde lo más alto de la sociedad (gobierno, partidos políticos, administraciones públicas) creo que no se lo toman tan en serio. Aún se siguen identificando a las mujeres con las tareas domésticas, con las tareas del cuidado. Aquellos que gritan que son tan feministas, ¡cuidado!

Tenemos que tener claros los conceptos. El machismo es perjudicial para hombres y mujeres. El machismo está asesinando a muchas mujeres, está dejando huérfanos y huérfanas, está impidiendo que las empresas tengan a mujeres válidas en puestos de responsabilidad, está haciendo que las personas elijan entre tener familia o trabajar, pues, en muchas ocasiones, ambas cosas son incompatibles, está haciendo que los hombres tengan que demostrar su hombría (¿qué es eso?) a cada momento dejando de lado sus sentimientos porque un hombre no los tiene…

Debemos ponernos las gafas de color violeta e identificar todas esas situaciones que nos hacen retroceder.

Yo sigo con mi lucha. Pero no tan sola como antes, lo sé. No me oirán desde los altos estamentos, pero yo trato de concienciar a la base, para que sean conscientes de que lo importante son las personas, dando igual el sexo que tengan y que no hay cosas de chicas ni cosas de chicos, sino que en el mundo viven personas con capacidades diferentes y complementarias. Sigo luchando, como feminista, para erradicar todos los casos de acoso, violencia y abuso de las que somos protagonistas, involuntariamente, las mujeres. 

Yo soy una hormiguita.